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«Matar peces no es el camino»
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06.10.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Eduardo Admetlla, fotografiado ayer en Cabo de Palos después de realizar una inmersión en la reserva marina. :: PLANETA AZUL

Eduardo Admetlla, pionero de la exploración submarina, relata en Cartagena y Murcia sus experiencias de toda una vida buceando

Es emocionante conversar con un mito viviente como Eduardo Admetlla (Barcelona, 1924), pionero del submarinismo y la fotografía subacuática, y explorador de las profundidades con medios técnicos rudimentarios cuando nadie se había sumergido en un Mediterráneo entonces virgen. Admetlla es un tipo fibroso de 87 años que aprieta fuerte la mano al saludar, que sigue haciendo inmersiones cada semana y que ha visto casi todo lo que puede verse debajo del mar. Todavía alerta, curioso e ilusionado, ha contado esta semana en Cartagena y Murcia sus experiencias de 64 años como submarinista dentro del ciclo de la Fundación Cajamurcia ‘La aventura de explorar’, que coordina Miguel Ángel García Gallego. Ayer pasó la mañana buceando en Cabo de Palos, antes de ofrecer la última de sus dos conferencias.

–¿Cómo le ha ido en su jornada de buceo? ¿Conocía esta reserva?

–Muy bien, no conocía aún Cabo de Palos: las aguas estaban limpias y había mucha fauna, y como yo le pongo una ilusión bárbara...

–¿Sigue buceando un día a la semana en las Islas Medas?

–Sí, y no voy más porque tengo que desplazarme desde Barcelona, a 150 kilómetros de la costa de Girona. Si fuera sólo meterte en el agua... Me levanto a las seis, llego a las ocho o las nueve, embarcamos a las diez y después tengo que volver, así que se me hace un poco pesado. Pero si me quedara en las Medas bucearía cada día. El año pasado estuve en Cuba y realicé tres inmersiones diarias.

–¿Cómo se mantiene tan activo?

–Este deporte te ofrece tantas compensaciones... vuelas como un pájaro entre los peces y ves paisajes increíbles. Bucear para mí es más que una pasión, es una auténtica obsesión, y no me miro el carné de identidad. Me encuentro bien en el fondo del mar y cuando salgo me dan ganas de gritar de lo feliz que me siento. Ese es el secreto: tener ilusión por algo y yo la tengo.

–En 1957 fue el primero en bajar a más de 100 metros de profundidad y regresó para contarlo. ¿No se sintió como un astronauta?

–No sé lo que sienten los astronautas, imagino que una emoción muy especial. Cuando buceo siento que estoy en otro mundo, que respiro y vuelo como los peces.

–Cuando comenzó a bucear en 1948 con equipos fabricados por usted mismo, en las primeras inmersiones que se hacían en el Mediterráneo y descubría tesoros y una fauna desconocida, ¿qué sentía?

–Sentí que era el inicio de una gran aventura, que estaba comenzando algo importante. Me daba cuenta de que el submarinismo me iba a dejar marcado para toda la vida.

–¿Qué encontró en nuestros fondos marinos que ahora no vea?

–Cuando yo comencé era la primera vez que el hombre penetraba en el fondo del mar, así que era todo nuevo. La fauna, la flora y los restos de naufragios, como las ánforas, y ser el primero en ver y tocar eso en miles de años. Eso ahora ya no existe, o está en unas profundidades inalcanzables. Ahora hay menos peces y en algunos rincones de la costa no hay vida.

–Según los científicos, el Mediterráneo está en un estado crítico.

–Cuando buceas en una reserva te das cuenta de que el mar ha recuperado su vida; en sólo un par de años, un desierto submarino puede convertirse en un paraíso. Yo, en lugar de hacer pequeñas reservas a lo largo de todo el litoral, lo haría al revés: toda la costa debería ser una reserva, y acotaría la pesca submarina en zonas puntuales.

–¿Llegamos tarde a la protección de nuestros mares?

–Mucha gente se ha dado cuenta de que el Mediterráneo está muy maltratado y que hay que rectificar. No es fácil, y una manera es crear grandes reservas. En Murcia he visto una concienciación, un conocimiento y un respeto magníficos. Y esto es necesario para que este respeto se extienda más y más. Pero hay cosas irreversibles: las explotaciones petrolíferas, las grandes urbes que vierten al mar. ..

–Usted ha practicado pesca submarina, pero ahora es muy crítico con este deporte. ¿Es el momento de dar un respiro a la cada vez más escasa fauna submarina?

–En el mar se puede entrar en son de paz o en son de guerra. Si entras en son de guerra practicas el tiro al blanco y tú eres el agresor y los peces las víctimas. De la otra manera, entras en el mar para conocerlo y que te admitan. Uno es un buceo sangriento y el otro es un buceo franco y de paz. Yo he sido pescador submarino y me di cuenta de que era un camino equivocado. Cuando maté mi último mero, mi última víctima, yo dije basta. Critico la pesca submarina precisamente porque la he practicado. He comprobado lo mortífero que puede ser con la fauna marina un hombre con un fusil en la mano. Matar peces no es el camino.

–¿Lo más raro o sorprendente que vio en las profundidades?

–Buf, no sabría decirte... ¡No me hagas escoger!

–¿Cuándo pasó miedo?

–En alguna ocasión he pasado momentos difíciles, aunque lo peor que te puede ocurrir en el fondo del mar es no tener serenidad. Es muy peligroso entrar en pánico.

–Debajo del mar, en ese mundo silencioso e ingrávido, ¿ha sido más feliz que en tierra firme?

–Disfruto buceando, pero si alguna vez tengo que morirme, que lo dudo, no quiero que sea en el fondo del mar. Morir ahogado es muy duro porque te das cuenta de que vas a dar el gran salto. ¡Mejor en tierra firme!

–Un consejo, por favor, para estos tiempos de crisis, depresión y prisas.

–El deporte, hay que hacer deporte.

Vídeo de la entrevista pinchando en este enlace.


 (Publicado en 'La Verdad' el 6 de octubre de 2011)
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