Portada Noticias «La vida del jubilado es fantástica»
«La vida del jubilado es fantástica»
( 3 Votos )
03.03.17 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
enviar a meneame
artsexylightbox

El alpinista Carlos Soria, durante su expedición al Kanchenjunga (Nepal) en 2014. FOTO: FUNDACIÓN BBVA

A punto de partir al Himalaya para completar la ascensión de los catorce ochomiles a sus 78 años, el veterano montañero imparte en Alguazas una lección deportiva y de vida


Hace frío pero el sol brilla en Moralzarzal, el pueblo madrileño de la Sierra de Guadarrama donde vive feliz y activo Carlos Soria Fontán (Ávila, 1939), quien a sus casi ochenta años se ha propuesto convertirse en el montañero con más edad en ascender a las catorce cumbres más altas del planeta. Le quedan solo dos, el Dhaulagiri y el Shisha Pangma, objetivos que piensa cumplir este mismo año. Pero el veterano alpinista no puede entrenar esta mañana sus tres o cuatro horas acostumbradas [la entrevista, telefónica, se hizo el martes] porque el fin de semana pasado se lesionó el isquio de la pierna izquierda. Y no precisamente por un traspiés o un resbalón en la bañera, sino por un mal gesto durante la carrera de esquí de travesía Altitoy, una durísima prueba que se celebra desde hace diez años en el Pirineo francés (Luz Ardiden). Un contratiempo que ni le impedirá viajar el día 18 al Himalaya ni estar esta noche en Alguazas, invitado por el club senderista ‘Despacico, que no llego’, en cuya IX Semana del Senderismo y la Montaña relatará su historia increíble.

–Acaba de cumplir 78 años, ¿cómo se encuentra?


–Muy bien, ahora con una pequeña lesión en la pierna izquierda pero he quedado con el fisio y ya me estoy mejorando. Por lo demás, no he tenido más remedio que cumplirlos (risas).

–¿Por qué este reto de los catorce ochomiles a su edad?


–Las montañas siempre son peligrosas, soy consciente, pero no solo a esta edad sino siempre. Llevo sesenta años subiéndolas y nunca han tenido que rescatarme, ni he sufrido una rotura, ni una congelación. Cuando se habla de la alta montaña solo suele comentarse lo negativo, los accidentes y los muertos, historias de gente a la que quizá le gusta darse demasiada importancia y hacerse el héroe.

–Usted no se considera un héroe...

–En absoluto. Solo soy un gran afortunado por seguir haciendo estas cosas. Y aunque soy consciente de la edad que voy teniendo, me hace mucha ilusión seguir en las montañas y contarlo, sobre todo por lo bien que me reciben y me tratan los jóvenes. Eso me hace muy feliz.

–¿Quiere demostrar algo?


–No, simplemente tengo una manera de vivir que no se puede dejar.

–¿Qué le dice su familia?

–Mi familia está encantada conmigo. A la carrera de los Pirineos me acompañaron mi dos hijas mayores [tiene cuatro hijas, de 50, 49, 48 y 46 años], que también participaron, aunque por su cuenta. Mi mujer también ha venido conmigo a muchas expediciones, aunque ya no. Si no hubiéramos tenido esa armonía ahora estaría separado o solo.

–«La montaña es un paraíso que en dos horas puede transformarse en un infierno», ha dicho. En 2001 perdió a su amigo Pepe Garcés en un intento frustrado al Shisha Pangma, el Annapurna le dio un buen susto en 2012 y en 2015 tampoco pudo subirlo. También ha sabido renunciar a hacer cumbres.

–Muchas veces. Yo siempre digo que la cumbre está allí abajo, cuando regresas de la escalada. No merece la pena hacer cumbre ni siquiera a cambio de la uña de un dedo. Porque para mí hacer cumbre es todo lo que te acompaña, no solo llegar a la cima:  la preparación, los compañeros, el encuentro con la naturaleza...

–Usted es un caso prodigioso en una época en la que todo caduca rápidamente y se desprecia la experiencia.

–Puede ser. Me parece muy mal que se retire a los profesionales cuando están en su mejor momento. Lo estamos viendo con las jubilaciones forzadas de profesores o científicos, que deberían estar más valorados.

–¿Qué ha aprendido de la montaña en todos estos años?

–A no tener prisa, que hay mucho tiempo para hacer cosas. Hay etapas en que la vida nos aprieta, pero no hay que desanimarse porque si uno tiene ilusión encontrará el momento adecuado. Aunque seas mayor, ¡y qué!

–Usted es un ejemplo.

–Fíjese, yo he tenido una vida muy dura. Nací en guerra y crecí en la posguerra. He trabajado mucho desde los 11 a los 65 años, primero de encuadernador y después de tapicero. Aprendí a respetar a los demás y a la naturaleza, a hacer bien mi trabajo y a no preocuparme por las cosas pequeñas. También a apreciar el valor de lo que tienes, y a compartirlo.

–El trabajo bien hecho; es algo en lo que usted insiste.

–Sí, igual en la vida que en la montaña. Las cosas hay que hacerlas bien, aunque no siempre sea fácil.

–Algún consejo para estos tiempos revueltos, por favor.

–Hay que adaptarse siempre, como las plantas. Por muchos años que tengas, la vida moderna siempre tiene más aspectos positivos que negativos. Muchas cosas han cambiado para bien, no seamos catastrofistas. Apartarse y quedarse al margen es un error. Siempre mando ese mensaje: no dejes de hacer cosas por la edad. La vida del jubilado es fantástica, un momento estupendo de la vida porque tienes todo el tiempo del mundo. Pero tienes que llegar bien a esa edad, hay que cuidarse, saber alimentarse y no hacer tonterías.

–¿Hablamos de política?

–Creo que no merece la pena (risas). Pero sí quiero decir algo: aunque quizá no hayamos estado bien dirigidos, no debemos despreciarnos, los españoles valemos mucho. Y lo estamos demostrando por ejemplo en el deporte y la investigación, campos en los que hemos partido con muchísimo retraso con respecto a otros países y nos hemos puesto a la altura de los mejores. No somos peores que los demás.

–¿Qué es importante?

–Que los demás tengan un buen recuerdo de ti. Que quienes han estado contigo en algún momento te recuerden con alegría.

(Publicado en 'La Verdad' el 3 de marzo de 2017)


Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
corto | largo

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy