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El Mar Menor está muy vivo
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03.12.14 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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La investigadora del IEO Elena Barcala, durante su ponencia sobre el caballito de mar. FOTO: PABLO SÁNCHEZ

Los científicos destacan la capacidad de adaptación de la laguna frente a la contaminación y otras agresiones

"Las medusas son necesarias, es un error combatirlas", asegura el investigador del IEO Ignacio Franco

La mala salud de hierro del Mar Menor comienza a ser una evidencia científica. Porque la laguna resiste como una jabata todo tipo de agresiones y, pese a algunos achaques, se adapta continuamente a los cambios forzados por la intervención humana (contaminación, asfixia urbanística, sobrepesca....). Lo explicó ayer el profesor de la Universidad de Murcia Ángel Pérez Ruzafa, que comparó los mecanismos de defensa de este eternamente amenazado ecosistema con los del cuerpo humano, "en el que siempre hay algún órgano ocupándose de que las cosas no se salgan de su sitio", aseguró.

El catedrático de Ecología de la UMU abrió las Jornadas Científicas del Mar Menor, con las que se celebra el centenario del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en su centro de San Pedro del Pinatar. Un foro divulgativo (está abierto al público) que dejó pequeño el salón de actos del Centro Oceanográfico de Murcia y en el que están participando más de cuarenta expertos con ponencias sobre todas las líneas de investigación acerca de este espacio protegido. Ayer se analizaron los aspectos biológicos y ecológicos y hoy se abordarán las condiciones físico-químicas y el impacto de las actividades humanas.

Y es que el estudio del Mar Menor ha servido para cambiar el paradigma científico sobre las lagunas costeras: de humedales salinos y confinados con comunidades biológicas escasas y muy especializadas a espacios de vida "con hábitats y especies tan diversas como el mar abierto", sostiene este científico que lleva décadas analizando este humedal singular y que aún espera sorpresas de él. Una de ellas ha sido comprobar que el Mar Menor influye más en el Mediterráneo que al contrario, "porque desde mar abierto penetran muy pocas partículas pese a los canales de comunicación", ilustra.

Y como ocurre con el cuerpo humano, que cada diez años regenera la totalidad de sus células, "el Mar Menor cambia el 40% de sus poblamientos de un año para otro para seguir siendo el mismo", detalla Pérez Ruzafa, quien insiste en que las lagunas costeras son sistemas "mucho más complejos y resistentes de lo que pensábamos".

"La calidad del agua sigue siendo razonablemente buena, salvo puntos concretos de vertido como la Rambla del Albujón, y el sistema en su conjunto tiene plasticidad y capacidad de reacción", asegura el catedrático. Un ejemplo: los peces "se organizan, se desplazan y se establecen en diferentes puntos en función de los cambios en su hábitat provocados por alteraciones como los dragados y los depósitos de arena".

Frente a la entrada de nutrientes procedentes de la agricultura intensiva del Campo de Cartagena, el principal foco contaminante, Pérez Ruzafa insiste en que "el ecosistema reacciona gracias al control de los organismos que lo pueblan, como un cuerpo bien organizado". La principal evidencia de esta respuesta natural y organizada ante la intrusión de fertilizantes y pesticidas es la proliferación de medusas, organismos filtradores que depuran el agua, pese a su mala fama entre los veraneantes.

120 millones de 'huevos fritos'

De las medusas se ocupó el investigador del IEO Ignacio Franco, un veterano en el seguimiento de las poblaciones de celentéreos en el Mar Menor desde hace veinte años, cuando la 'Cotylorhiza tuberculata', conocida popularmente como 'huevo frito', inició una invasión silenciosa que aún hoy se mantiene. De hecho, alcanzó su densidad récord en el verano de 2012 con más de 120 millones de ejemplares censados.

Pese a las molestias que ocasiona a los bañistas (si bien no pica), Ignacio Franco considera imprescindible su presencia en el Mar Menor, por su función filtradora, mientras no se acabe con la contaminación agrícola: "En nuestra opinión, es un error tratar de reducir sus poblaciones. Colocar redes o capturarlas son medidas políticas para no perder el turismo, pero para nada efectivas", explica. "Lo que hay que hacer, puesto que estamos abonando el mar, es reducir vertidos y mejorar la gestión de las pesquerías para que el ecosistema recupere su equilibrio", advierte.

Acerca del 'mantra' de que las medusas son un problema, Ignacio Franco avisa de que nada más lejos de la realidad: "Son la solución y la consecuencia de la eutrofización del Mar Menor por los pesticidas, insecticidas y fertilizantes, que provocan el aumento de plancton, fitoplancton y larvas, que es su alimento". Y aportó dos datos sobre la resistencia de estos organismos tan bellos como odiados: el primero, cada medusa puede producir varios millones de descendientes; y el segundo, hay registros fósiles de estos 'bichos' que demuestran que apenas han evolucionado desde hace 650 millones de años. ¿Por qué? "Sencillamente porque no necesitan cambiar", termina Ignacio Franco.

La patología principal del Mar Menor, por tanto, está perfectamente diagnosticada, y algunos de sus tratamientos también están prescritos. Mientras no sea posible la depuración en origen de los vertidos agrícolas, existen 'curas' alternativas, como la restauración ambiental de humedales, como la Marina del Carmolí, enclaves capaces de retener hasta el 35% de los nutrientes. Lo explicaron los investigadores de la UMU Miguel Ángel Esteve y Julia Martínez, quienes detallaron además que estos filtros 'verdes', baratos y eficaces, ofrecen un rendimiento ecológico de 7.000 euros por hectárea.

El caballito, casi un misterio

Qué poco se sabe acerca del caballito de mar ('Hipocampus guttulatus'), uno de los emblemas del Mar Menor, de donde se sacaban sacos llenos de más cien kilos de peso para venderlos a una empresa catalana que los secaba para comercializarlos como recuerdos 'kitsch' de un verano feliz. Eso fue hace tres décadas, porque hoy no existen datos fiables sobre este pez que se encuentra en estado crítico en la Región y que se estudia con escasos recursos y el esfuerzo de un grupo de voluntarios. El último censo, de 2007, arrojó 369 ejemplares por km2; en los últimos años se había recuperado, aunque parece que sus poblaciones han vuelto a desplomarse, según Elena Barcala, que coordina las investigaciones del Centro Oceanográfico sobre esta especie.

(Publicado en 'La Verdad' el 3 de diciembre de 2014)

Comentarios (2)Add Comment
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escrito por Óscar, diciembre 02, 2014
Fantásticas las ponencias de los investigadores. Lástima que los políticos fueran sólo para la foto y se marcharan al poco de comenzar las jornadas.
Una vergüenza que los dirigentes políticos no estén los primeros en este tipo de jornadas.
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escrito por M. A. Ruiz, diciembre 02, 2014

Hola Óscar, te has colado mientras hacía una prueba de publicación. :-) Cierro para abrirlo mañana. Un saludo!

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