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La pezuña del millón (de años)
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05.10.17 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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El paleontólogo aguileño Pedro Piñero en el yacimiento de la Sierra de Quibas, ayer. Al fondo, parte del equipo científico. En la siguiente imagen, el fósil de pezuña de équido hallado el martes. FOTOS: MARTÍNEZ BUESO

El yacimiento de la Sierra de Quibas (Abanilla) desvela los secretos del ecosistema en el que vivieron los primeros humanos en Europa Occidental

Pedro Piñero, codirector de las excavaciones: «La paleontología es magia, como una máquina del tiempo hacia el pasado»

Una bolsita de plástico transparente custodia el tesoro del día: la pezuña de un ‘Equus altidens’, algo así como el tatarabuelo de nuestros caballos. Un lejano antecesor de los équidos conocidos como cebros, o encebras, que trotó en las montañas de Abanilla hace más de un millón de años. El fósil fue hallado el martes en el yacimiento de la Sierra de Quibas, tan antiguo como Atapuerca y Orce, donde un equipo de expertos reconstruye desde hace un par de años el ecosistema en el que vivieron los primeros humanos en Europa Occidental.

También esperan encontrar restos de homínidos, lo que sería algo así como el Euromillón en términos científicos. Pero no tienen prisa. Aguarda por delante al menos una década de excavaciones –y más si continúan al ritmo de dos semanas al año, así de justo va el presupuesto–, hasta vaciar de sedimentos la sima y la cueva kárstica adosadas a una antigua cantera de falsa ágata. El depósito de fósiles más antiguo de la Región, una auténtica mina para la investigación encontrada por unos excursionistas en 1994.

«Aparecerán tarde o temprano, pero el yacimiento de Quibas ya es muy relevante a nivel europeo, es un enclave único porque no hay muchos de esta época –transición del Pleistoceno inferior al Pleistoceno medio– con tantos restos de fauna, unas setenta especies», detalla el paleontólogo aguileño Pedro Piñero García, 29 años, investigador del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y codirector de las excavaciones junto a Jordi Agustí (IPHES) y Antonio Rosas (Museo Nacional de Ciencias Naturales, CSIC). El equipo científico, que integran diez personas en varios turnos, reabrió el yacimiento el lunes pasado y permanecerá en Quibas hasta el día 13 de este mes.

Las dos primeras campañas, así como unas prospecciones anteriores que dirigió el profesor de la Universidad de Murcia Miguel Ángel Mancheño, revelan la presencia de una gran biodiversidad en esta zona montañosa de Cañada de la Leña, lindera entre Murcia y Alicante: linces, dientes de sable, bueyes almizcleros, macacos, ancestros de los zorros y quebrantahuesos convivían en un ambiente algo más frío y lluvioso que el actual, cobijados en bosques de árboles caducifolios. 

La muela de un lirón

Muchas de estas claves las está desvelando la microfauna, pequeños vertebrados como ratones, lirones, musarañas, erizos de tierra, víboras y otros reptiles, la especialidad de Piñero, quien se vale de un destornillador, un cepillo y un cedazo para identificar el minúsculo molar de roedor que puede alegrarle la jornada. De momento están en condiciones de anunciar la presencia de una nueva especie de arvicolino –la familia de los topillos y las ratas de agua–, que describirán cuando dispongan de más piezas. Pero mientras tanto se suceden los hallazgos sorprendentes: la sesión de trabajo del miércoles terminó con un hueso de rinoceronte como botín. El primer fósil de esta especie en Quibas.

«La paleontología es magia, como una máquina del tiempo hacia el pasado», afirma el científico aguileño, que hace dos semanas estuvo excavando fósiles de hadrosaurios –setenta millones de años les contemplan– en Lérida. 

Pues sí, Pedro Piñero se considera algo así como un ‘hijo científico’ de ‘Parque jurásico’: «Parecerá una ‘frikada’, pero conozco otros investigadores que también han decidido su profesión gracias a esa película». Pero antes que Steven Spielberg estuvo su padre: «Me sacaba al campo de Águilas y de Cuevas del Almanzora (Almería) a ver fósiles, él es muy aficionado, le hubiera gustado trabajar en esto y está orgullosísimo de mí. Por eso le dediqué mi tesis, que leí en julio –‘Paleocomunidades de múridos del Neogeno superior y Pleistoceno inferior del Sureste de la Península Ibérica’–».

«Me apasiona saber qué ocurrió hace un millón de años, cómo eran los ecosistemas y por qué han cambiado el paisaje y el clima. Me siento un privilegiado cuando descubro un resto importante y me doy cuenta de que soy la primera persona en contemplarlo después de tantísimo tiempo. Y los yacimientos son una ventana hacia esas épocas pasadas», explica mientras conduce el viejo monovolumen propiedad de su familia –así está la ciencia– por el camino de cabras que conduce al yacimiento.

Pedro Piñero desvela entusiasmado las posibilidades de este filón prehistórico tan valorado en el ámbito científico como desconocido para el gran público, lo que les ha impulsado a organizar unas jornadas divulgativas que se celebrarán en Murcia mañana y el sábado –ver ficha–. Una buena oportunidad para descubrir los secretos del mundo perdido que esconden las montañas de Abanilla.

(Publicado en 'La Verdad' el 5 de octubre de 2017)

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Sciencist, octubre 05, 2017
Gran reportaje, da gusto leer temas de ciencia bien hechos. Bravo por estos científicos y en especial por el aguileño Pedro Piñero, que apunta bien alto.

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