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El visionario ‘bio’
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29.05.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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ILUSTRACIÓN: ALEX

David Samper Martínez renueva su cargo como presidente de Intereco, la entidad que agrupa los consejos reguladores de agricultura ecológica de toda España

Apostó por cultivar 100% natural hace treinta años en San Pedro del Pinatar, cuando aún no existían las certificaciones

«Lo ‘eco’ no es tan caro: la cesta de la compra solo sube entre 50 y 70 euros al mes», asegura

Acontecimientos de 1986 que no olvidamos: el desastre nuclear de Chernobil, la explosión del transbordador espacial ‘Challenger’ y el gol del siglo –cuando Maradona regateó a media selección inglesa desde su propio campo en el Mundial de México–. Sin embargo, hay pequeñas historias que también sucedieron hace treinta años y que merecen ser recordadas. Como la de un chaval que convenció a sus padres y a sus hermanos mayores para transformar la pequeña finca familiar de San Pedro del Pinatar en una explotación sin químicos ni pesticidas. Ese visionario ‘bio’, que tiene ahora cincuenta años, es David Samper Martínez, gerente de Biocampo y uno de los líderes de la agricultura ecológica en España.

Presidente del Consejo de Agricultura Ecológica de la Región (CAERM), hace unos días renovó en Amorebieta (Vizcaya) como máximo dirigente de Intereco, la asociación nacional de autoridades de control de esta modalidad de producción ‘limpia’ que en Murcia crece a mayor velocidad que en el resto de España: el 17% de la superficie agraria útil regional –80.367 hectáreas– ya es ‘eco’, y Samper espera alcanzar pronto el simbólico 20%.

Después de tres años en el cargo y con otros tres por delante, el gran tirón de la agricultura sostenible en los últimos tiempos le ha reafirmado en una convicción: merece la pena ir contra corriente si el producto de tu trabajo es bueno. Y las lechugas, pimientos, calabacines, alcachofas, brócolis, apio, hinojo, cebollas y rábanos –entre otros productos que suman treinta referencias– que produce en sesenta hectáreas situadas entre San Javier y San Pedro del Pinatar se venden en los mejores supermercados de Alemania, Francia y Reino Unido. Asociada a la Sociedad Agrícola de Transformación Camposeven, su empresa tiene un volumen de negocio de entre seis y doce millones de euros anuales y entre cincuenta y cien trabajadores, en función de la campaña.

Unas cifras que confirman el acierto de la «cabezonería» en la que se empeñó hace treinta años, cuando ni siquiera existía una entidad que certificase los productos ecológicos, salvo los avales que proporcionaba desde Barcelona la asociación Vida Sana. El consejo regional se fundó más de una década después, en 1999, y en estos momentos agrupa a 2.800 agricultores y 300 empresas que elaboran o comercializan productos ‘bio’. «Me decían que estaba loco, que iba a arruinar a mi familia; nos costó mucho pero pudimos crecer y evolucionar», recuerda ahora.

Originario de Pilar de la Horadada (Alicante), padre de cuatro hijos y con dos hermanos mayores que también se dedican a la agricultura ecológica, en su nevera solo entran alimentos producidos de forma respetuosa con el medio ambiente. «Miro mucho lo que consumo, seguramente porque tengo demasiada información», admite. 

¿Es una moda la agricultura ecológica? «Para nada, ha venido para quedarse y el consumo está creciendo muchísimo en toda Europa», asegura este deportista madrugador que no perdona una mañana de bicicleta o ‘running’ entre las 7.00 y las 8.30. El reto sigue siendo el consumidor local, «que también está apostando cada vez más por los productos ecológicos». Entre otros motivos, porque ya se pueden encontrar en supermercados convencionales, un hito que ayuda a derribar el mito de que son caros. «No es así», afirma, «en casa hemos hecho comparativas y la cesta de la compra solo se encarece entre 50 y 70 euros al mes».

David Samper augura que la agricultura sostenible tiene que apostar por variedades autóctonas. «Hasta ahora nos hemos dedicado a cultivos rentables, pero en lo local hay un gran valor añadido». También es necesaria una «certificación pública fuerte tutelada por el Gobierno que marque las pautas y respalde a los productores», reclama.

Echa de menos un mayor reconocimiento político y social a un colectivo que ve como «una raza a extinguir. En esta profesión se sufre mucho, estamos siempre pendientes de la lluvia, el pedrisco o una helada, y después hay que luchar con la oferta y la demanda para rentabilizar lo que hemos cultivado con tanto esfuerzo».  Junto con los achaques tradicionales del sector –la meteorología y los precios cambiantes– y el específico de Murcia –la falta de agua–, los agricultores se duelen todavía de la burbuja inmobiliaria, de la que se consideran víctimas directas: «Nos dejó en una situación muy difícil porque tuvimos que comprar la tierra mucho más cara», se lamenta.

Ahora que el Mar Menor está casi muerto por los nitratos procedentes de la agricultura intensiva del Campo de Cartagena, quizá sea el momento de reparar en los beneficios de unos cultivos que no solo proporcionan productos de más calidad, sino que son respetuosos con el entorno. Hace ocho años ya se planteó la necesidad de que las explotaciones que rodean la laguna se reconvirtiesen en ecológicas para frenar los vertidos, pero esa idea propuesta por la Concejalía de Medio Ambiente de San Javier, lamentablemente, se guardó en un cajón.

(Publicado en 'La Verdad' el 29 de mayo de 2016)

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Hieraaetus, mayo 30, 2016
La gran pregunta sobre la agricultura ecológica patria es qué ocurrirá cuando los españoles se pongan a consumir en una proporción razonable, porque de momento buena parte de de la producción sale hacia el extranjero.

De las dos vertientes de este asunto (calidad del producto, y efectos sobre el medio ambiente y el ámbito rural), yo valoro más la segunda. Es decir, estoy dispuesto a pagar algo más por un tarro de miel de un pueblo perdido de La Alcarria, pongamos por ejemplo, si de esa manera sé que estoy contribuyendo a que la comarca no se despueble y los métodos tradicionales no se pierdan. Es caro, lo sé, pero hay quien se gasta los cuartos en ropa o calzado, y yo solo tengo cinco camisas y dos pares de zapatos.

Creo que con el tiempo, cuando las empresas que han invertido en el norte de África por el menor coste de la mano de obra se consoliden, y cuando el TTIP se apruebe "por decreto", la única forma de diferenciarse en el mercado será apostar por la calidad del producto. Los italianos hace años que entendieron esto; a nosotros nos está costando algo más, pero todo se andará si hay disposición.

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