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«Una nueva carretera a Cartagena para sacar los residuos nucleares no tendría sentido»
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17.01.16 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Rafael Moreno, con documentos sobre Palomares facilitados por EE UU. En la siguiente imagen, fuselaje de uno de los aviones que cayeron sobre Palomares el 17 de enero de 1966. FOTO: RMI / IDEAL

El periodista Rafael Moreno revela en un libro datos inéditos sobre las bombas atómicas de Palomares

Hoy se cumplen 50 años del accidente aéreo sobre la costa de Almería, donde aún se acumula medio kilo de plutonio en unas 40 hectáreas   

Un médico murciano dirigió en 2005 un estudio que no reveló tasas anormales de incidencia de cáncer

El cuarto artefacto no lo encontró ‘Paco el de la bomba’, sino el hermano mayor del pescador aguileño, según el autor


En plena Guerra Fría, su destino era ser lanzadas sobre Rusia, pero Estados Unidos se lo pensó mejor y ordenó el regreso de su expedición militar, formada por cuatro aviones. Aunque el accidente de dos de los aparatos durante un repostaje en vuelo terminó con tres bombas atómicas sobre los campos de la localidad almeriense de Palomares y una cuarta perdida en el mar. Hoy hace cincuenta años de ese milagro: porque, salvo los siete soldados norteamericanos fallecidos en el siniestro, nadie resultó herido en esta pedanía de Cuevas de Almanzora, a apenas veinte kilómetros de la Región de Murcia, donde los restos de fuselaje y los artefactos termonucleares –65 veces más potentes que la bomba de Hiroshima– se desperdigaron lejos de las viviendas. Ninguno explotó pero dos de ellos se rompieron y contaminaron de plutonio más de 200 hectáreas entre terrenos de cultivo y montañas.

Estados Unidos se llevó por barco 1.700 toneladas de tierra, una operación que terminó el 24 de marzo de 1966, pero medio siglo después, y tras décadas de colaboración entre España y Estados Unidos –con algunos altibajos– para el seguimiento de las radiaciones, aún queda medio kilo de plutonio sobre una superficie de unas cuarenta hectáreas que es necesario retirar porque se está transformando en americio, una sustancia más volátil y por tanto más peligrosa para la salud ya que se puede desplazar más fácilmente. Este es uno de los datos desvelados por el periodista Rafael Moreno Izquierdo (Madrid, 1960) en su libro ‘La historia secreta de las bombas de Palomares’, un ensayo que condensa veinte años de investigación y cuyos datos proceden en su mayor parte del Gobierno de Estados Unidos, que ha desclasificado 5.000 documentos sobre el suceso que estigmatizó este pueblo de agricultores como un reducto nuclear, una leyenda maldita que ni siquiera pudieron suavizar la histórica fotografía del baño de Fraga Iribarne ni el silencio oficial decretado por Franco.

Moreno Izquierdo, profesor universitario, experto en periodismo internacional y de Defensa y excorresponsal de la agencia Efe en Nueva York y Washington, analiza las claves del caso Palomares durante una larga conversación telefónica con ‘La Verdad’.

El acuerdo con EE UU: ¿cómo saldrán los residuos?


No existe información sobre el protocolo firmado en octubre pasado entre los gobiernos de Estados Unidos y España, solo la constatación de un acuerdo por el que EE UU asume el compromiso de retirar los 50.000 m3 que se calcula quedan de materiales radiactivos para enterrarlos en un cementerio nuclear de Nevada. El diario El País publicó que ese convenio incluye la construcción de una carretera entre Palomares y Cartagena para embarcar los residuos contaminados desde la Región. Consultado por este periódico, el Ministerio de Defensa eludió aclarar este punto y advirtió de que las negociaciones son secretas. «Hay un documento en el que EE UU expresa su idea sobre cómo tiene que hacerse, al que yo no he tenido acceso, pero no tendría sentido hacer esa hipotética carretera. Me parece poco creíble porque la cantidad no lo justifica. En 1966 se llevaron 1.700 toneladas y ahora estamos hablando de solo 50.000 m3, muchísimo menos. Lo razonable sería pensar que se va a hacer algo parecido a lo de 1966: rellenar unos depósitos que se transportarán por vía marítima al puerto más cercano. El traslado de residuos nucleares está protocolizado, y los de las centrales españolas se están llevando a Francia por carreteras convencionales», recuerda Rafael Moreno. [Datos actualizados, tras consultar al CIEMAT: quedan 30.000 m3 de tierras contaminadas, lo que equivale a 50.000 toneladas, que podrían verse reducidas a 10.000 si se aplica un proceso de decantación]

Las afecciones a la salud: incidencia normal de cáncer


«En 1985, la Junta de Andalucía envíó al Congreso un informe oficial, que incluye un análisis de la incidencia de cáncer en la zona, donde se dice que no es mayor de lo normal. Y hay otro estudio de 2005, dirigido por el médico murciano Pedro Antonio Martínez Pinilla, experto en patologías por radiación de partículas alfa, que determina que están en la media con respecto a la población de referencia: Guazamara. El Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) dice que no es posible hacer un estudio epidemiológico porque no existen datos, algo que es como mínimo discutible. Conozco la leyenda urbana de que hay muchos enfermos de cáncer en Palomares, pero no es algo científico. Y aunque 119 personas han dado positivo a contaminación por plutonio entre 1967 y 2010, lo que no quiere decir que estén enfermas, el CIEMAT no especifica cuándo. El plutonio se deposita en los órganos del cuerpo y va irradiando con el tiempo, incluso a partir de veinte años», advierte.

Leyendas urbanas: ¿quién localizó la cuarta bomba?


Los documentos consultados por Rafael Moreno en Estados Unidos, especialmente el Palomares Summary Report (1975), permiten aclarar algunas informaciones que se han dado por buenas durante décadas. Por ejemplo, que el explosivo hundido en el mar a 750 metros de profundidad en realidad fue localizado –e izado a principios de abril de 1966– gracias sobre todo a las indicaciones del hermano mayor del pescador aguileño Francisco Simó Orts –fallecido en 2003–, que ha pasado a la historia como ‘Paco el de la bomba’ y a quien cedió todo el protagonismo. También se ha dado por supuesto que los 4.810 bidones que se llevó Estados Unidos hace cincuenta años se enviaron desde Cartagena, cuando en realidad se trasladaron desde la costa de Almería con lanchas de desembarco. «En algún momento se planteó sacar los bidones por Cartagena, pero los norteamericanos lo desecharon porque el puerto no estaba en condiciones para el atraque de los barcos», aclara el autor.

La trastienda del Programa Indalo: «¿Están ustedes locos?»


«Los documentos y los telegramas cruzados con los norteamericanos sobre el progreso de las negociaciones sobre la búsqueda de las bombas y la limpieza demuestran que las autoridades españolas fueron muy receptivas a las peticiones de EE UU, hasta el extremo de aceptar la creación allí mismo de un cementerio nuclear, que hubiera sido el primero de España. Estuvimos dispuestos a que toda la tierra contaminada se enterrase allí mismo, incluso se buscó a unos peritos para que dijesen cómo había que hacer los sarcófagos. Pero fue el Departamento de Estado de EE UU el que dijo: ‘¿Pero están ustedes locos, cómo van a crear un monumento antinuclear en Almería? Estamos dispuestos a llevarnos la basura radiactiva’. Sorprende lo acomodaticio de esos planteamientos de España, pero hay que entenderlo en el contexto sociopolítico de ese momento. El Gobierno de Franco no quería que tuviese trascendencia internacional, ni que hubiese un posicionamiento de la opinión pública española contra la energía nuclear. No era solo una estrategia ante el turismo, sino que en esos años estaba diseñándose el gran programa nuclear civil y militar español. Y en esas mismas fechas se estaba firmando la construcción de una central nuclear con tecnología francesa en Cataluña que hubiera permitido tener material disponible incluso para una bomba atómica. A partir de ahí, hay aspectos del Programa Indalo que sí demuestran una gestión muy deficitaria, como que en los año 80 llegan los americanos y como las máquinas medidoras estaban averiadas, hay más de un año de retraso de análisis de muestras. Y hay mediciones de cuerpo entero a los habitantes que salen con unos niveles de radiación altísimos: se produce una gran alarma y se dieron cuenta de que los equipos estaban mal calibrados y por eso las lecturas eran erróneas». 

Tierras sin registrar y certificados engañosos


«Un documento que no he encontrado es el informe final que se supone debía haberse emitido cuando en el mismo año 1966 se marcharon los norteamericanos y se cerró el asunto. Ese informe no lo he encontrado, pero sí uno que publicó EE UU en 1975, llamado Palomares Summary Report, que es un resumen con la versión norteamericana. Allí se dice que ellos dan ochocientos y pico certificados a propietarios de terrenos en los que se les asegura que, según las autoridades españolas y de EE UU, todo está perfecto y sus tierras exactamente igual que antes del 17 de enero. Lo que es absolutamente falso. Pero lo más sorprendente es que cuando yo encuentro esos certificados, pregunto en Palomares y allí me dicen que nunca los han visto ni los conocen. Pero estaban en el archivo del Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora. Las tierras no estaban registradas, y los norteamericanos, con buena voluntad, elaboraron un mapa con su propio registro de quiénes eran los propietarios, a quienes asignaron unos números. Ese mapa se depositó en el Ayuntamiento pero ha desaparecido».

Cultivar y construir sobre plutonio: la tierra, del revés


«En 1966 definieron un nivel de radiación aceptable, que ahora sería otro porque para esta segunda limpieza el CSN ha marcado unos límites mucho más restrictivos. Ahora permiten dejar menos. Se decide que por debajo de un nivel de radiación no se lo llevan, pero para evitar que la población lo pueda inhalar se decide darle la vuelta a la tierra, por eso hay fotos históricas de tractores removiendo la tierra para dejarla por debajo de 15 centímetros. Con la esperanza de que esa tierra nunca se vuelva a cultivar. Pero si usted es propietario de un terreno y le dan un certificado diciendo que es seguro y que es fértil... ¿Por qué voy a pensar que no es correcto? Y si alguien descubre que no lo es, pues que lo diga. En un primer momento les dicen que no pueden cultivar, pero no les dicen por qué. Y si algunos propietarios se niegan a que les hagan mediciones... Pero a partir de 1974 las estaciones de medición empiezan a detectar un aumento de isótopos en la atmósfera. Y sin embargo, hay que esperar hasta los años ochenta para que comiencen las primeras expropiaciones. La zona 2 es la más conflictiva porque es la que se utilizó como zona de almacenaje y para lavar los depósitos, y donde se llegó a hacer una fosa para quemar residuos y plantaciones». Años después sobrevino el ‘boom’ urbanístico: «Se compraron terrenos en algunas zonas y se recalificaron por los ayuntamientos. ¿Se sabía si las tierras estaban contaminadas? Tú solo sabes algo cuando te lo comunican oficialmente, algo que nunca se hizo. Y cuando no te dicen un ‘no’, tú tiras hacia delante siguiendo tus intereses».

El silencio oficial: España no aporta información


«EE UU ha hecho públicos más de 5.000 documentos, pero en España, en el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) la respuesta a mis peticiones de información siempre ha sido nula. Solo me han enviado un folleto propagandístico que publicaron en 2013 y cuando preguntas nadie sabe dónde está la documentación más antigua. En cuanto a expropiaciones, nunca ha habido ningún informe que diga cuánto se ha expropiado o cuánto se ha gastado, ni cuál ha sido la valoración, aunque sí se conoce la aprobación de créditos extraordinarios por parte del Gobierno para hacer frente a esas expropiaciones, y en el BOE se publicó a qué propietarios afectaba, pero el resultado final de esas negociaciones, y el precio, no es público. Se sabe que hubo dos rondas de indemnizaciones: las de 1966, que pagó EE UU y no conocemos esos datos, pero en su momento hubo quejas por lo bajas que eran; y las expropiaciones recientes con dinero español, de las que no hay información pública. Tampoco protestas de los afectados. Es importante señalar un punto de inflexión significativo, cuando llega a la dirección del CIEMAT José Antonio Rubio, que es cuando se dan cuenta de que hay que hacer un plan de rehabilitación y gestión de residuos. No solo es un plan serio y bien estudiado, sino validado por los principales expertos en rehabilitación de suelos radiactivos en Europa, que pidieron que hubiera mucha colaboración de la población local. Y creo que es importante destacar lo que hizo Antonia Flores, alcaldesa pedánea de Palomares en los años ochenta, que luchó para que se dieran los informes médicos a las personas que iban a Madrid a que las inspeccionaran, porque no les informaban de nada ni les decían cómo estaban».

La situación actual: casi todo el perímetro vallado


«Oficialmente nunca lo han dicho, pero utilizo la conferencia que ofreció en Fukushima un alto ejecutivo del CIEMAT donde dice que queda medio kilo de plutonio en Palomares, y además se sabe cómo está repartido en las seis diferentes zonas. Medido: unos 50.000 m3 en algo más de 200 hectáreas. Son cifras del año 2009, y desde entonces se ha vallado la zona, pero eso no quiere decir que no se haya extendido. Está vallada toda la zona contaminada menos la zona seis. Por ser el Cabezo Negro una zona montañosa, no pudieron limpiar la roca. Lo dejaron tal cual, pero ahora tenemos el mismo problema. ¿Qué van a hacer con esa montaña? He preguntado y no he encontrado respuesta. ¿Van a cambiar la orografía?». Nada se sabe tampoco sobre el método que se va a seguir: «Como el problema principal es llevarse la tierra contaminada, se hicieron pruebas piloto para reducir el volumen de terreno. EE UU puede llevárselo todo, o filtrarlo aquí, lo que lo reduciría a 6.000 m3. Pero es una operación más cara y más compleja. Hicieron una prueba piloto para demostrar que se puede hacer, pero no sabemos si EE UU ha elegido alguna de las dos modalidades o ha decidido una nueva. Tampoco sabemos si la descontaminación la va a pagar España, Estados Unidos, o si va a ser a medias».

Palomares Summary Report en este enlace.

(Versión más amplia que la publicada en ‘La Verdad’ el 17 de enero de 2016)

Comentarios (7)Add Comment
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escrito por Joaquin, enero 17, 2016
50.000 metros cúbicos es muchísimo mas que 1.700 toneladas ... Anda que vaya un nivelazo ... y en negrita
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escrito por Navarro, enero 17, 2016
Ayer en la rosa de los vientos hablaban de nueve kilos de plutonio. Seria un lapsus. Lo mas sencillo seria coger la tierra y meterla en las minas de plomo mas profundas. Aunque como es zona volcanica, quien sabe cuando volvera a salir.
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escrito por matematico, enero 17, 2016
50.000 m3 son 3125 camiones de los mas grandes cargados de tierra contaminada. Además son unas 94.000 toneladas que es 55 veces más de lo que se llevaron los americanos. Tanto investigar y no pueden buscar lo que pesa un metro cubico de tierra?
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escrito por M. A. Ruiz, enero 17, 2016

Hola Joaquín, tienes razón, 50.000 m3 serían más de 50.000 toneladas. He repasado la grabación de la entrevista y los datos que aparecen en el libro y son los que maneja el autor, aunque a mí no se me debería haber pasado por alto hacer la conversión. Intento aclararlo, pero mientras tanto lo dejaré tal cual en el reportaje porque son las palabras textuales de Rafael Moreno.

Gracias por avisar.
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escrito por M. A. Ruiz, enero 17, 2016

Hola Matemático, así es: quizá el autor se refiriese a la cantidad resultante del decantado de la tierra, que podría quedarse en 6.000 m3, pero incluso así resultaría una cantidad superior a 1.700 toneladas. Lo dicho: trato de aclararlo.
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escrito por matematico, enero 17, 2016
Algo tiene que ser por que la diferencia es muy grande. Un excelente trabajo de cualquier manera.
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escrito por M. A. Ruiz, enero 19, 2016

Hola a todos, después de consultar al CIEMAT, estos son los datos correctos, que también están actualizados en el texto: en Palomares quedan 30.000 m3 de tierras contaminadas, que equivalen a 50.000 toneladas.

Un saludo y disculpad por la confusión.

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