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Medio Ambiente retirará más de 40 barcos hundidos en el Mar Menor
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19.11.17 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Plano de los barcos hundidos en el Mar Menor.

La Consejería destinará 116.000 euros a sacar embarcaciones y otros elementos peligrosos abandonados de la laguna

Los propietarios de barcos matriculados serán localizados para que paguen los gastos del rescate

Los navegantes experimentados lo saben bien: en algunos puntos del Mar Menor hay que estar alerta para no chocar con alguno de los 122 armatostes varados, hundidos o semihundidos que afean y contaminan la laguna. 41 barcos y 81 elementos de fondeo que sus propietarios dejaron a su suerte o renunciaron a reflotar después de un temporal.

Seguramente no será en estos momentos el principal problema del humedal, aquejado de un grave proceso de eutrofización por vertidos de origen agrícola y otras agresiones históricas, pero la presencia de numerosas embarcaciones salpicando las aguas someras supone no solo un peligro para la navegación, sino también un residuo que agrede los valores naturales de un espacio protegido con varias figuras legales.

La Consejería de Turismo, Cultura y Medio Ambiente ha identificado más de cuarenta embarcaciones y el doble de elementos de fondeo distribuidos en diferentes zonas del Mar Menor, aunque sobre todo entre Cabo de Palos y Mar de Cristal, entre Los Nietos y Los Urrutias y el entorno de la isla del Barón. Chatarra contaminante y peligrosa que será extraída próximamente: la Comunidad Autónoma destinará casi 116.000 euros a estas actuaciones, que se adjudicarán mediante un contrato que saldrá a licitación pública en una semanas.

Más de diez toneladas

Se trata de un «operativo complejo», informa la Consejería a ‘La Verdad’, que en algunos casos necesitará de trabajos de desmontaje en el agua debido a las grandes dimensiones de los barcos, algunos de los cuales pesan más de diez toneladas. Solo ocho permiten la extracción desde la costa por estar encallados cerca de la orilla.

El objetivo es mejorar la conservación de los valores naturales del Mar Menor, evitar riesgos derivados de la presencia de esta basura náutica abandonada o a la deriva a bañistas, navegantes, pescadores y otros usuarios de la laguna, y devolver la dignidad paisajística a la laguna.

Con la extracción de las embarcaciones y otros objetos no terminará el proceso de ‘limpieza’; después se inicia otra etapa, también farragosa aunque en la parte administrativa, para que los propietarios de barcos que puedan ser identificados asuman los gastos.

Las embarcaciones matriculadas se llevarán a depósitos cedidos por los ayuntamientos ribereños y se activará el protocolo previsto en el artículo 368 (bienes salvados de propiedad desconocida) de la Ley de Navegación Marítima: se trasladará la información a la Armada y se abrirá expediente para localizar a sus dueños, a quienes se pasará la factura del rescate. En el caso de que no se encuentre a los propietarios en un plazo de seis meses, la Armada tasará los bienes. En este supuesto, los venderá en subasta pública si son valorados en más de 3.000 euros, o se los quedará si se tasan por debajo de ese precio.

Residuos peligrosos

Los barcos que no encuentren comprador serán retirados a vertederos autorizados. El mismo destino que espera a los elementos de fondeo abandonados, que serán considerados vertidos peligrosos o inertes, según la Ley de Residuos y Suelos Contaminados.  

La decisión de ‘limpiar’ el Mar Menor de chatarra comenzó a fraguarse en diciembre del año pasado, cuando las lluvias torrenciales que castigaron especialmente el Campo de Cartagena obligaron a Capitanía Marítima de Cartagena a retirar numerosas embarcaciones hundidas o dañadas por el temporal que se convirtieron en un peligro para el medio ambiente y la navegación. Fue entonces cuando se elaboró el mapa de barcos y elementos varados.

Después de estos trabajos de emergencia, la Armada retiró entre septiembre y octubre tres grandes naves de entre catorce y treinta metros de eslora. Dos de ellas se encontraban en muy mal estado, con gran cantidad de elementos cortantes, redes y cabos acumulados con el paso del tiempo, lo que supuso un riesgo añadido para los especialistas del Centro de Buceo de la Armada (CBA).  Ylas tres estaban semienterradas, lo que dificultó los trabajos.

(Publicado en 'La Verdad' el 19 de noviembre de 2017)

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