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Invasión silenciosa en el Mar Menor
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20.03.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Medición de un cangrejo azul hallado el verano pasado en la costa mediterránea. FOTO: LA VERDAD

Decenas de invertebrados foráneos han llegado a la laguna en las últimas décadas con efectos aún desconocidos

La apertura del Canal del Estacio y la construcción de puertos han traído medusas, babosas, esponjas y cangrejos que amenazan al turismo y al equilibrio ecológico

Playa Paraíso, Playa Honda y Mar de Cristal sufren invasiones periódicas de babosas

Han llegado al Mar Menor, se han encontrado a gusto y han decidido quedarse allí. Y no son turistas escandinavos precisamente, sino decenas de especies de invertebrados marinos foráneos, algunos de ellos con potencial invasor, que se han instalado en la laguna en las últimas décadas. Y no solo medusas: babosas, esponjas y cangrejos se han hecho un hueco junto a la fauna marina autóctona aprovechando un ‘agujero’ en las barreras ambientales que mantuvieron aislado durante siglos este ecosistema. La apertura del Canal del Estadio (1973) y la construcción de puertos, con el consiguiente trasiego de embarcaciones con ‘polizones’ adheridos en el casco, son las principales causas de esta invasión silenciosa, según un estudio coordinado por la investigadora lorquina Francisca Giménez Casalduero, profesora del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universidad de Alicante.

El primer síntoma de que el Mar Menor estaba cambiando fue la proliferación de medusas en la década de los noventa del pasado siglo. Tanto la ‘Cotylorhiza tuberculata’ como la ‘Rhizostoma pulmo’ habían aparecido ocasionalmente en la laguna, pero desde hace veinte años son seguramente el poblador más conocido de este ecosistema. Más incluso que el decadente hipocampo. Y, pese a que ejercen una función filtradora del agua –eliminando los nutrientesque proceden de los vertidos agrícolas–, se han convertido en un incordio para los veraneantes y en un gasto importante para la Administración, que cada verano tiende una malla de redes para evitar que alcancen las zonas de baño. El pasado verano, los 40 kilómetros de jarcias instaladas en 60 playas por la Consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente costaron 571.000 euros.

Después vinieron las babosas (‘Bursatella leachii’), también para espanto de los turistas: no es agradable pisar uno de estos moluscos viscosos, de hasta 15 centímetros de longitud, que fueron detectados por primera vez en 2008, aunque están presentes en el Mediterráneo desde hace más de setenta años, procedentes del Canal de Suez –una autopista marítima para las especies exóticas–. Con una mayor presencia en Playa Honda, Playa Paraíso y Mar de Cristal (Cartagena), las babosas experimentaron en 2015 la tercera explosión demográfica desde que arribaron a la laguna.

Un crustáceo de medio kilo

El último y más llamativo visitante es el cangrejo azul, un enorme crustáceo –hasta medio kilo de peso– del que se capturaron veinte ejemplares el verano pasado y que también ha sido visto en la desembocadura del Segura y en Mazarrón.

Junto a estas especies, quizá las más visibles, se han acomodado en el Mar Menor otras menos llamativas, como las nacras –un gran bivalvo de hasta 75 centímetros de longitud–, esponjas –‘Haliclona oculata’–, el balano e incluso un tipo de langostino –‘Penneaus japonicus’– propio de la costa este africana, el Mar Rojo y Japón.

La mayor parte de estos nuevos pobladores han accedido al Mar Menor a través de la gola artificial del Estacio, un canal que, junto al de Marchamalo, ha contribuido a rebajar la salinidad y la temperatura de las aguas de la laguna. Un fenómeno conocido entre los científicos como ‘mediterranización’ que ha acercado los parámetros de ambos mares, favoreciendo la entrada de estos visitantes a un espacio que antes les resultaba hostil.

Algunas de estas especies alóctonas presentan trazas de convertirse en invasoras: «Cuando su población presenta una fase de crecimiento exponencial y puede poner en peligro la diversidad o abundancia de especies autóctonas, además de la estabilidad ecológica de los ecosistemas afectados», recuerda el estudio científico, donde también se recuerda que pueden verse afectadas «las actividades económicas que dependen de dichos espacios, e incluso la salud humana».

¿Cuáles son los efectos de esta intrusión reciente en el Mar Menor? Aún se desconocen, se lamenta Francisca Giménez Casalduero, quien firma la investigación junto a Alfonso A. Ramos Esplá, Andrés Izquierdo Muñoz, Francisco Gomariz Castillo, Francisco J. Martínez Hernández y Francisco González-Carrión. «Existen importantes lagunas de información y conocimiento y es necesario potenciar la investigación y desarrollar programas de seguimiento a largo plazo», defiende.

«Medidas como la abundancia de las especies alóctonas, estudios de la vías de propagación y dispersión, factores ambientales de control de las especies, impacto ecológico, análisis de riesgo y modelos predictivos son algunas de las líneas básicas de investigación que deberían ser llevadas a cabo para realizar diagnósticos eficientes y correctas medidas de gestión y control de las poblaciones», demanda la profesora lorquina. «En muchos casos no se conoce la vía de dispersión hasta que las poblaciones ya se han establecido, por lo que programas de alerta temprana son imprescindibles», insiste.

(Publicado en 'La Verdad' el 20 de marzo de 2016)

Comentarios (8)Add Comment
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escrito por Marmenorense, marzo 20, 2016
Llevo más de 50 años viviendo en la zona del Mar Menor, y en mi opinión, la culpa de la invasión de estos elementos es producida, además de por la apertura del canal de Estacio, los vertidos de la rambla del Albujón.
No hay más.
Los puertos no han contribuído a nada negativo, a excepción de los espigones y pantalanes que no dejan correr el agua y se produce el fango.
En el año 2015 no ha habido prácticamente medusas, y eso ha contribuído a que las aguas estén siempre turbias.
Los motores que llevan las embarcaciones, no contaminan, a excepción de los vetustos motores de los pocos pescadores profesionales que quedan. La mayoría son todos ilegales.
El canal del estacio, antes de hacerlo como está ahora, sólo tenía poco más de un metro de agua, y por allí pasaban los pequeños botes de pescadores y vela ligera. Que es como tenía que estar.
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escrito por Francisco Robledano, marzo 20, 2016
Excelente artículo basado en una interesante y muy necesaria investigación. Sólo una precisión: Yo en la frase "que amenazan al turismo y al equilibrio ecológico" pondría antes el equilibrio ecológico, todo lo demás está supeditado
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escrito por David, marzo 20, 2016
Hola Miguel Ángel ¿podrías decirnos el título del trabajo y dónde se puede consultar? Gracias de antemano y un saludo!
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escrito por Frank Inspector, marzo 20, 2016
Como casi siempre, la mano del hombre es la responsable, consciente o inconscientemente. Somos muy egoístas e irresponsables.
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escrito por Fulgen, marzo 20, 2016
Esto también es consecuencia de una dejadez pasmosa de las Administraciones Públicas y la eliminación de cualquier inversión en investigación del medioambiente.
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escrito por José Navarro, marzo 20, 2016
Las redes antimedusas son totalmente inadecuadas para el fin que se pretende, la prueba está en casa año tienen que seguir poniéndose sin solucionar ningún problema, es más incluso lo agravan, ya que las medusas se "rompen" en las redes y liberan las células urticantes al mar, provocando después el "picor" o escozor típico de las playas del sur de la cuenca del Mar Menor, que muchas veces no dejan estar más de cinco minutos literales en el baño y es un gasto anual inútil de cerca de medio millón de euros, que se podrían gastar en investigación y tomar medidas efectivas. Si sumamos todos los años que se llevan poniendo estas redes y los multiplicamos por los cientos de miles de euros que se han gastado, saldría un bonita suma próxima a los 15 millones de euros o quizá más.
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escrito por M. A. Ruiz, marzo 21, 2016

Hola David, creo que aún no está publicado. En unos días podría enviártelo.

Saludos.
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escrito por Cartagenero, julio 06, 2016
Hola, las medusas son desagradables, las babosas son desagradables. La gente no se quiere bañar porque hay medusas y babosas. Hay que eliminar las babosas de mar o el mar menor al final se convertirá en un indeseable vertedero infectado de parásitos y animales que vienen de fuera. Y nadie se querrá bañar y el turismo tarde o tempranop se verá afectado seriamente en comparación con otros lugares. Vayan estudiando como eliminar las babosas.

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