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Las carreteras, el medio natural y las setas
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10.07.98 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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La señalización de la Ciudad del Ocio, junto a la rotonda construida en la carretera de Bolnuevo. FOTO: JUANCHI LÓPEZ

La Dirección General de Carreteras descarga la responsabilidad de construir una rotonda en la empresa promotora de la Ciudad del Ocio

Las lluvias generosas del otoño llenaron de níscalos los montes del Noroeste, pero cerca de las playas de Mazarrón, concretamente en la carretera de Bolnuevo, creció espontáneamente una rotonda que da acceso a la Ciudad del Ocio. Casi como una seta pero con un enorme sombrero de cemento, a ras de suelo y señalizada por un cartel que curiosamente también ha nacido de la nada, aunque guarda sospechoso parecido con el resto de las indicaciones de tráfico de la carretera. Casos y cosas de Natura.

Un acceso a la Ciudad del Ocio desde la carretera de Bolnuevo. A simple vista algo normal, incluso necesario, sobre todo pensando en los cientos de coches que podrían circular en el futuro hacia el macrorrecinto de bares y discotecas que el ex alcalde del PP Domingo Valera alumbrara junto al paisaje protegido -esa es su calificación administrativa- de la Sierra de las Moreras. Lo malo es que la Ciudad del Ocio aún no existe. Que en el futuro alguien la perpetre o no depende de un estudio de impacto ambiental que debe emitir la Dirección General de Protección Civil. (Recuerdos a quien corresponda de las cada vez más escasas tortugas moras).

Volviendo a la rotonda y la señal de tráfico -qué mareo-, parece ya evidente que no son un espejismo a pesar de que no aparecen en el proyecto original de la carretera de Bolnuevo. Quizá por eso el director general de Carreteras, Evaristo San Vicente, negó el miércoles hasta por tres veces su existencia a la colaboradora de La Verdad Nuria García. Lo hizo en su terreno -su despacho de la consejería- y agitando planos y papeles oficiales. Casi al mismo tiempo Juanchi López hizo la fotografía, con lo que la realidad le dio una puñalada merecida a la burocracia y a las versiones oficiales. San Vicente trató de engañar o no estaba informado. Cualquiera de las dos posibilidades le deja en mal lugar. Su portavoz ofreció ayer una nueva versión, en nombre del director general de Carreteras, al tiempo que pidió una rectificación de la información publicada ayer por el periódico en la que se aportaban datos sobre la señalización, por cuenta de la Comunidad Autónoma, de la Ciudad del Ocio, un proyecto fantasma. Al menos por el momento.

Afirmaba ayer este portavoz -transmitiendo un mensaje de Evaristo San Vicente- que la rotonda y la señal de tráfico -¡por fin existen!- no son responsabilidad de la Dirección General de Carreteras porque han sido pagadas por la empresa promotora de la Ciudad del Ocio, Comaza -los teléfonos de esta empresa sonaron ayer alegremente sin que nadie los levantara, debe de ser el calor-. Atendiendo a esta argumentación, la Comunidad Autónoma -es decir, la Dirección General de Carreteras de la caótica Consejería de Política Territorial- mantiene que no ha señalizado nada porque no ha puesto el dinero. Y así llegamos a la cuestión de los duros, en realidad sólo una anécdota a pesar de que los altos cargos que se estilan ahora se escudan en que no han puesto la plata para eludir su responsabilidad en un asunto penoso que huele a pescado. Las reflexiones que provoca este sinsentido de la Comunidad Autónoma -quizá haya una explicación lógica, pero no la aportan- invitan a varias preguntas. Vamos a ponerlas en fila.

¿En qué cabeza cabe, aunque lo mande un alcalde, que las máquinas destrocen parte de un espacio protegido para construir un proyecto tan peregrino como la Ciudad del Ocio sin que las autoridades competentes se enteren, quieran saber qué pasa o les importe lo más mínimo? (En este caso, la siempre ausente Pilar Megía paralizó las obras sólo cuando el daño -irreparable- estaba ya hecho). ¿De acuerdo con qué criterios se modifica el proyecto de una carretera para facilitar una rotonda a quien ni siquiera tiene licencia de obras? ¿Dónde está escrito que los proyectos de obras se modifiquen a petición de personas o empresas interesadas? ¿Cómo se refleja esta eventualidad -algo normal según se asegura en la consejería- en las cuentas públicas?

Las prisas llevan a las chapuzas. Poco importa quién haya puesto las cuatro perras -es un decir- que cuesten la rotonda y el cartel. Lo alarmante es esa forma de interpretar y llevar a la práctica la gestión de los bienes públicos, sobre todo cuando lo que está en juego es el frágil equilibrio del medio natural: para los políticos con mando en plaza -ahora están los del Partido Popular- el medio ambiente suele asociarse con un jardín vallado o con un recinto lleno de animales domesticados. Consecuencia natural de la falta de información, de la incultura e incluso de la inepcia.

Otro ejemplo cercano en el espacio y en el tiempo: las obras en la carretera del Lomo de Bas han llenado de escombros parte del parque regional de Calnegre-Cope precisamente por obrar precipitada, torpe e irresponsablemente. Los trabajos están paralizados hasta que a alguien se le ocurra algo. Que no piensen, por favor, que nos acojonamos.

(Publicado en 'La Verdad' el 10 de julio de 1998)


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