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«La naturaleza no es un lujo»
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27.04.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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El biólogo y profesor del CSIC Miguel Delibes de Castro. FOTO: RAMÓN GÓMEZ

El biólogo Miguel Delibes de Castro, profesor de investigación del CSIC y presidente del Consejo de Participación de Doñana, expone mañana en Molina de Segura sus motivos, entre la razón y la emoción, para proteger el medio ambiente

Su mundo es el campo, pero se le va la vida en reuniones. Obligaciones de sus diferentes cargos: profesor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Sevilla, presidente de la Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos (SECEM) y del Consejo de Participación de Doñana. El biólogo y divulgador Miguel Delibes de Castro (Valladolid, 1947) compartirá mañana en Molina de Segura sus razones –emocionales y prácticas– para cuidar de la naturaleza, en una conferencia organizada por la Fundación de Estudios Médicos. Hijo del inolvidable autor de ‘El camino’, con quien escribió otro libro imprescindible –‘La tierra herida’–, Delibes de Castro sigue desplazándose cada día al trabajo en bicicleta y mantiene en forma su mirada de científico: curiosa, humilde e inconformista.

–Le advierto de que estamos necesitados de buenas noticias; ¿lo que nos va a contar mañana puede hundirnos un poco más?

–(Risas) Pues ahora mismo no sabría qué decirle. Solo trataré de explicar los numerosos motivos, muchos de ellos ni siquiera imaginados, por los que necesitamos a la naturaleza. Para respirar, comer, beber, vivir... Y el riesgo que corremos si no la conservamos. Es una charla con la que pretendo dar un estímulo hacia la protección del medio ambiente, y sobre todo para que dejemos de considerar que la naturaleza es un lujo.

–¿Es necesario dejar de pensar que somos el centro de todo?

–Claro, porque a la naturaleza no le pasaría nada si dejásemos de existir, seguiría su curso. La naturaleza no es débil, los débiles somos nosotros.

–Hablará también de la sexta extinción, algo que no suena demasiado bien.

–Si no somos capaces de frenar esta extinción masiva también nos pillará a nosotros, así que no veremos ninguna más. Los paleontólogos advierten de que están desapareciendo especies a una velocidad semejante a las grandes extinciones sucedidas a lo largo de la historia. [La crisis actual supone la desaparición de 1.000 especies al año por cada millón de ellas. A este ritmo, la mitad de los animales y plantas de la Tierra habrán desaparecido o estarán al borde de la extinción a final de siglo por la actividad humana, según Edward O. Wilson, profesor emérito de la Universidad de Harvard y padre del concepto de biodiversidad]

–¿Es una tragedia este declive de los seres vivos del planeta? Animales y plantas llevan extinguiéndose millones de años...

–Es un riesgo para el futuro, si es que queremos vivir en un planeta sano. De la biodiversidad dependen innumerables servicios que se nos prestan de manera gratuita: la regulación del clima, la producción de oxígeno, la polinización de los cultivos, el control de las plagas... Lo que pretendo transmitir es que si nuestra prioridad es mantener un planeta amable y hospitalario, tenemos que conservar la naturaleza. Es una cuestión de hacer un buen balance entre las prioridades de presente y futuro, como el que tiene un pequeño capital: si te lo gastas todo en el corto plazo seguramente lo vas a echar en falta más adelante.

–El viernes pasado se firmó en Nueva York el Acuerdo de París contra el cambio climático. ¿Tiene alguna esperanza en que los países poderosos tomen la decisión de frenar el calentamiento global?

–Es un avance positivo, responde a una preocupación seria y es especialmente bueno que se haya sumado Estados Unidos con Obama a la cabeza. Cuando vemos cómo se van diluyendo y aplazando las medidas hasta el 2020 es cierto que desanima un poco, pero soy optimista y veo el vaso medio lleno.

–Siempre defiende la emoción, en principio un sentimiento ajeno al hecho científico.

–Es que creo que es un elemento fundamental en la ciencia, como en el arte. La pasión es imprescindible: si uno está aburrido y hace su trabajo sin ganas, sea el que sea, esa desgana la transmitirá a los demás.

–Ya hay 400 linces en libertad, según ha anunciado la Junta de Andalucía. Usted, que conoce tan bien esta especie y que lanzó la voz de alarma sobre su posible extinción, ¿es optimista o aún no se ha conseguido nada?

–Soy optimista, aunque todavía no se ha llegado a un punto tranquilizador, así que la amenaza de extinción persiste. Pero estamos mejor que hace diez años. En esa época costaba imaginar que hubiera tantos linces, ahora la próxima meta debe ser llegar a mil. Es una historia de éxito, en parte gracias a una enorme financiación europea, que en algún momento se acabará. Entonces desde Bruselas nos dirán: ‘Ya hemos hecho nuestra parte, ahora les toca a España y Portugal’. Y eso da un poco de miedo.

–¿Cómo sería un mundo sin linces, sin lobos, sin osos, sin águilas imperiales?

–Sería más banal, más homogéneo y más pobre. Mucho peor a corto plazo y peligroso a largo plazo porque se alteraría el equilibrio natural.

–Por no hablar de la fauna y flora anónima, esa que se extingue sin que ni siquiera lleguemos a saber de su existencia.

–Las especies más emblemáticas transmiten emoción, pero las pequeñas son incluso más importantes. Piense en que las bacterias son imprescindibles, y si no hubiera insectos las plantas nos comerían, lo ocuparían todo.

–Como presidente del Consejo de Participación de Doñana, asiste a las tensiones del agua; necesaria para mantener el ecosistema pero también para regar los extensos cultivos de fresa.

–Nadie puede ganar del todo y hay que ponerse de acuerdo. Ni se puede sacar toda para regar ni se puede negar el derecho a usarla.

–En Murcia no se ha resuelto el conflicto del agua. ¿Hay que adaptar el desarrollo económico a la disponibilidad de recursos o habilitar trasvases y construir desaladoras? ¿Cómo encontrar el equilibrio?

–En general, hay que adaptar el desarrollo económico a la disponibilidad de agua. Aunque no siempre es factible y hay que ser flexible. Si no, los humanos no avanzaríamos, y estamos modificando el medio continuamente. Pero en algún momento habrá que frenar, porque el agua se puede traer de fuera pero no pensando que es inagotable. Lo ideal es consumir lo local, utilizar los recursos cercanos.

–Nuevas elecciones en el horizonte; ¿le aburre esta incapacidad de nuestros políticos para ponerse de acuerdo, le sorprende, le indigna?

–Me produce hartura y lo considero una falta de respeto a los ciudadanos. ¿Hasta cuándo vamos a seguir así? En el caso de que se repitan los resultados, parece claro que no deberíamos consentir unas terceras elecciones. ¿Por qué no hacer el esfuerzo ahora? Aunque votar de nuevo es un mal menor, claro.

–¿Qué le pide al próximo presidente del Gobierno?

–Que sea sensible al medio ambiente, que participe en las cumbres internacionales y que no mande a segundos espadas. Que sea consciente del gran activo, también económico y turístico, que supone nuestra naturaleza.

(Publicado en 'La Verdad' el 27 de abril de 2016)

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