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«Rastrear es buscar proteínas en movimiento»
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23.02.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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José María Galán, junto a huellas de grandes felinos en África.

José María Galán, guía del Parque Nacional de Doñana, ofrece un curso sobre seguimiento de fauna salvaje este fin de semana en el Cemacam Torreguil

Contesta la llamada desde la cresta de una duna, donde su cerebro trabaja a destajo interpretando señales, cruzando datos y planteando hipótesis; en eso consiste el rastreo de animales, según José María Galán, guía del Parque Nacional de Doñana, que este fin de semana ofrecerá un curso sobre seguimiento de fauna salvaje en el Cemacam Torreguil. Su bisabuelo fue alimañero, su abuelo formó con los Tiradores de Ifni y él ha vivido en África con los bosquimanos, de quienes aprendió a distinguir entre la huella de un león y una leona y a mirar de derecha a izquierda, entre otras habilidades necesarias para comer y no ser comido. Nacido en Almonte (Huelva) hace 39 años, reparte su tiempo entre su trabajo en Doñana y la divulgación de técnicas de rastreo, «para recuperar un lenguaje ancestral que mantuvo al hombre en equilibrio con la naturaleza durante miles de años».

– Le imagino como una especie de indio sioux, acariciando la tierra y oteando el horizonte de forma misteriosa...

– Bueno, usted y yo tenemos muchas cosas en común: los dos buscamos información fresca y actual. En mi caso, la busco en el medio natural, leo entre líneas e infiero una serie de conclusiones con el objetivo de encontrar un animal.

– No sólo busca huellas, entonces.

– No, si te limitas a seguir huellas no avanzas, lo que buscamos es información: hay que prestar atención a los detalles, tener un conocimiento de la fauna a la que sigues y del terreno en el que te estás moviendo. La huella te pone sobre la pista, pero tus conocimientos y la capacidad de sacar conclusiones es lo que te lleva al animal.

– Por ejemplo...

– Si es por la mañana y hace mucho calor, hay que revisar los puntos de agua, porque el animal tiene que beber, y después buscará una zona de sombra. Si hay obras que producen ruido, ya sabes que ahí no vas a encontrar al bicho.

– También habrá que saber mirar...

– Sí, y usando la visión periférica, que consiste en mirar de derecha a izquierda, para enfocar a distancias diferentes. Si lo hacemos de izquierda a derecha sólo enfocamos de cerca, porque es la rutina que seguimos para leer. Esto me lo enseñaron los bosquimanos en el desierto del Kalahari.

La lección de los bosquimanos

– ¿Qué más aprendió con ellos?

– El sentido de la obviedad, por ejemplo. ‘¿Cómo distinguís la huella del león macho de la de su hembra?’, les preguntaba yo. Y no sabían explicármelo porque para ellos era tan obvio... Hasta que me lo mostraron sobre el terreno. También me di cuenta de que en las comunidades de cazadores y recolectores no hay alzhéimer, porque es gente que está usando el cerebro continuamente, procesando información sin parar.

– Como policías científicos...

– Es que el rastreo está en el origen de la ciencia e incluso del arte. De todos modos, lo primero que aprende a decir un rastreador es ‘no sé’. Equivocarse y rectificar forma parte del proceso, saber que cuando sigues un rastro lo vas a perder y tienes que poder retomarlo.

– Rastreo y hambre van unidos, ¿no?

– Claro, porque rastrear es buscar proteínas en movimiento. De hecho, el rastro es el lugar donde se vendía la carne en los pueblos antiguamente. El origen del rastreo está vinculado a climas extremos, donde el medio físico facilita el seguimiento de la poca caza que puedas encontrar. Piensa en un desierto, o en una gran superficie nevada.

– ¿Hay animales más fáciles que otros para rastrear?

– Los mamíferos en general, y los felinos en particular, son fáciles porque tienen rutinas fijas. Un zorro deja cuatro huellas por metro, luego en un kilómetro deja 4.000. Hay otros animales que tratan de engañarte, como las liebres, que saltan a derecha o izquierda para falsear su rastro cuando detectan olores de zorros o perros. Luego, hay animales que utilizan los caminos y senderos, pero otros abren sus propias trochas, como los jabalíes y los ciervos.

– ¿Es necesaria una habilidad especial, o cualquiera puede seguir la pista de un animal?

– Para rastrear sólo necesitas el cerebro. O sea, tu cabeza y un poco de agua si va a hacer mucho calor, además de unos conocimientos básicos de fauna y del terreno que pisas. Lo demás es interpretar correctamente los signos que nos encontramos en la naturaleza. Se puede aprender, claro, pero requiere un esfuerzo. Y se puede entrenar en cualquier momento.

– ¿En cualquier momento?

– Puedes ensayar con tu perro, si tienes, en un sustrato fácil, como una playa:vas dando una vuelta en círculo y después puedes comprobar dónde ha saltado, en qué lugar se tumbó...

(Publicado en 'La Verdad' el 23 de febrero de 2011)


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