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Una tierra mora, fresca y verde
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29.12.10 - Miguel Ángel Ruiz
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Acuarela de Antonio Martínez Mengual.

La Fundación Cajamurcia publica 'La vega de las norias', un paseo artístico y literario por el Valle de Ricote

No se queda uno tan tranquilo después de leer, mirar y remirar 'La vega de las norias. Cieza y el Valle de Ricote', el libro que acaba de publicar la Fundación Cajamurcia con textos de Paco Nadal, ilustraciones de Antonio Martínez Mengual y fotografías de Carlos Moisés y Paloma Zamora. De eso nada. Lo que hace uno inmediatamente después es tomar notas, trazar planes, planificar la manera de ver -¡y tocar!- todo lo que atesoran esas 176 páginas.
¿No es eso el Valle de Ricote para quienes lo conocen y lo aprecian, un tesoro? Así han tratado a este rincón de la Región los autores de la obra, que han recorrido la vega del Segura, de Archena a Cieza, para trazar un retrato emocionante del paisaje al que el poeta Vicente Medina se refirió como «esta mora tierra mía». En 'La vega de las norias' se derraman todos los ingredientes que hacen del Valle de Ricote un muestrario vivo y palpitante de la naturaleza y las tradiciones. No hay mejor descripción que la de Paco Nadal en las primeras líneas: «Existe, en un rincón de la Región de Murcia, un paisaje sacado de un belén navideño o de un desierto oriental. Un lugar donde las almunias, las acequias, las palmeras y los azarbes dibujan una lengua verde y sinuosa que contrasta con las laderas ocres y calcinadas del valle que las circunda. Todo bajo una bóveda celeste siempre azul, siempre luminosa (...). Ese lugar es la Vega Media del Río Segura, entre Archena y Cieza, el valle morisco, el edén soñado, uno de los últimos retazos de huerta murciana tal y como la conocieron nuestros abuelos». Amén.
El agua como permanente seña de identidad, los ingenios hidráulicos, los vestigios arqueológicos, las fiestas y las celebraciones religiosas ordenan en el texto de Paco Nadal una realidad que podemos disfrutar hoy mismo de una forma muy parecida a como se mostraba hace cientos de años. El paisaje -sobre el que sobrevuelan amenazas, mucho ojo- apenas ha cambiado. Por eso sigue asombrando tanto el parecido de esta vega generosa y la trama urbana de algunos de sus pueblos -Ojós, Ricote y Blanca, sobre todo- con estampas marroquíes del Atlas o el valle del Rif.
Las fotografías de Carlos Moisés y Paloma Zamora reflejan bien esta condición de gran oasis que es el Valle de Ricote, donde las palmeras conviven con frutales, cañaverales, olivos y cipreses en un lienzo vegetal tan armónico que parece haber inspirado los versos de Ibn Jafaÿa incluidos en el libro: «¡Oh, habitantes de al-Andalus, qué felicidad la vuestra al tener sombras, ríos y árboles!». Esa naturaleza gozosa vibra igualmente en las acuarelas de Antonio Martínez Mengual, que ha perseguido con su pincel norias, pájaros, castillos, ranas y los reflejos de las palmeras en el río.
'La vega de las norias' aporta también fotografías antiguas que nos permiten conocer el rostro de las personas que han vivido, sufrido y gozado en esta tierra, y a las que en parte se debe que hoy podamos conocerla casi intacta.
Con este viaje al «último reducto morisco de España», como recuerda en el prólogo Carlos Egea, la Fundación Cajamurcia cierra una trilogía de libros de coleccionista editados con motivo de las fiestas navideñas y que se completa con 'La laguna mágica. Mar Menor' y 'Caravaca, tierra de luz', publicados en años anteriores.

 (Publicado en 'La Verdad' el 29 de diciembre de 2010)
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