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«Conservar es progresar, pero no soy partidaria del desarrollo cero»
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18.02.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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La doctora de la UMU Blanca Soro Mateo. FOTO: MARTÍNEZ BUESO

La profesora de la UMU Blanca Soro Mateo, experta en Derecho ambiental, coordina una jornada sobre cambio climático centrada en la respuesta legal ante las agresiones al medio natural 

«Me preocupa que los ‘lobbys’ participen en la elaboración de las normas»

El ruido que nos desquicia, la contaminación que respiramos, los cargueros que se van a pique derramando en el mar miles de toneladas de petróleo, e incluso la caída de ¡cuatro! bombas atómicas (bien cerca, en Palomares): agresiones que cada vez toleramos menos. Investigadores, profesores y expertos en Derecho ambiental debatirán mañana en Murcia sobre la respuesta legal ante estas situaciones, en una jornada organizada por el CEBES (Grupo de investigación ‘Bioderecho: derecho, ética y ciencia’ de la Universidad de Murcia). La coordinadora de este encuentro, la doctora del Departamento de Derecho Administrativo de la UMU Blanca Soro Mateo, afirma aliviada que el Derecho ambiental «ha llegado para quedarse». Master en política ambiental por la Carlos III de Madrid, esta murciana de 41 años lleva casi veinte investigando en los campos de la Justicia ecológica, el derecho de aguas, los espacios naturales protegidos, energías renovables, contaminación de suelos, daños a la costa y custodia de territorio. No se perdonaría pasar por el mundo sin tratar de dejarlo un poco mejor.

–¿Qué es la Justicia ambiental?

–Nos referimos a la Justicia ambiental como reparto justo de los recursos naturales que son patrimonio común de toda la humanidad presente y futura; también como tutela jurisdiccional del derecho a un medio ambiente adecuado. En términos generales, prefiero hablar de Justicia ecológica como paradigma.

–¿Nos ampara la Administración ante estas agresiones?

–Contamos con un Derecho ambiental avanzado, pero queda mucho por hacer. En pocos años, el Derecho ambiental ha sido objeto de un profundo desarrollo y hemos ganado en la definición del derecho a un medio ambiente adecuado. Esa es la teoría, aunque es preciso abordar lagunas y reformas importantes.

–¿Y defendemos ese derecho?

–Se trata de una demanda cada vez más presente en todos los foros, no solo en espacios ambientalistas. Aunque no hemos llegado al nivel de otros países. La educación ambiental es clave y el Derecho también. Incluso desde casa, debemos seguir enseñando a nuestros hijos que se puede combatir el cambio climático. Por otro lado, se van conociendo los cauces de participación, las decisiones administrativas y la jurisprudencia de nuestros tribunales.

–Surgen plataformas de vecinos que protestan por el ruido, por la degradación del Mar Menor... ¿algo está cambiando?

–Parece que el Derecho ambiental ha llegado para quedarse y que el derecho de acceso a la información ambiental y la participación están facilitando su aplicación. La valoración de la consagración legal del derecho de acceso a la información administrativa no puede ser más negativa. Frente al principio general de publicidad y transparencia que afirma el texto constitucional a favor de todos los ciudadanos en su artículo 105, hasta fechas relativamente recientes el Derecho español no reconoció el acceso a procedimientos ambientales ‘vivos’. Y tuvo que ser el Derecho europeo de nuevo el que nos obligara a avanzar en la garantía del derecho de acceso a la información ambiental.

–Desprotección de espacios naturales con fines urbanísticos, contaminación del Mar Menor, planes de gestión de Red Natura 2000 criticados por el ‘lobby’ económico, vertedero de Abanilla cerrado tras años de protestas... ¿Tiene muchos retos aún el Derecho ambiental?

–Sobre los ‘lobbys’, me preocupa que participen en la elaboración de las normas. Quizá uno de los mayores retos que el Derecho ambiental actual tiene planteado sea dar una respuesta satisfactoria a los distintos peligros para la salud que se derivan de la contaminación que no se ve, y cuyos efectos hoy desconocemos, especialmente en relación con el suelo, con el agua y con la atmósfera. Por otra parte, la revolución tecnológica y biotecnológica propia de nuestro tiempo está generando una alarma sobre los riesgos para la salud humana y para el medio ambiente que pretende resolverse por el Derecho con la aplicación del principio de precaución. Esto genera, en ocasiones, alarmas que carecen o pueden carecer de respaldo científico y que son vistas con recelo por parte de algunos sectores por tratarse de eventuales limitaciones injustificadas al desarrollo social y económico. Pensemos en la utilización de termómetros de mercurio en tiempos no tan pasados, o en los vertidos autorizados en su día a la bahía de Portmán o en las balsas de residuos abandonados en la Sierra Minera de Cartagena-La Unión.

–¿Cómo tratamos nuestro territorio? Los cauces públicos y el agua, el litoral, los espacios naturales...

–En mi opinión, falta una mayor conciencia social de lo público como algo nuestro. Conservar es progresar y eso cuesta entenderlo si solo nos fijamos en el corto plazo. Ahora bien, no toda alteración de la naturaleza supone un retroceso. No soy partidaria del desarrollo cero, pero hay que conjugar el desarrollo con otros principios como el de prevención, precaución y no regresión y, por supuesto, con la indemnidad de ciertos derechos.

–¿Percibe interés de los políticos de Murcia por el medio ambiente?

–Pues no el que desearía, si le soy sincera. Quizá siga siendo demasiado idealista. En términos generales, se echa de menos una voluntad política firme y una apuesta decidida. El Derecho ambiental parece a veces el gran enemigo, cuando cuestiona decisiones administrativas y políticas, en lugar de ser tenido como aliado para la garantía de nuestros derechos y, más importante, para la garantía de los derechos de las generaciones futuras. A veces no está en juego solo el medio ambiente, sino también la salud. Cuando la salud está en juego, quizá sea más fácil vencer otros obstáculos.

–En la campaña de las pasadas elecciones generales apenas se habló de medio ambiente. ¿Qué le sugiere?

–Hay problemas muy importantes sobre los que habría que haberse pronunciado y se ha guardado silencio, y este es uno de ellos. Creo que es un error. El signo de los tiempos acabará demostrándolo.

–¿Le preocupa el planeta que van a heredar sus hijos?

–Por supuesto. Mi empeño en estudiar el daño ambiental histórico encuentra su causa precisamente en esa preocupación. El legado ambiental que parece que les vamos a dejar, recurriendo a Delibes, es «un mundo que agoniza». También en el ámbito del patrimonio cultural es una cuestión que me preocupa.

(Publicado en 'La Verdad' el 18 de febrero de 2016)

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por David Egea, febrero 18, 2016
Enhorabuena, Blanca, por tu magnífico trabajo. Una gran profesional en el derecho administrativo, trabajadora e incansable.

Un abrazo.

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