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«Los buceadores saben que al menos una vez al año tienen que venir a Cabo de Palos»
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14.06.15 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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José David Balcázar, preparado para una inmersión en Cabo de Palos. FOTO: J. M. RODRÍGUEZ

«La Administración se ha dado cuenta por fin del valor turístico de nuestras aguas», dice José David Balcázar, representante de los centros de submarinismo en la reserva marina


Es casi imposible que José David Balcázar Melgar responda a la primera a una llamada telefónica. Y todavía muy difícil a la segunda. Balky –así se presenta y le conoce todo el mundo–procura pasar el mayor tiempo posible debajo del agua, donde ni el móvil, ni el runrún de pactos electorales, ni otras servidumbres de la vida en tierra perturban su eterno buen humor. Madrileño de 39 años, «casado con el mar» y concebido y criado en La Manga, este instructor de actividades subacuáticas y propietario de Balkysub es el representante de los diez centros de buceo que trabajan en la Reserva Marina de Cabo de Palos-Islas Hormigas, un enclave único de vida marina en el Mediterráneo que acaba de cumplir veinte años como espacio protegido. Después de una etapa de buceo masificado que afectó a la conservación de los fondos, el entendimiento entre pescadores artesanales, submarinistas, Administración y científicos acerca por fin la gestión de este hervidero de biodiversidad a criterios de desarrollo sostenible

–¿Cómo se presenta la temporada?

–En principio mejor que la anterior, porque el año pasado nos perjudicó la polémica de la nueva orden de cupos; se rumoreó que no se iba a poder bucear y nos costó convencer a los clientes de que ni la ecotasa ni el tope de inmersiones suponían un problema. Así que hemos dedicado el invierno a normalizar la situación y, aunque Semana Santa y el puente de mayo fueron flojos, el mes de junio está siendo muy bueno.

–Un año después de la reducción de cupos –300 inmersiones al día en temporada alta– y del establecimiento de una tasa de 3,52 euros por buceador, ¿cuál es su balance?

–Al principio lo llevamos mal, porque nos ha supuesto una reducción de la actividad en la reserva de en torno al 30%, pero el Servicio de Pesca está siendo muy flexible. Por ejemplo, en abril nos amplió el cupo porque en marzo apenas se pudo trabajar por el mal tiempo. Sabemos que el cupo ya no se puede tocar, y que a la larga es positivo para la conservación del ecosistema, pero podemos mejorar algunas limitaciones, siempre de acuerdo con el sector pesquero, como los horarios y la recuperación de algunas zonas a las que ya no podemos acceder, como la Punta del Cabo. Espero que en el plazo de dos o tres años hayamos conseguido entre todos un marco en el que estemos más contentos.

–Les ha costado casi dos décadas entenderse con los pescadores...

–Aparecimos aquí después que ellos y comenzamos a ocupar cada vez más su espacio. Quizá entonces no teníamos información clara de lo que era la reserva. Ellos tenían sus cupos y sus reglamentos, que cumplían de forma estricta. Hubo diferencias, pero el año pasado conseguimos entendernos mutuamente. Fue tan sencillo como preguntarles cómo trabajan, en qué les estábamos molestando y qué necesidades tienen. Ahora tenemos un buen entendimiento e incluso algunos proyectos conjuntos.

–Por ejemplo...

–Limpieza de redes, mantenimiento de la reserva, aportación de datos para el seguimiento científico del espacio protegido...

–¿Desde dónde vienen a bucear a la reserva marina?


–Mayoritariamente madrileños, entre un 65% y un 70% del total, y después vascos, catalanes y de la Región. Hemos conseguido distinguirnos como un destino específico de buceo, no un lugar más donde se puede bucear. El aficionado a este deporte dice: al menos una vez al año tengo que ir a Cabo de Palos. Está claro que la reserva es el principal atractivo, pero fuera de ella también hay sitios espectaculares para sumergirse, como los barcos hundidos.

–¿Conocemos y valoramos suficientemente en la Región nuestros fondos marinos?

–Bueno, es un problema en general de los españoles, que siempre apreciamos más lo que tenemos fuera de casa. Es cierto que se valora mucho el Mar Rojo y otros destinos exóticos sin tener en cuenta que a solo cinco minutos del puerto tenemos lugares que merecerían salir en documentales.

–En un ránking mundial de zonas de buceo, ¿dónde situaría Cabo de Palos-Islas Hormigas?

–Dentro de los cincuenta principales, seguro. Y hay inmersiones concretas, como la del Bajo de Fuera, que podrían estar entre las veinte mejores;ahora, en el Mediterráneo es el mejor destino, claramente.

–¿Por qué?

–Por una serie de circunstancias que tienen mucho que ver con la influencia del Mar de Alborán y con la peculiar disposición geográfica de la cordillera sumergida que emerge en algunos puntos en forma de bajos. Estos montes submarinos crean dos vertientes, y al pie de la más meridional se alcanzan profundidades de hasta 2.500 metros. La entrada de grandes corrientes cargadas de nutrientes convierte esta zona en ideal para la cría de numerosas especies. El agua se renueva mucho y la vegetación submarina y los corales son una ‘huerta’ perfecta para que los peces críen y se alimenten; y, a su vez, sirven de comida a especies de mayor tamaño, como meros y espetones. La cadena alimenticia funciona perfectamente.

–¿Saben sus clientes que bucean en un espacio protegido?

–Por supuesto, vienen informados y además les damos unas pautas de ecobuceo: no tocar ni mover nada del fondo; mantener una flotabilidad neutra para no dañar el entorno con las aletas; interacción pasiva con la vida marina; y recoger la basura que nos encontremos. Somos conscientes de que todo el mar está protegido y la reserva de manera especial. Nosotros somos simplemente unos invitados.

–¿Esa actitud es general en quienes practican este deporte?

–Sí, los buceadores somos gente muy ecologista. Si dañamos lo que tenemos sabemos que no nos va a durar demasiado. Estamos muy concienciados, sí.

–Parece que no hay manera de acabar con los furtivos que arponean las grandes piezas, meros especialmente.

–Ese es nuestro talón de Aquiles, incluso a pesar de que, gracias al aumento de presupuesto para el mantenimiento de la reserva, hay vigilancia nocturna cada día. Actúan de noche, los sueltan detrás de la isla Hormiga y luego pasan a recogerlos con la captura hecha.

–Se dice que se sabe quiénes son, y que venden sus capturas en establecimientos conocidos...

–Yo no los conozco, ni quiero saber quiénes son, no quiero entrar en guerras personales. Estamos en una etapa de crisis y está claro que hay quien prefiere matar un mero por el que puede sacar 300 euros que entrar a robar a una casa. Pero hay que acabar con ello.

–¿Se sienten ahora más apoyados?

–La Administración se ha dado cuenta por fin del valor que tienen nuestras aguas, comienza a creerse las posibilidades del turismo de buceo, y es cierto que la Consejería de Fomento está contando mucho con nosotros. Nos ha venido muy bien la reducción a doce años de la edad mínima para bucear, algo que ya se había hecho en muchas comunidades y que estábamos pidiendo. Es seguro, siempre que se respeten unas profundidades máximas y unos tiempos de inmersión; está demostrado con estudios científicos.

–¿Qué más piden a la Administración?

–Ahora estamos reclamando una regulación de la Seguridad Social para que los monitores puedan cotizar en el Instituto Social de la Marina, con mayores beneficios en cuanto a cotizaciones y jubilaciones. Es un trabajo tan duro como el de pescadores, marineros y patrones y de momento solo se les puede dar de alta con el régimen de empleados de tierra. Pero es una normativa nacional.

–¿En qué piensa ahí abajo, entre gorgonias y rodeado de bancos de corvinas?

–En lo maravilloso que es disfrutar esas maravillas, en silencio y con tanta tranquilidad, lejos de todos los problemas, cuando erróneamente pensamos que a la vida salvaje solo podemos acercarnos viendo documentales de leones. Quienes no bucean no saben lo que se pierden.

(Publicado en 'La Verdad' el 14 de junio de 2015)

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