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Por qué algunas plantas resisten el cambio climático
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01.07.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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César Terrer, fotografiado esta semana en Viena. FOTO: LV

Un ambientólogo murciano resuelve una gran incógnita sobre el calentamiento global, investigación que publica hoy la revista ‘Science’

César Terrer descubre que un hongo favorece el crecimiento vegetal incluso con grandes concentraciones de CO2

El secreto estaba en un tipo de hongo –las ectomicorrizas–, una incógnita microscópica y profunda que acaba de ser desvelada por un ambientólogo murciano y que ayudará a afinar las predicciones sobre la incidencia del cambio climático a escala planetaria. La pregunta era: ¿podrán las plantas continuar absorbiendo en el futuro CO2 al ritmo actual, o se saturará su capacidad de amortiguar los efectos del calentamiento global? La literatura científica ha llegado a conclusiones contradictorias sobre la resiliencia de la cubierta vegetal ante el aumento de los gases de efecto invernadero, pero el investigador César Terrer Moreno ha aportado algo de luz con un trabajo que hoy publica la prestigiosa revista ‘Science’, la Biblia de la divulgación científica.

Y la respuesta es que sí, aunque con matices, concluye este licenciado por la Universidad de Murcia que actualmente realiza los cursos de doctorado en el Imperial College de Londres. Hasta ahora se creía que la capacidad de absorción de CO2 por parte de las plantas estaba limitada por la presencia de nitrógeno en el sustrato. Sin embargo, César Terrer –junto al equipo investigador que firma el artículo con él– ha descubierto que determinado tipo de hongo es capaz de aportar nitrógeno a las plantas, lo que favorece su crecimiento incluso en condiciones de elevadas concentraciones de CO2.

Los pinos, por ejemplo, ofrecerán una buena respuesta al cambio climático porque sus raíces se asocian habitualmente con ectomicorrizas, lo que no sucede con las plantas típicas de praderas, que interactúan con micorrizas arbusculares;un tipo de hongo que no realiza el aporte de nitrógeno necesario para favorecer el crecimiento del vegetal en el que se hospeda porque carece de las enzimas específicas. 

«Nuestro hallazgo señala que las plantas que se asocian con ectomicorrizas y son expuestas a concentraciones de CO2 de 650 ppm crecen un 30% más que las expuestas a la concentración actual de 400 ppm. En definitiva, nuestras conclusiones consiguen dar respuestas a la variedad de observaciones registradas por los experimentos de CO2, desde plantas que no mostraban efecto alguno como respuesta al aumento del CO2, a las que mostraban una respuesta positiva», explica César Terrer a ‘La Verdad’. «La clave está en el tipo de micorriza que se asocia con la planta. Esto supone que la inclusión del efecto de las micorrizas en los modelos de cambio climático con los que trabajamos mejorará enormemente la sensibilidad de las predicciones de calentamiento global», añade. «Por suerte, no hace falta excavar el suelo para saber qué tipo de micorriza tiene una planta determinada, ya que sabemos de antemano cuál es la dominante en cada ecosistema».

Fumigar un bosque

César Terrer llegó a este descubrimiento tras recibir un encargo ‘envenenado’ de su supervisor en Imperial College, el profesor Colin Prentice: averiguar por qué algunos ecosistemas parecían crecer más rápido que otros frente al aumento de las emisiones de CO2. Sin más pistas que estas evidencias, se dedicó durante un año a analizar todos los experimentos publicados sobre este campo hasta aislar una hipótesis: el papel de las micorrizas.

A este investigador murciano le resultó muy útil la experiencia acumulada en Sydney (Australia), donde continuó sus estudios, tras licenciarse en Ciencias Ambientales, participando en un «experimento descomunal» dotado con 50 millones de dólares que consistió en fumigar un bosque autóctono con cantidades elevadas de CO2 «para simular los efectos de las condiciones atmosféricas esperadas en el futuro».

Detallar cuántas toneladas de CO2 serán capaces de absorber las plantas en las próximas décadas es el objetivo actual de este joven investigador, que pasa el verano en Viena ampliando su formación científica. «Personalmente, creo que es fascinante que organismos microscópicos puedan jugar un papel tan esencial en algo tan importante, global y de proporciones planetarias como es la capacidad de los ecosistemas terrestres para absorber CO2», resume.

Algo más que un detalle, puesto que los ecosistemas vegetales absorben cada año una cuarta parte de todas las emisiones de CO2. Un sumidero de carbono cada vez más necesario y que presta sus servicios de forma gratuita.

(Publicado en 'La Verdad' el 1 de julio de 2016)

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