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«Tengo una familia numerosa de insectos»
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24.11.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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José Luis Lencina Gutiérrez, ayer, en el laboratorio de la Facultad de Veterinaria. :: GUILLERMO CARRIÓN / AGM

El entomólogo jumillano José Luis Lencina ha descubierto decenas de especies. Algunas llevan su apellido. El último hallazgo de este experto en coleópteros es el Opilo lencinai, que solo vive en la Región y en Castilla-La Mancha

¿Se mira de forma diferente a un bicho que lleva el apellido de uno, como si fuera una extensión zoológica de la familia propia? Llevaba días deseando hacerle esta pregunta al entomólogo jumillano José Luis Lencina Gutiérrez (57 años), un número uno en revelar para la ciencia la existencia de insectos desconocidos, y que cuenta con el honor de dar nombre a una docena de especies después de haber descubierto ¡casi cien! en más de cuarenta años de investigación. La última, el Opilo lencinai, un bichito de apenas un centímetro que vive exclusivamente en El Carche (Jumilla), Sierra Seca (Moratalla) y Cuenca.

«No es como tener un hijo, pero sientes orgullo, claro, y más si después tienes la oportunidad de describirlo en una revista científica. Yo en insectos tengo una familia numerosa, mi mujer me va a echar de casa», reconoce con ironía este técnico de laboratorio de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia, cuya única nieta, de diez años, dio toda una lección a un inspector educativo que hace unos días cometió la imprudencia de hablar de insectos en su presencia. «Es la que va a seguir mis pasos», asegura pletórico, «apunta maneras de entomóloga y deja boquiabiertos a mis colegas. Siente auténtica pasión por los bichos».

José Luis Lencina lleva «en la sangre» el interés por los insectos desde sus incursiones infantiles en el campo en compañía de un hermano mayor que se especializó en lepidópteros (mariposas). Él se dedicó a los coleópteros (vulgo escarabajos), la familia más extensa en el conjunto de la biodiversidad, con unas 375.000 especies descritas, y en concreto a los carábidos, «lo que me ha permitido conocer muy bien la fauna forestal», cuenta.

Los trabajos de campo en investigación de plagas colaborando con el profesor Diego Gallego Cambronero le han permitido el hallazgo de nuevas especies, muchas de las cuales han sido descritas por otros científicos, más especializados que él en esas familias. Y que han premiado su pericia investigadora y su generosidad bautizando al insecto en cuestión con su nombre. «Decide el nombre el que describe, no el que descubre: se elige una característica física de la especie, del lugar donde se ha localizado, o bien se le dedica a la persona que lo ha descubierto. A veces se le pone el nombre de un amigo, de un especialista reconocido o incluso de un familiar», explica este naturalista, que pasa «muchísimo» tiempo en el campo colocando y revisando las trampas nocturnas en las que caen sus ‘víctimas’, muchas de ellas anónimas durante miles de años hasta que son estudiadas por su ojo experto.

Oficio y azar

¿Una nueva especie se descubre por casualidad, se busca algo en particular, hay indicios que apuntan a la presencia de fauna inédita? «Vas buscando lo que hay en un lugar concreto, pero también interviene el azar», responde Lencina. «Cuando te encuentras con una especie que no cuadra con la bibliografía, investigas, y si tampoco coincide con el resto de especies ya conocidas hay que describirlo. Es un proceso lento que puede llevar años», avisa, «porque hay que comparar con tipos que pueden estar en un museo de Berlín, de Moscú o de Belgrado».

Los insectos están dando numerosas sorpresas en la Región, donde sin embargo no hay mucha información sobre sus poblaciones, «ni siquiera de los parques naturales», señala José Luis Lencina. «Ahora se está comenzando a llevar el control de poblaciones mediante una red de control que se compone de veinte trampas que revisamos cada mes, y así vamos sabiendo lo que hay». Lencina destaca un lugar que califica como un «filón» para sacar a la luz nuevas especies:el Diapiro de la Rosa (Jumilla), un lugar en apariencia desértico que se ha revelado como una interesante isla de biodiversidad: «A veces un bosque muy bonito tiene menos importancia biológica que un erial que hay enfrente», advierte para destacar la relevancia de los espacios áridos mediterráneos.

Por este motivo, este estudioso de la fauna menuda reclama un máximo respeto por los espacios protegidos y por otros enclaves que no lo están «y que podemos perder si no tomamos cartas en el asunto, de manera que es posible que nos quedemos sin un buen número de especies sin haber llegado siquiera a conocerlas».

«Vivimos en un mundo de insectos y sin embargo no les hacemos caso», se lamenta José Luis Lencina, quien ayer mismo descubrió por casualidad, tecleando en Google, el último bicho que lleva su nombre: el Platyderus lencinai anichtchenko, un carábido hallado en Riópar (Albacete) y «dedicado por un científico ruso afincado en España con quien mantengo una relación entomológica».

Y no se descarta que pronto aumente su parentesco insectívoro porque tiene en cartera más de veinte posibles nuevas especies pendientes de describir. Alguna de ellas también recibirá el apellido lencinai, ya tan familiar.


 (Publicado en 'La Verdad' el 24 de noviembre de 2011)
Comentarios (6)Add Comment
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escrito por Damian Ibañez, noviembre 24, 2011
Hola Miguel Angel
Cuantas y cuantas especies han desaparecido sin que sepamos ni siquiera que existian, da rabia, mucha rabia
En todo caso, bravo señor Lencina
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escrito por José Luis Murcia, noviembre 24, 2011
Hola Miguel Ángel

Muy interesante el artículo. En esa misma línea, tal vez te interesaría hablar con Jesús Miñano, un investigador murciano experto en arañas que también ha hecho interesantes descubrimientos en la Región, y que no tiene la suerte de contar con plaza como investigador (por lo menos hasta donde yo sé), dándose la paradoja de ser una persona puntera en su rama de la biología y de no estar ni de lejos reconocido el mérito de sus investigaciones. Pero bueno, es lo que suele pasar, los invertebrados no llaman tanto la atención como otros grupos de seres vivos.
Y otra cosilla, los nombres científicos de las especies deben de ir siempre encursiva. Un saludo.
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escrito por ANIDA, noviembre 24, 2011
Los hermanos Lencina, ¿qué más se puede decir de ellos? Si alguien va por el Carche o la Sierra de Salinas y se encuentra a un tío con barba y cazamariposas en mano,que no se asuste, se ha topado con uno de los pioneros de la entomología regional. Gracias por divulgar esta cuasi desconocida rama de la ciencia.
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escrito por José María, noviembre 24, 2011
Le felicito por su trabajo, afortunadamente cada día somos más las personas que nos preocupamos por los espacios naturales y sus pobladores (animales, insectos y plantas). Nada mucho ánimo y suerte, maestro.
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escrito por M. A. Ruiz, noviembre 25, 2011

Hola a todos, la verdad es que los hermanos Lencina son unos personajes imprescindibles para los estudios sobre las poblaciones de insectos en la Región. Yo pensaba que conocía su trayectoria, pero después de hablar el otro día con José Luis me quedé muy sorprendido.

Para José Luis Murcia: ¿puedes pasarme un contacto con Jesús Miñano, por favor?

Un saludo!!
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escrito por José Luis Murcia, noviembre 28, 2011
Hola Miguel Ángel

Siento no haber podido responder antes. Sintiéndolo mucho, no tengo forma alguna de contactar con Jesús Miñano, pero seguro que si lo preguntas en Fauna Murcia, alguien estará encantado de conseguir que te pongas en contacto con él. Un saludo.

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