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La cabra montés se extiende a sierras de Cieza, Calasparra, Ricote y Lorca
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09.02.08 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Una pareja de cabras monteses descansa sobre un cortado rocoso, su hábitat natural.

La especie se recupera y reconquista espacios naturales en los que había desaparecido hace más de cien años

La cabra montés ha iniciado una lenta reconquista de sus hábitats históricos en los montes de la Región. Arrinconada en las cumbres más inaccesibles del Noroeste durante las últimas décadas, la especie se ha recuperado y comienza a ocupar territorios de donde había desaparecido hace más de un siglo: cada vez son más numerosos los testimonios de agentes forestales, cazadores y excursionistas que han avistado ejemplares en sierras de Cieza (Almorchón y Cabeza del Asno), Calasparra (sierras del Molino, El Puerto y San Miguel), en incluso en la Sierra de Ricote.

La progresión de la cabra hispánica ha sido tal que incluso ha llegado hasta las sierras lorquinas del Cambrón y Pedro Ponce, muy cerca de Mula y Bullas y a las puertas de Sierra Espuña, donde conviven con los arruis, la especie invasora introducida hace casi cuarenta años con fines exclusivamente cinegéticos y que se ha extendido ya a casi todas las zonas montañosas del centro y el Noroeste murcianos.

Convivencia con el arrui

Es una evidencia que la cabra montés es ahora más numerosa y está mejor distribuida en las zonas montañosas del Norte y Noroeste de la Región que en el siglo pasado, hasta el punto de que ha conseguido ganarle terreno al arrui por primera vez en casi cuarenta años.

Por el momento, los rebaños de cabras monteses no han conseguido desplazar a los arruis -o al menos no ha podido constatarse todavía-, sino que han conseguido adaptarse a sus vecinos -originarios del Atlas marroquí- y conviven en los mismos espacios: las cabras montesas, con menos movilidad, ocupan las zonas más altas de la sierra, buscando vistas despejadas, mientras que los arruis se instalan en diferentes niveles de altitud e incluso de cobertura vegetal, y no dudan en acometer largos desplazamientos.

Esta gran fortaleza del arrui ha propiciado su amplia expansión por zonas montañosas de la Región, hasta donde ha llegado procedente de la reserva de caza de Sierra Espuña: si hace unas décadas sólo se le podía encontrar en este parque regional, su presencia es ahora continua en las sierras del Gigante y Culebrina (Lorca), donde comparte terrenos con la cabra montesa; en otros montes lorquinos como Tercia, Cambrón y Pedro Ponce; y también en Mula, Bullas y Cehegín (en la Sierra de las Cabras y Burete, donde también coexisten las dos especies). Ya hay quien ha visto ejemplares en el Nevazo y Peñarrubia (Caravaca) e incluso en Moratalla.

Mayor vigilancia

¿Cómo se explica la sorprendente recuperación de la cabra montesa? Según diferentes expertos consultados, fundamentalmente por la mayor protección y vigilancia de los espacios naturales y una disminución del furtivismo (aunque esta lacra, muy arraigada socialmente en el medio rural, aún persiste).

Lo cierto es que la actual situación de expansión contrasta con las graves crisis que se vivieron el siglo pasado, cuando casi se dio por extinguida a la cabra hispánica en la Región. La caza incontrolada, el furtivismo y una fuerte epidemia de sarna convirtieron a los machos hispánicos en fantasmas de las cumbres.

Dos arruis por cada cabra montés

Las cifras no son exactas, pero sí permiten concluir que, actualmente, viven en la Región el doble de arruis que de cabras monteses. El Servicio de Caza y Pesca de la Consejería de Desarrollo Sostenible calcula que el número de cabras hispánicas es ahora de unas 1.000, por 2.000 el de arruis. ¿Cómo se calculan estas cifras? Por el método del avistamiento directo, y multiplicando después por dos la cantidad obtenida.

Este sistema puede ocasionar variaciones arriba o abajo, pero el resultado final se ajusta bastante a la realidad. El censo anual de cabra montesa, que se realiza siempre en otoño a cargo de los agentes forestales, concluyó este año con 497 ajemplares avistados, lo que permite suponer que hay alrededor de mil monteses. Por lo que respecta al arrui, Juan de Dios Cabezas tiene el dato de la reserva de caza casi al detalle -unos mil ejemplares-, y calcula que en el resto de la Región pueden vivir otros mil, con lo que su número doblaría al de cabras hispánicas.

Saltar la valla

La Consejería de Desarrollo Sostenible está muy atenta a la progresión de la cabra y a su interacción con los arruis o muflones del Atlas, pues todo hace suponer que las montesas seguirán avanzando hacia el centro de la Región, mientras que los mamíferos africanos también van entrando poco a poco en el Noroeste.

Los técnicos de la Consejería están muy pendientes de lo que pueda pasar en Sierra Espuña, donde por ser reserva de caza habría que vigilar con mayor cautela la convivencia entre ambas especies. «La reserva está vallada, aunque la cabra podría acceder y quizá no haya ningún problema, aunque es pronto para saber qué decisiones se pueden tomar».

El jefe del Servicio de Caza señala que los espacios naturales que dan cobijo ya a arruis y cabras monteses servirán de prueba para saber qué decisiones hay que tomar en Espuña. Hasta el momento se procuraba que cabra y arrui no entraran en contacto, y se adoptó la autovía del Noroeste como frontera artificial: al sur de la carretera, los muflones del Atlas, y al norte los machos monteses, de tal manera que cualquier arrui que traspasara los límites era abatido. Con las cabras hubo permisividad y han aprovechado su oportunidad.

«Estamos encantados, y lo lógico es protegerla»

La Consejería de Desarrollo Sostenible está siguiendo con interés el inesperado resurgimiento de la cabra montés: «Estamos encantados, y lo lógico es protegerla porque es la especie autóctona de la Región», asegura Juan de Dios Cabezas, jefe del Servicio de Caza y Pesca de la Comunidad Autónoma. «La cabra hispánica es la que está más adaptada ecológicamente a los espacios naturales, así que vamos a apoyar su recuperación, claro».

Juan de Dios Cabezas compatibiliza la jefatura del Servicio de Caza y Pesca con la dirección del parque regional de Sierra Espuña, donde fue introducido el arrui hace casi cuarenta años y desde donde se ha extendido a casi todas las sierras del norte de la Región. Por eso conoce bien los problemas que pueden originarse en el caso de que ambas especies comiencen a disputarse los mismos terrenos: «Esa es la eterna duda, es una cuestión difícil de resolver. Las cabras monteses y los arruis entran en competencia por el territorio y el alimento, y quizá sea pronto todavía para decir qué vamos a hacer».

Las cabras monteses ya están casi en Sierra Espuña, pues el mismo Juan de Dios Cabezas admite haberlas visto en Pedro Ponce, al norte del parque regional, aunque en el Servicio de Caza y Pesca tienen claro que el arrui no será erradicado, como han pedido reiteradamente los grupos ecologistas debido a su origen foráneo. «La sustitución del arrui por la cabra montés es compleja, incluso socialmente. Es un asunto cerrado que ni nos planteamos», señala.

(Publicado en 'La Verdad' el 9 de febrero de 2008)

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