Portada Noticias Steve McCurry: «Es toda una lección de humildad cómo ha resistido el paso del tiempo una foto tan sencilla como ‘La niña afgana’»
Steve McCurry: «Es toda una lección de humildad cómo ha resistido el paso del tiempo una foto tan sencilla como ‘La niña afgana’»
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08.03.12 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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El fotógrafo norteamericano Steve McCurry, durante una reciente visita a España. :: IGNACIO GIL

El veterano reportero norteamericano de National Geographic y socio de la agencia Magnum revelará el sábado en Fotogenio (Mazarrón) sus secretos para hacer un buen retrato

Supo que tenía una gran foto cuando retrató en Afganistán, hace casi treinta años, a una campesina adolescente de impactantes ojos verdes. Pero no sospechaba que esa imagen –portada de la revista National Geographic en junio de 1985– sería una de las fotografías más reproducidas y populares de todos los tiempos. El fotógrafo estadounidense Steve McCurry (62 años), reportero legendario de la revista del marco amarillo, socio de la agencia Magnum y testigo de casi todas las guerras durante los últimos treinta años, quita importancia sin embargo a su gran ‘hit’ y afirma que se enfrenta a cada nuevo trabajo con la misma curiosidad. «Sigo esperando impaciente para viajar a sitios nuevos, y por el camino hago fotografías. Así de simple», resume su rutina profesional en una entrevista con ‘La Verdad’, que contesta por correo electrónico. El sábado compartirá su experiencia a lo largo de tres décadas retratando el alma humana en casi todos los rincones del planeta con los participantes en la sexta edición del certamen Fotogenio, que dirige en Mazarrón el fotógrafo y naturalista Juan Sánchez Calventus.

–¿Cuál es el mensaje que tiene preparado para los fotógrafos que vienen a escucharle en Mazarrón?

–Que lo que me inspira es la pasión por viajar y explorar el mundo, eso es lo que me lleva a seguir trabajando. Después de unas cuantas décadas vagando por el mundo, lo que más me ha impresionado ha sido, más que las diferencias entre la gente, las ciudades y las culturas, los puntos en común, las cosas que nos unen. Donde quiera que uno va, la gente es, en esencia, simplemente gente. Hay un sentimiento compartido por todos los pobladores del planeta, así que, cuanta más gente conozco, más sé de ciertas verdades sobre la humanidad y ese sentimiento universal.

–No todos pueden trabajar en conflictos bélicos de gran repercusión mediática. ¿Algún consejo para quienes saben que sus fotos normalmente no traspasarán el ámbito privado?

–La forma de entender la fotografía en los medios de comunicación ha cambiado mucho desde que yo comencé, pero eso no es necesariamente algo malo. Ahora hay muchos caminos abiertos a los fotógrafos jóvenes, unas posibilidades que antes no existían. En la actualidad es muy fácil autoeditar un libro con tu trabajo, organizar una pequeña exposición, y luego está internet: de repente hay un extenso campo disponible para la difusión de la fotografía, como nunca antes.

–Siempre se dice que la foto la hace el ojo, no la cámara. ¿Cómo se entrena el ojo?

–Siempre hay lugar para mejorar tus habilidades, entrenar el ojo y afinar la visión propia. Seguramente hay quien tiene esa virtud del ‘ojo fotográfico’, pero no pienso que esté fuera del alcance de cualquiera si se esfuerza y está dispuesto a trabajar. Esa es la clave: la buena fotografía implica una auténtica ética de trabajo. Pienso que es fácil subestimar este factor, pero realmente no hay nada más importante que las viejas costumbres: la práctica y el trabajo duro.

–Su carrera esta asociada para siempre a la imagen de la niña afgana que fue portada de National Geographic en 1985. ¿Le molesta?

–No pienso en esos términos. Me siento orgulloso de haber creado una imagen que ha tenido un impacto tan grande sobre tantas personas. Es toda una lección de humildad pensar que esta sencilla imagen ha resistido el paso del tiempo, y que sigue siendo fuente de interés y pasión para las generaciones más jóvenes. Si esto quiere decir que he ayudado a abrir los ojos de alguien sobre cómo viven otras personas, o enseñar un poco más sobre los conflictos en otras zonas del mundo, me sentiré feliz por haber sido capaz de hacer algo positivo.

–¿Esperaba la enorme repercusión de esa imagen cuando tomó la foto?

–Es imposible saber en un momento determinado cómo va a reaccionar el público ante una fotografía. Cuando estaba fotografiando a esta muchacha en la tienda de campaña que hacía de aula escolar, no tenía ni idea de que esta sencilla imagen tendría tal impacto sobre mi carrera, ni que seguiría influyendo sobre tantas personas. Después, cuando analicé las diapositivas con mi editor, sí que vi mucha fuerza en sus ojos y supe que tenía una imagen potente; pero el éxito que ha seguido teniendo esta foto es sin duda una sorpresa muy agradable.

–¿Piensa que es su mejor foto?

–No estoy seguro de cuáles son los criterios que deberían determinar cuál es mi mejor foto. Sí creo que ‘La niña afgana’ es uno de los mejores retratos que he hecho, pero pienso que cada imagen debería ser considerada por sí misma. Si consigo contar la historia que yo quiero y atrapo algo del espíritu de mi protagonista, entonces habré hecho una buena foto.

–Regresó a Afganistán 17 años después para localizar a esa niña. ¿Le impactó encontrarse a una mujer castigada por la vida? ¿Se arrepintió de haberse reencontrado con ella?

–No lo veo así. En mi opinión, el caso de Sharbat es una historia de esperanza y éxito. Desde luego, la situación en la que ella nació y creció fue difícil porque no pudo acceder a las oportunidades que normalmente tiene la gente común. Sin embargo, hay que considerar que, a diferencia también de otras muchas personas, ella sobrevivió a décadas de guerra, se casó y tuvo tres niños sanos. No puedo ver como algo negativo que me dieran la oportunidad de ayudarle y, tal vez, hacerle la vida un poco más fácil. ¿Cómo podría yo lamentar algo así?

–¿Por qué nos conmueven tanto los retratos de esas personas que miran al objetivo desde lugares remotos, y normalmente en una situación de guerra o miseria?

–Las circunstancias en las que se hace una foto son solo una parte de la historia. Un retrato potente es el que establece una situación de intimidad entre el sujeto fotografiado y el espectador. Si esa conexión no existe, la imagen no funcionará, sea cual sea el escenario.

–¿Cómo se convierte una escena dramática en una obra de arte?

–Creo que no importa si la fotografía se considera o no una obra arte. Para mí no es esa la cuestión. Si una fotografía puede transmitir un mensaje, informar a quien la ve o contar una historia... ese es el verdadero objetivo. Cualquier consideración de la imagen como arte es algo que viene después, y es completamente subjetivo.

–¿Se considera más fotógrafo o periodista?

–Ante todo, soy un fotógrafo: así veo el mundo y así son las historias que quiero contar.

–Lleva más de treinta años retratando a personas machacadas por la guerra. ¿Qué ha aprendido sobre la vida en todo este tiempo?

–La guerra ha sido claramente una parte inevitable de mi trabajo, pero ni es algo que he buscado ni ha sido nunca mi objetivo. Mi trabajo se ha centrado mucho más en el elemento humano, buscando los puntos comunes entre las personas de todas las condiciones sociales, en todas las partes del mundo y en todo tipo de situaciones. La guerra y los conflictos son solo una pequeña parte, aunque esencial, de todo el conjunto.

–Cuando contempla las imágenes del conflicto de Siria y recuerda todos las guerras que usted ha cubierto como fotógrafo, ¿cuál es su reflexión?

–Hay seguramente algunas líneas paralelas que se dibujan claramente en este tipo de conflictos. Pienso que la raíz de estas situaciones es un deseo simple y humano de autodeterminación. Siempre y en todos los lugares, al final siempre emerge la necesidad de elegir en libertad. Cuando no existe este derecho, cuando tampoco hay mecanismos para votar a los propios líderes, entonces el conflicto es inevitable.

– A estas alturas, ¿qué imágenes son un reto para usted?

–Francamente, yo no veo que esto haya cambiado mucho en los 30 años que llevo haciendo fotos. Todavía trato de contar historias, de vagar y de explorar el mundo, y siempre trato de hacerlo en nuevos lugares y de forma diferente. Al final, pienso que todo consiste en disfrutar mientras estamos aquí y, si puede ser, intentando de algún modo que el mundo sea un poco mejor.

–¿Qué foto quiere hacer y no ha podido todavía?

–No pienso en esos términos. No tengo ninguna lista de comprobación en mi cabeza que me lleve a ir aquí o allá, ni a ir recogiendo sellos en el pasaporte. Me acerco cada día a cada trabajo, a cada nuevo proyecto, de la misma manera. Espero con impaciencia para viajar a sitios nuevos, y también para ver las cosas de siempre bajo un enfoque diferente. Y a lo largo del camino hago fotografías. Es tan simple como esto.

–¿Le dejó sorprendido algo, hasta el punto de no poder disparar la cámara?

–¡Eso no me ha pasado nunca!

–¿Alguna idea sobre la foto que le gustaría hacer en Mazarrón?

–Nunca he estado en Mazarrón, así que no estoy seguro de lo que puedo esperar. Siempre he disfrutado de la cultura española, así que espero con impaciencia para comprobar cómo se manifiesta en Mazarrón. Para mí es muy importarte conocer nuevos lugares, y me divierte muchísimo conocer gente. ¡La exploración siempre ha sido mi principal afición!


 (Publicado en 'La Verdad' el 8 de marzo de 2012)
Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Sonia, marzo 09, 2012

Gran entrevista, gran personaje, qué lujazo!! Muchas gracias, Miguel Ángel, yo tb voy a Mazarrón!!!

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