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Pegados a la tierra
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10.04.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Parte de los Voluntarios en Ríos, junto a algunos de los educadores sociales que les prestan apoyo. MARTÍNEZ BUESO

Moratalla cuenta con el único grupo de Voluntarios en Ríos de España formado por personas mayores. El Ministerio de Medio Ambiente les concedió un programa ambiental para regenerar el patrimonio hidráulico, en competencia con asociaciones juveniles y ecologistas

Fíjese bien en la fotografía, y también en las imágenes que encontrará al pasar esta página. Sí, son voluntarios ambientales, pero casi ninguno cumple ya los 70 años –el más joven tiene 64 y el más veterano 85–, muy lejos del estereotipo de ecologista que todos tenemos en la cabeza. Si cualquier día de esta primavera sale a pasear por el campo de Moratalla y se los encuentra limpiando el monte o reforestando las riberas de los cursos de agua, no se sorprenda:estará viendo en acción al grupo local de Voluntarios en Ríos, el único de España formado por personas mayores, y que desarrolla un programa de regeneración ambiental financiado por el Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino. Ya no son unos jovenzuelos, pero su discurso no puede ser más actual: «Tenemos que conservar nuestra naturaleza, nuestros ríos, que nos han acompañado siempre en nuestra vida. Por eso estamos haciendo esto».

‘Esto’ es un completo programa de voluntariado, valorado en unos 18.000 euros, que obtuvieron en competencia con asociaciones juveniles y ecologistas. Coordinados por cinco educadores sociales, también voluntarios, se han propuesto repoblar y limpiar los márgenes de la presa de La Risca, recuperar el entorno del manantial de Zahén y el nacimiento del río Alhárabe, y retirar residuos acumulados en los parajes de La Puerta y Somogil. También realizan controles de calidad en las aguas de los ríos Alhárabe y Benamor y desarrollan actividades de educación ambiental para promover entre los vecinos de Moratalla el conocimiento y el respeto hacia sus espacios naturales. Hoy mismo están en El Sabinar limpiando y plantando olmos y álamos en los alrededores del lavadero público, que también piensan dejar como nuevo.

El grupo de Voluntarios en Ríos arrastra a un batallón de 50 jubilados –«los suficientes para llenar un autobús y tres o cuatro coches pequeños, pero podríamos ser más, ¿eh?», dicen con gracia– que comparten una fuerte vinculación vital y emocional con su tierra. Pastores, labradores, molineros, peones forestales... todos tienen callos en las manos porque se han dejado los mejores años de su existencia trabajando duro en el monte; adonde vuelven ahora para cuidarlo, agradecidos, porque saben que los recursos naturales de los bosques moratalleros les quitaron el hambre en la dura posguerra.

«En Moratalla hay un cariño enorme a nuestros ríos, la única diversión que había en nuestra época era irnos a las fuentes de merienda y a bañarnos», explica Paco Martínez, 70 años, pastor en su juventud, emigrante en Francia y carpintero desde que regresó a su pueblo y a lo largo de 45 años. Aunque dice con modestia que su único mérito es conservar todos los dedos después de casi cinco décadas aserrando madera, Paco es el motor que mueve el grupo: «Hay una gran necesidad de restaurar el medio natural –asegura–; el otro día nos llevamos un camión de basura de La Risca, y eso que sólo limpiamos 100 metros lineales de rambla. Me sorprende que la gente diga que le gusta tanto el campo, porque luego lo dejan todo lleno de bolsas y desperdicios».

Paco Martínez, que se declara «enamorado del movimiento ecologista», recuerda toda su existencia junto al río Alhárabe, alrededor del cual giraba la precaria economía moratallera: «Todas las pozas tenían nombre, y todas las fuentes manaban;ahora, de la mitad no sale agua porque el campo se ha abandonado. El monte estaba en mi época mucho más limpio, no había ni un conato de incendio, y eso que hacíamos acampada salvaje en La Puerta hasta 40 o 50 familias al mismo tiempo...».

No están dispuestos estos animosos ecologistas de la tercera edad a que se pierdan los escenarios de sus juegos infantiles, a que queden irreconocibles los lugares en los que fueron tan felices. Por eso no lo dudaron cuando la Confederación Hidrográfica del Segura envió una circular a las asociaciones locales informando sobre la convocatoria de ayudas del ministerio para programas de voluntariado en ríos. Como ya tenían cierta experiencia –fueron beneficiarios de un proyecto Volcam de Caja Mediterráneo–, presentaron una propuesta y fueron seleccionados.

«Hay mucho por hacer», insiste Paco Martínez, «no te imaginas lo que la gente deja tirado en medio del monte: colchones, somieres, botellas de cristal, ruedas...». Dejar limpio el entorno de los ríos no es el único objetivo de este proyecto –que también cuenta con el apoyo del Ayuntamiento–, ya que se recuperarán los lavaderos públicos de Zahén y El Sabinar, «un importante patrimonio hidráulico y testigos de una época».

Precisamente junto al lavadero de El Sabinar, en la Fuente del Prado, donde el río Alhárabe se manifiesta por primera vez en todo lo suyo antes de deslizarse por el Campo de San Juan, ‘La Verdad’ acompaña a estos veteranos hombres de la tierra durante una jornada de trabajo en la que plantaron olmos y álamos blancos.

Uno va preguntando nombres y oficios, mirando caras, y se encuentra con la historia reciente de un pueblo que ha vivido siempre pegado a la tierra:

–Me llamo Ginés Navarro, tengo 81 años, he sido agricultor y guarda en el Taibilla.

–Yo soy José Montoya, con 7 años ya estaba guardando borregos en la Sierra de Albacete. Emigré a Francia y he trabajado en todas las ocupaciones del campo. Tengo 75 años.

–María Jesús López Collado, 75 años también, y soy la vicepresidenta del Hogar del Pensionista. Puedes ponerme como ama de casa, pero he trabajado en todo, y también emigré a Francia.

Alguien dice entonces que en cada pueblo de Francia hay un moratallero, y todos asienten con seriedad.

Un pastor trashumante

Siguen surgiendo los recuerdos, como los de Miguel Navarro, 85 años, molinero en Moratalla y El Sabinar, caserío que además se alumbraba gracias a la electricidad que generaba su maquinaria; los de Bernardo Montoya (66), agricultor y peón forestal que también salió a Francia; Ramiro Gallego (75), siempre ocupado con las mil tareas del monte;y Juan Valero Moya (76), que se fue a la mili «sin saber firmar» después de desempeñar desde niño todos los oficios posibles del campo. Un testimonio especialmente valioso es el de Juan Olit Álvarez, de 64 años, labrador, tractorista y uno de los últimos pastores trashumantes de la localidad, «de Riópar a Moratalla y de Santiago de la Espada a Pontones».

Los Voluntarios en Ríos de Moratalla comenzaron en marzo su programa de actividades y terminarán el 31 de mayo después de dar a sus vecinos una lección de compromiso y amor a la tierra. Sólo piden a cambio que tomen nota.

Alumnos que doblan en edad a sus ‘profes’

Los voluntarios moratalleros de la tercera edad cuentan con el apoyo de cinco educadores sociales que les ayudan en tareas de intendencia, y a los que doblan en edad. El coordinador general del proyecto es Carlos Cegarra, que se ocupa de la logística y de organizar el calendario de actividades, los autobuses... La naturalista Cristina Sobrado, educadora ambiental especialista en bicicleta de montaña, es la responsable de los contenidos sobre naturaleza, y Mari Ángeles Martínez y María Dolores Martínez López se encargan de la parte educativa del proyecto; ellas tres son las encargadas de recoger los localismos de animales y plantas, para confeccionar el vocabulario moratallero de la naturaleza. Finalmente, José Pascual Sánchez coordina la exposición fotográfica ‘El río de nuestras vidas’.

Recuerdos de unos ríos en blanco y negro

La canción ‘El río’ podría ser la banda sonora de la exposición de fotografías que está tomando cuerpo durante estos días en Moratalla como actividad paralela al proyecto de voluntariado. El tema de Miguel Ríos evoca los recuerdos de un amor idealizado, de un baño en un cauce de agua fresca, de un pasado feliz... como las imágenes que se están recopilando en el Hogar del Pensionista para confeccionar la exposición ‘El río de nuestras vidas’. Los vecinos de Moratalla están invitados a aportar fotografías que plasmen momentos de su vida junto a los ríos del municipio, de forma que queden documentados tanto el ocio como los distintos trabajos que se desarrollaban en torno a los cauces. Ninguna fotografía corre el riesgo de perderse, advierte el coordinador de la exposición, José Pascual Sánchez, porque las imágenes se escanean al momento para que el propietario pueda llevársela de nuevo.

El aspecto de los ríos ha cambiado, advierten algunos de los integrantes del grupo de voluntariado, y no sólo por infraestructuras que ya han desaparecido, como puentes:«Las riberas estaban antes más despejadas, y ahora la vegetación está más pegada al agua porque ya no hay tanto ganado, lo que hace muy difícil el acceso a los cauces». La exposición mostrará también aperos de trabajo de hace décadas.


 (Publicado en 'La Verdad' el 10 de abril de 2011)
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