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La lupa en la naturaleza
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01.12.13 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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La tubería que vertía los estériles mineros a la bahía de Portmán, en 1990, poco antes de ser clausurada. FOTO: SAGA

El relato de la actualidad medioambiental recoge el acoso a los espacios protegidos, episodios históricos de contaminación como el del Portmán y los grandes incendios

Cierro los ojos e intento imaginar cómo eran los espacios naturales de la Región en 1903. Sin duda había lobos cuando comenzó a editarse ‘La Verdad’, sobre todo en las sierras de la mitad norte de la Región, aunque también, quizá, en la Almenara, donde el topónimo de Los Loberos deja lugar a pocas dudas. Casi duele evocar el estado de La Manga y el Mar Menor, una albufera virginal hace 110 años: ¿cómo resultaría la experiencia de recorrer a pie la barra arenosa, desde Las Amoladeras hasta lo que hoy conocemos como Veneziola? Moratalla aún conservaba bosques de robles en buen estado, y las nutrias se movían a su antojo por las acequias de la huerta de Murcia. Y tantas maravillas.

La documentación histórica nos permite recrear el paisaje y la biodiversidad de una Murcia eminentemente rural, en nada ajena al atraso general del país, que a lo largo del último siglo ha visto transformado su territorio: si pudiésemos comparar las ortofotos de 1903 y 2013 comprobaríamos que, entre los macizos montañosos del Noroeste y el centro de la Región, el litoral y el Altiplano, destacan como fenómenos físicos más evidentes una compleja red de carreteras y grandes extensiones de terreno dedicadas al cultivo, además del gran crecimiento de los núcleos urbanos: pocos municipios (45) para una comunidad de casi un millón y medio de habitantes pero muy poblados.

Una transformación inevitable –y necesaria– si pensamos en clave de desarrollo, pero que ha alterado el paisaje y la calidad natural de la Región. Esa tensión entre la actividad económica –la agricultura intensiva, la industria, la construcción, el aprovechamiento de los recursos mineros...– y la preservación de los valores naturales se ha reflejado en ‘La Verdad’ a lo largo de todos estos años, en un relato cuyo tono se ha adaptado a los cambios sociales y que ha evolucionado en paralelo a la creciente concienciación sobre la necesidad de proteger el medio ambiente.

Porque la información específica sobre medio ambiente, una materia relativamente reciente en los medios de comunicación, se ha hecho un hueco cada vez más amplio y estable a lo largo de las últimas cuatro décadas, cuando puede decirse que arranca el movimiento ecologista en España y, con estas incipientes organizaciones ‘verdes’, las primeras protestas ante la amenaza de atropellos ambientales. Precisamente fue en la Región donde arrancó el movimiento conservacionista organizado –refrendado el 14 de junio de 1974 con el Manifiesto de Benidorm– ante el proyecto de construcción de una central nuclear en la Marina de Cope. El ingeniero, sociólogo y periodista aguileño Pedro Costa Morata lideró un grupo de irreductibles –entre ellos el profesor lorquino Pedro Guerrero y el actor Paco Rabal, que prestó influencia y ayuda mediática– que terminó derrotando a un gigante como Hidroeléctrica Española. Este fue quizá el primer suceso medioambiental propiamente dicho contado por ‘La Verdad’, que desde entonces ha informado, cada vez con mayor especialización, sobre todos los asuntos relacionados con la biodiversidad, los espacios naturales y, también cada vez con más frecuencia, la amenaza sobre los territorios protegidos.

Una bahía perdida

Cuesta imaginarlo con la perspectiva actual, pero lo cierto es que uno de los mayores atentados ecológicos en el Mediterráneo consumió una bahía –la de Portmán– con todos los sellos oficiales y el aliento del Gobierno a la empresa Peñarroya. A los pescadores se les compensó con 25.000 pesetas y un punto de amarre en Cabo de Palos, y desde 1957 hasta 1990 el mayor lavadero de flotación del mundo estuvo arrojando sin descanso un chorro inmundo de barro mezclado con reactivos y restos de plomo, zinc y cadmio hasta colmatar el 90% de la rada, más de 70 hectáreas, como recordó Paco Lastra en ‘La Verdad’ el 10 de noviembre.

Una espectacular acción de Greenpeace fijó en 1986 la atención de los medios de comunicación en el tremendo y contaminante ‘chorro’ –como llamaban los portmaneros a la salida de los desechos por la tubería–, que comenzó arrojando 1.000 toneladas diarias que en el final de su actividad se convirtieron en 9.000. Los vertidos terminaron en 1990 durante una emocionante jornada que relató en estas páginas Manuel Buitrago, entonces delegado de ‘La Verdad’ en Cartagena.

El optimismo de los políticos en el momento de cortar el ‘chorro’ –dio la orden a través de un walkie-talkie el entonces presidente regional Carlos Collado– les llevó a aventurar que la bahía estaría regenerada en... ¡1992! Veintitrés años después, aún se discuten los métodos, los plazos y si la limpieza la acometerá la Administración o una empresa privada.

El Mar Menor ha sido otro foco informativo recurrente:reconocido como una de las lagunas más singulares de Europa, sus grandes valores ambientales se han visto agredidos crecientemente por la presión urbanística, los vertidos agrícolas del Campo de Cartagena, la sobrepesca, la navegación a motor... Cuenta con cinco figuras de protección, algunas de ellas de rango internacional, pero hasta el momento ninguna administración ha conseguido coordinar un plan integral para su recuperación. De momento, solo promesas y proyectos. El último de ellos, un estudio de viabilidad para la posible instalación de una pasarela peatonal que cerraría La Manga por su zona norte. Una idea respetuosa y sostenible según su promotor, el diputado regional del PP José Miguel Luengo, y un caballo de Troya para un posterior acceso de vehículos según las organizaciones ecologistas.

En los espacios naturales, también en los protegidos, se han librado numerosos contenciosos, partidas de ajedrez y batallas medioambientales con un denominador común:la presión urbanizadora y el recelo de colectivos que se han sentido especialmente agraviados, como los agricultores. Estas tensiones arrancaron en 1992, cuando el entonces gobierno socialista promulgó la Ley 4/92 que creaba los parques regionales. La conciencia ambiental estaba muy poco madura todavía y la protección de Cabo Cope-Puntas de Calnegre y Sierra Espuña fue especialmente polémica, con manifestaciones, protestas de grupos de presión e incluso agresiones –como el ataque que sufrió el concejal aguileño de Izquierda Unida Antonio del Campo–.

La oposición contra los primeros parques regionales se ha reproducido más de veinte años después con las protestas de empresarios, propietarios, agricultores y ganaderos contra la Red Natura 2000, el catálogo europeo de espacios protegidos que Bruselas obliga a gestionar mediante planes de uso. Fuera de plazos y con la biodiversidad regional e ingentes ayudas europeas en juego, la Comunidad Autónoma y el sector empresarial aún discuten cómo llevar a la práctica la normativa ambiental.

La desprotección de espacios protegidos para su urbanización ha ocupado numerosas páginas y portadas de ‘La Verdad’ en los últimos años: la Zerrichera, Lo Poyo y Novo Carthago, entre otros, responden a proyectos que se revelaron como supuestamente fraudulentos y que han dejado una larga lista de políticos imputados, entre ellos dos consejeros del Gobierno regional –Francisco Marqués y Antonio Cerdá, este último aún en el ejercicio de su cargo–, varios alcaldes, directores generales y otros altos cargos de la Administración, así como importantes empresarios –como Rafael Galea–. Asuntos aún en instrucción y que todavía no tienen fecha de juicio.

Desproteger Marina de Cope

Un caso aparte es Marina de Cope, uno de los últimos tramos de costa española sin urbanizar, desprotegido en 2001 mediante una disposición legal que el Tribunal Constitucional (TC) anuló en diciembre del año pasado, frustrando un complejo de miles de viviendas y hoteles que, aunque sin financiación ni inversores interesados, el Ejecutivo de Ramón Luis Valcárcel publicitó como «el mayor resort del Mediterráneo». La sentencia del TC devolvió sus límites originales al parque regional Cabo Cope-Calnegre, en uno de los últimos episodios informativos importantes relacionados con el medio ambiente que ha relatado este periódico.

Entre tanto, sombras y luces: de los tremendos incendios de Moratalla de 1994 (Sierras de la Muela y el Cerezo) y 2012 (Salmerón) al tímido regreso de especies como la nutria en un río Segura felizmente recuperado; de los episodios de contaminación atmosférica –que afectan especialmente a la ciudad de Lorca– al necesario trabajo divulgativo y fiscalizador de grupos conservacionistas como ANSE y Ecologistas en Acción; del declive de iconos de la fauna como el caballito de mar al posible retorno del lince gracias al proyecto europeo Life Iberlince. 

 (Publicado en 'La Verdad' el 1 de diciembre de 2013, en el suplemento conmemorativo del 110 aniversario del periódico)

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