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La Región funde los plomos
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08.02.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Panorámica de la ciudad de Murcia desde la Fuensanta, donde destacan la Torre Godoy (i) y la Catedral (d). :: JUANCHI LÓPEZ

Murcia es la comunidad autónoma donde más crece la contaminación lumínica, según un estudio de la Universidad Complutense

Hay lugares de la Región donde nunca se hace de noche si consideramos los potentes focos, bombillas o farolas que los mantienen iluminados, en muchos casos innecesariamente, cuando el sol se pone. La contaminación lumínica ha aumentado de forma imparable durante las últimas dos décadas en España, en consonancia con el desarrollo urbanístico, y Murcia, Alicante y Valencia lideran la clasificación. La Región, en concreto, es la comunidad autónoma donde más ha crecido la contaminación lumínica desde 1992, según un estudio del Departamento de Astrofísica y Ciencias de la Atmósfera de la Universidad Complutense, el único equipo científico de España –y uno de los tres a nivel mundial– que hace este tipo de mediciones. El informe que señala a la Región como gran derrochadora ha sido dado a conocer en diferentes foros científicos durante los últimos meses, y ahora circula por las redes sociales y webs especializadas.

Los datos recogidos por este equipo de investigación señalan que la Región de Murcia emite más contaminación lumínica que la provincia de Sevilla, por ejemplo, que tiene un tercio más de población, «aunque no existe una relación directa entre luminosidad y consumo energético», explica el investigador Alejandro Sánchez de Miguel, miembro de este grupo de estudio.

¿Cómo se mide la contaminación lumínica? Para obtener un resultado lo más fiable posible se cruzan tres datos: las estadísticas de consumo del Ministerio de Industria, un informe emitido por la Unión Europea y las mediciones por satélite de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA son sus siglas en inglés), una agencia científica del Departamento de Comercio de Estados Unidos.

«Murcia es un caso particular», explica Alejandro Sánchez, «ya que los datos del ministerio están claramente equivocados; si nos fiamos de ellos, en toda la Región de Murcia nos sale un consumo menor que el de la ciudad de Melilla. Según el ministerio, el consumo de Murcia en 2007 es de 90.141 Mwh (megavatios por hora), casi la mitad de lo que nos indican las imágenes de satélite». El error consiste en que el ministerio sólo contabiliza el alumbrado público con tarifa específica, cuando hay muchos municipios que pagan por volumen de consumo.

Por eso son más fiables los datos del satélite, asegura el investigador, según los cuales el consumo eléctrico más probable para la Comunidad Autónoma es de entre 200.000 y 150.000 Mwh, cuando la media nacional es de 170.000. En nuestro entorno más cercano, Alicante emite a la atmósfera casi tanta luminosidad como Barcelona, con el tercio de su población, y el área metropolitana de Valencia, con la mitad de población que la provincia catalana, la supera en contaminación lumínica. En el resto de Europa, Italia y Portugal acompañan a España en el ranking de los países que emiten excesiva e innecesaria luminosidad. Más números: en España se utilizan 116 kilovatios/hora por habitante, mientras que en Alemania, con el doble de población, sólo 48. Murcia está en la media nacional.

Hasta aquí, los datos; y a partir de aquí, el análisis y las consecuencias: ¿es grave la contaminación lumínica? Los expertos cada vez le dan mayor importancia, pues, además del derroche innecesario de electricidad –una energía cada vez más cara, por cierto–, los cielos quedan sin visibilidad y se producen determinados efectos negativos sobre el medio ambiente, como la desorientación de algunas especies de aves, la desaparición de las luciérnagas y la proliferación de plagas de mosquitos, además de la alteración en el sueño de las personas. Otro efecto pernicioso en el medio natural: la producción eléctrica es generada en una buena parte por la quema de combustibles fósiles, con la consiguiente emisión de dióxido de carbono (CO2).

¿Por qué España emite tanta contaminación lumínica? Según los expertos, por un afán creciente de iluminarlo todo –incluso espacios públicos por los que apenas se transita– y porque utilizamos las farolas más potentes de toda la Unión Europea. Aunque durante los últimos diez años se han hecho avances en la sustitución de luminarias, el modelo de farola que predomina es el de tipo globo, con una eficiencia de entre el 6% y el 12%. Hay sistemas de iluminación que llegan al 100%, pero en España las más eficaces no pasan del 50%.

Una medida tan sencilla como reducir a la mitad la potencia de las lámparas supondría un ahorro del 50% en electricidad, algo que además tendría un impacto de sólo el 25% en la sensación visual. El grupo de estudio de la Universidad Complutense ha observado que cada vez se renuevan más farolas, pero conservando las luminarias deficientes, por lo que recomienda todo lo contrario: cambiar sólo las bombillas y mantener la estructura, que se lleva el 90% del presupuesto.

Apagar espacios públicos

Los expertos de la Complutense aportan consejos tan sencillos, prácticos y razonables como situar las farolas por encima de la calle, desechar totalmente las que emitan también la luz hacia el cielo, apagar durante la noche espacios públicos cerrados y generalizar el uso de temporizadores que ajusten el encendido a la puesta real del sol.

Alejandro Sánchez considera paradójico que el Ministerio de Industria insista con campañas de ahorro energético dirigidas a los ciudadanos (¿recuerdan a Pepe Reina y David Villa apagando el interruptor?) cuando son las administraciones públicas las que más gastan.

La dispersión legal tampoco ayuda, ya que se superponen normas nacionales y estatales, algunas de ellas de gran ambigüedad. El consejo de los expertos de la Complutense es aprobar normas estrictas y seguir el ejemplo de otros países europeos, como Reino Unido, que ha aprobado una ley estatal y ha decidido apagar las autopistas.

La ley regional contra la contaminación lumínica, metida en un cajón

La Comunidad Autónoma hizo un intento de liderar a nivel nacional la lucha contra la contaminación lumínica con un proyecto de ley elaborado cuando era consejero de Desarrollo Sostenible Benito Mercader. Según publicó este periódico entonces, estaba previsto que esa ley se aprobara en septiembre de 2008 para comenzar a ser aplicada a finales de ese mismo año. A día de hoy, permanece guardada en un cajón.

Esta ambiciosa norma, cuya tramitación desveló en junio de 2008 el periodista de ‘La Verdad’ Julián Mollejo, iba a ser una de las primeras de este género en España porque imponía importantes restricciones en el alumbrado público, de tipo técnico y también en cuanto a franjas horarias, con el objetivo de conseguir un ahorro de hasta el 50%.

La consejería reconocía que la Región es una de las comunidades más afectadas por la contaminación del alumbrado público y publicitario, e incluso señaló los puntos negros: área metropolitana de Murcia, Alcantarilla, Mar Menor, Cartagena y comarca, Lorca, Totana y Yecla

El director general de Planificación, Evaluación y Control Ambiental, Francisco Espejo, ha eludido explicar a ‘La Verdad’ por qué no se aplica aún esta ley, pese a las numerosas llamadas que se le han realizado desde hace un mes y medio.

«Ya no podemos ver las estrellas»

«Nos perdemos entre el 70% y el 80% del cielo, ya no podemos ver las estrellas», se lamenta Sebastián Escudero, presidente de la Agrupación Astronómica de la Región, muy crítico con la excesiva iluminación ornamental que se impone en la mayor parte de los municipios de la Región: «Los ayuntamientos han asociado la iluminación con el progreso, y eso nos lleva a iluminar zonas donde ni siquiera se ha construido, como ocurre en mi pueblo, Roldán».

¿Qué se puede hacer, entonces? Según Sebastián Escudero, es absurdo colocar las farolas tan cerca unas de otras, y además de tanta potencia. «Los ayuntamientos tienden a poner mucha potencia, y tener la luz encendida demasiadas horas, cuando a partir de las doce de la noche casi nadie transita por la calle. Afortunadamente –añade Escudero–, ya no se ilumina hacia arriba y se están sustituyendo las luminarias de vapor de mercurio, las clásicas farolas de globo, por otras de vapor de sodio, de color naranja. Tenemos que ser consecuentes y sostenibles –añade– porque no necesitamos tanta luz».

 Junto con la excesiva iluminación de los espacios públicos en la Región, los aficionados a la astronomía se enfrentan además con el agravante de la alta humedad relativa del aire en Murcia, que dificulta aún más la observación de las estrellas. «Ahora, a simple vista, vemos fácilmente un máximo de 20 estrellas, cuando antes contábamos 500». Por eso, Escudero considera «pequeños tesoros» las «bolsas de cielo oscuro» del Noroeste y el Altiplano, que se cuentan entre las mejores zonas de la península para observar el cielo.


 (Publicado en 'La Verdad' el 8 de febrero de 2011)
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