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23.01.11 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Dos cachalotes en aguas de Cartagena, con Escombreras al fondo. :: P. GARCÍA/ANSE

El litoral de la Región, especialmente el área de Cabo Tiñoso, es un importante refugio de cetáceos en el Mediterráneo. Los últimos censos revelan datos sorprendentes

Todo comienza con un bufido potente y sostenido, al que sigue una estela de agua que se desploma suavemente sobre el mar. Entonces el enorme cuerpo surge ante nosotros, oscuro y misterioso, y no tenemos más remedio que recordar la legendaria frase inicial de ‘Moby Dick’: «Llamadme Ismael. Años atrás –no importa cuánto hace exactamente–, con poco o ningún dinero en mi bolsillo y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que podría navegar por algún tiempo y visitar la parte acuática del mundo». A quien alguna vez ha contemplado este espectáculo le resulta imposible no sentir una sacudida parecida a la que experimentó Herman Melville, tan fuerte que le llevó a instalar en el imaginario global el mito de la ballena como bestia fabulosa.

‘Moby Dick’ era un perfecto misil de sangre caliente que se sumergía a más de 2.000 metros de profundidad para cazar calamares gigantes, un cachalote como los que pueden verse con cierta frecuencia en la costa de Cartagena, junto con una notable variedad de mamíferos marinos que convierten el litoral de la Región en uno de los refugios de cetáceos más importantes del Mediterráneo, algo que desconoce el común de la población. También rorcuales, pero sobre todo calderones –comunes y grises– y delfines listados, comunes y mulares llevan una vida secreta a escasos metros de la costa. Tan cerca que a veces, con un poco de suerte, pueden ser avistados con prismáticos.

Bueno, lo cierto es que sus andanzas no son tan secretas. Desde hace años, la Asociación de Naturalistas del Sureste (Anse) estudia estas poblaciones de cetáceos para conocerlos mejor: cuántos son y de qué especies, cuándo y dónde se desplazan, cómo se alimentan y se relacionan entre ellos, cuántos años viven y qué peligros les acechan.

Este trabajo, realizado desde su velero ‘Else’ y con distintos socios a lo largo de todo este tiempo –Alnitak, Sociedad Española de Cetáceos, Fundación Biodiversidad y Comunidad Autónoma–, ha permitido trazar un mapa con la distribución de las siete especies de cetáceos –ver gráfico superior– que conviven en las aguas meridionales de la Región –Cartagena, La Unión, Mazarrón, Lorca y Águilas–, declaradas Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) por las poblaciones de delfín mular. La más extensa superficie de LIC para esta especie en las costas españolas, por cierto, pese a lo cual no hay ningún plan de gestión elaborado hasta el momento.

Es difícil cuantificar con exactitud cuántos ejemplares hay de cada especie, aunque las diferentes campañas de avistamiento de Anse, que abarcan la línea de costa entre el sur de Alicante y Garrucha (Almería), sí permiten establecer un mínimo en las de mayor presencia: según explica el director de Anse, Pedro García, se ha identificado a 250 delfines mulares, 150 calderones comunes y más de 50 calderones grises. Anse advierte de que es posible que la población de calderones comunes sea incluso más numerosa.

También sorprenden algunos datos sobre los delfines mulares, un tipo de cetáceo en el que han apreciado mucha competitividad, incluso agresividad entre ellos, lo que se refleja en las marcas que dejan en sus aletas dorsales las frecuentes peleas. Unas señales tan características que les identifican perfectamente, y que son la principal referencia para censarlos. Es un animal salvaje y fuerte, que aprovecha todo y que, casi desaparecido el tiburón de las costas de la Región, se ha convertido en su principal depredador.

Pero quedan preguntas sin responder, claro, como su movilidad en el área estudiada y sus movimientos migratorios: «Debe tenerse en cuenta que el ámbito de distribución de las diferentes especies es muy variable. Las hay que viven todo el año en nuestra costa, como ocurre con las tres especies de delfines y las dos de calderones, y las que tan sólo se observan en determinadas épocas o durante pasos migratorios, como ocurre con el rorcual común y el cachalote», explica Pedro García. «Además, la movilidad de las diferentes especies es muy variable. En el caso de los calderones comunes, probablemente se muevan habitualmente por áreas de pocos kilómetros cuadrados, mientras que delfines listados y comunes tal vez se desplacen a mayores distancias. A menudo, otros grupos de cetáceos de mar abierto se aproximan a la costa, relacionándose con las manadas más costeras». Estas incógnitas pueden quedar resueltas en una nueva fase de estudio, que Anse iniciará próximamente bajo la coordinación de Circe (Conservación, Información y Estudio sobre Cetáceos), y que consiste en el marcaje por satélite de dos calderones comunes: una pequeña flecha equipada con una antena, disparada con un fusil y alojada bajo la aleta dorsal, enviará cada hora datos de localización, profundidad e incluso de la temperatura del agua. Esta sofisticada tecnología permitirá el seguimiento de sus movimientos durante un mes con total exactitud, lo que revelará datos importantes que ayudarán a conocerlos mejor y, por tanto, a protegerlos más eficazmente.

Esta es la cuestión: proteger a los cetáceos, que son termómetros fiables del estado de salud de nuestros mares. En la cima de la cadena alimenticia, cualquier agresión a su medio vital les afecta, por lo que la contaminación por hidrocarburos, la sobrepesca y la presencia de miles de toneladas de bolsas de plástico están causando la regresión de sus poblaciones en el Mediterráneo.

Por eso, insiste el geógrafo Pedro García, es tan importante la protección como reserva marina de las aguas que rodean a Cabo Tiñoso, un pequeño santuario para los cetáceos debido a sus especiales características geológicas: la plataforma continental es aquí especialmente estrecha, de forma que se abren grandes cañones submarinos muy cerca de la costa, algunos a más de 2.000 metros de profundidad, donde se reproducen y alimentan muchas de sus presas. Los cañones son también un hábitat muy importante para el nacimiento de las crías de los calderones.

«El establecimiento de medidas de protección y conservación de parte del hábitat de distribución de estos animales en nuestro litoral, especialmente en las áreas de cañones submarinos como las situadas frente a Cabo Tiñoso, evitando o regulando adecuadamente determinados aprovechamientos humanos, especialmente las maniobras militares con uso de explosivos y la pesca de arrastre, constituye una herramienta necesaria que requiere de la colaboración de las administraciones estatal y autonómica, y de la comprensión de entidades como la Armada Española y colectivos que dependen directamente de estas áreas, como los pescadores», opina el director de Anse. «Los beneficiados no serán tan sólo los delfines y cachalotes, sino que el beneficio también repercutirá en otras actividades como el turismo o la misma actividad pesquera que se desarrolla en sus proximidades, como se ha demostrado ya en otros muchos lugares del planeta, sin ir más lejos, la misma reserva de Cabo de Palos-Islas Hormigas», añade.

Sólo 300 hectáreas

Precisamente, mañana es un día importante para el futuro de este refugio de cetáceos, ya que la Consejería de Agricultura ha citado a las diferentes instancias implicadas para comunicarles su propuesta de reserva marina en Cabo Tiñoso. La intención de la Comunidad Autónoma, como avanzó ‘La Verdad’ el sábado pasado, es proteger una extensión de sólo 300 hectáreas, frente a las 21.868 que propuso en julio de 2009, cuando se inició el proceso de estudio y consultas que está a punto de cerrarse ahora con la enorme decepción de las principales organizaciones conservacionistas, que culpan a las presiones de la Armada, la Autoridad Portuaria, el Ayuntamiento de Cartagena y los empresarios de la comarca. El documento técnico que sustentaba esa ambiciosa propuesta inicial de la consejería incluye los datos de avistamientos recopilados durante años por Anse y la Sociedad Española de Cetáceos.


 (Publicado en 'La Verdad' el 23 de enero de 2011)
Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Antonio J. Garcia, enero 24, 2011
Es increíble que tengamos tanta riqueza frente a nosotros y no queramos conservarla. Voy a tener que convencer a algún amigo y dar una vuelta por la zona en barco, debe ser espectacular ver tanta fauna.

Un saludo.

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