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Juan López de Uralde: «A los vecinos de La Manga les pido que se unan contra el cambio climático; la subida del nivel del mar no nos la hemos inventado nosotros»
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13.02.10 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Juan López de Uralde (San Sebastián, 1963). ESTEBAN COBO

«El problema del agua no va a tender a solucionarse, sino a agravarse» «No uso coche ni aire acondicionado, aunque tengo mis pecados ecológicos», admite Juan López de Uralde.

La civilizada Dinamarca le puso hace justo dos meses en el trance más difícil de su vida. Vestido de esmoquin, se coló en la cena de gala de la Cumbre del Clima de Copenhague y consiguió desplegar un cartel con el lema "Los políticos hablan, los líderes actúan". La foto dio la vuelta al mundo, pero le amargaron la Navidad.

Juan López de Uralde, director de Greenpeace España, fue encarcelado junto con otros activistas y puesto en libertad 21 días después. Casi un mes de prisión preventiva. En libertad con cargos y a la espera de juicio -le pueden caer hasta siete años-, el martes pronuncia en Murcia (Aula de Cultura de Cajamurcia) la conferencia "Después de Copenhague. La necesidad de un nuevo modelo energético".

-¿Cuál es el modelo energético que propone Greenpeace?

-Ahora estamos en un momento de crisis en muchos ámbitos; una de estas crisis es la ambiental, provocada por la actividad humana y en concreto por el modelo energético que tenemos desde la Revolución Industrial, y que se basa en la quema de combustibles fósiles. Si realmente queremos salir de este lío en el que estamos hay que cambiar de modelo energético. Nuestro planteamiento es que hay otras fuentes de energía, como la solar. Lo hemos estudiado y creemos que es técnicamente factible cambiar el modelo. Y además sería socialmente más favorable. Sólo es cuestión de voluntad política.

-¿Pese a los problemas de almacenamiento de estas fuentes alternativas de energía?

-Cualquier modelo tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Las energías renovables han avanzado mucho en los últimos diez años, por lo que aún se puede mejorar la eficacia de estas fuentes de energía. Hay estrategias tecnológicas suficientes para superar esas dificultades.

-Y las centrales nucleares, ¿hay que cerrarlas?
-Nosotros lo tenemos claro, y un discurso muy coherente. Los residuos nucleares son un problema muy grave. Somos antinucleares y abogamos por el cierre progresivo de estas instalaciones cuando vayan cumpliendo su vida útil. Es un planteamiento realista y factible.

-¿Y qué le sugiere la carrera entre ocho pueblos españoles para albergar un cementerio nuclear?


-Hay algunos candidatos que responden a la realidad triste del mundo rural español, con pueblos muy pobres que tratan de asirse a la oferta económica como una tabla de salvación. Pero las instalaciones nucleares lo que hacen es alejar otras posibilidades económicas. Y luego están otros municipios "nuclearizados", como Ascó o Yebra, que ya están en un callejón sin salida. En ambos casos vemos la tentación de la gran cantidad de dinero con la que el Gobierno quiere comprar la voluntad de un pueblo.

-¿Es tan difícil contener dos grados la temperatura media del planeta, como se ha intentado sin éxito en la Cumbre de Copenhague?

-Es que para eso hay que cambiar de modelo energético. Los líderes mundiales han reaccionado muy rápido ante la crisis financiera pero no ante la crisis ambiental. Esto es un escándalo de grandes dimensiones que todavía no hemos sido capaces de valorar en su justa medida. También hay que hacer un poco de autocrítica, porque esto les ha salido demasiado barato; el fracaso de la Cumbre de Copenhague no ha supuesto un coste político para los dirigentes y esto es realmente grave.

-¿Cree que es posible reducir las emisiones de CO2 en un 30% para 2020, como se propone la Unión Europea?

-Yo creo que es perfectamente posible, de hecho es un compromiso que se puede alcanzar sin medidas adicionales, y por eso habría que ir a por metas más ambiciosas. Una reducción del 30% sólo requeriría cambios menores en la producción y utilización de la energía.

-Imagino que está harto de que le hagan esta pregunta: ¿y yo qué puedo hacer para frenar el cambio climático?

-Yo, después de lo que pasó en Copenhague, he cambiado mi reflexión acerca de esto; pienso que tenemos que dar un paso más para actuar colectivamente. Vista la falta de liderazgo que han demostrado los líderes mundiales, creo que la sociedad debe movilizarse. Lo local toma una nueva importancia en este escenario por la dificultad de los líderes de alcanzar un acuerdo global. Es el momento de retomar esta cuestión desde entidades menores, como comunidades de vecinos o ayuntamientos, para generar cambios desde la base.

-Y usted, ¿cumple a rajatabla los "mandamientos domésticos sostenibles", como usar el transporte público, no poner el aire acondicionado, reciclar hasta el último residuo, comer poca carne?

-No tengo coche, tampoco aire acondicionado e intento reciclar; tengo los cubos separados y la pelea por el reciclaje que se vive en toda familia española; no soy vegetariano, y también tengo mis pecados ecológicos, que no escondo. Esto es un camino complicado. Mi contradicción más importante es la de los viajes; por mi trabajo tengo que viajar mucho, coger aviones...

-¿Cómo tratamos los españoles a la naturaleza: somos insolidarios, más o menos responsables, guarretes?

-Últimamente hay cosas muy positivas, como la reacción de los españoles ante el accidente del "Prestige", que fue algo impresionante, sin precedentes. Cuando yo estuve encarcelado en Copenhague hubo un movimiento de solidaridad que fue muy envidiado por los colegas de allí. Yo creo que no hay que enfocar esto siempre desde la negatividad. En el tema ambiental hemos llegado más tarde que otros países, y eso ha tenido consecuencias muy graves, como la degradación del litoral.

-¿Es partidario de medidas como la circulación restringida de los vehículos, subir el precio de la electricidad o el agua, poner un tope al consumo?

-Hay medidas que sólo van enfocadas a obtener mejoras puntuales y que no van a la raíz, como la circulación alterna de los coches según la terminación de las matrículas; en Greenpeace creemos que tiene más sentido asumir realmente los costes ambientales de muchos productos que consumimos mediante el precio o subidas fiscales.

-Murcia y Castilla-La Mancha se pelean por el trasvase: ¿de quién es el agua del Tajo?


-Este tema es importante y delicado. Se habla de eso pero no de algo más grave, como que en los últimos diez años, por el aumento de la temperatura, ha disminuido la escorrentía por los ríos españoles en un 15%, y no porque hayan disminuido las lluvias, sino porque hay más evaporación. Y este asunto, que es tan relevante, pasa sin pena ni gloria y la gente se dedica a hablar de si el agua es tuya o mía. Nosotros somos partidarios de una política de aguas que se haga dentro de las cuencas, aunque en el caso del Tajo entendemos que hay un trasvase en marcha que ha generado unos derechos y unos usos.

-¿Cómo resolvería el conflicto de la política hidráulica en España?


-Con la gestión de los ríos dentro de las cuencas y mejorando la eficiencia en la gestión del recurso. Hay que tener en consideración que vivimos en un escenario en el que el problema del agua no va a tender a solucionarse, sino a agravarse.

-¿Y qué hacemos con la costa de Murcia: dinamitamos la primera línea, nos concedemos un respiro, miramos hacia otro lado y seguimos construyendo?


-Lo primero sería salvaguardar los espacios libres que quedan en Murcia. En Murcia se da la paradoja de que hay espacios muy degradados junto a otros en muy buen estado de conservación. Sobre los espacios más urbanizados, habría que reflexionar muy seriamente sobre lo que se ha hecho y lo que puede pasar. Nosotros hemos insistido en eso y nos ha costado alguna persecución judicial. [Un juzgado de Madrid absolvió a Greenpeace en diciembre pasado en un proceso impulsado por un grupo inmobiliario a raíz de un fotomontaje difundido por la organización ecologista en el que mostraba La Manga inundada]

-En La Manga no es usted muy popular...

-Ahí ha habido un intento de manipulación, por eso pido a los vecinos de La Manga que se unan a la lucha contra el cambio climático, no contra Greenpeace, que no nos persigan por decir lo que va a pasar. Ha obedecido a intereses muy concretos, pero no al del futuro de La Manga del Mar Menor. La subida del nivel del mar no se la ha inventado Greenpeace.

-Imagino que conoce bien el Mar Menor y La Manga...

-Sí, claro, aunque hace tiempo que no voy.

-¿Y qué le parece?

-La Manga y el Mar Menor deberían haber sido un gran Doñana si se hubiera protegido en su momento. Una maravilla natural que desgraciadamente se ha convertido en lo que se ha convertido, y que ahora ya tiene difícil arreglo.

-En Águilas, en la Marina de Cope, se promueve el mayor complejo turístico de Europa en uno de los últimos tramos de costa virgen de España, que además hubo que desproteger previamente cambiando la ley. ¿Cómo lo ve?


-Este es uno de los elementos a los que me refería. Creo que no debería llevarse a cabo porque este tipo de proyectos son pan para hoy y hambre para mañana. En este contexto actual habría que limitar la construcción de nuevas ocupaciones de territorio litoral y salvaguardar lo poco que nos queda para utilizarlo como elemento de atracción, que es lo que demandan ahora los turistas.

«El esmoquin con el que me detuvieron en Copenhague está expuesto en un museo»

-¿Sabe ya por qué lo encarcelaron en Copenhague?

-Me lo sigo preguntando porque aún no hay una explicación. Precisamente acabamos de pasar un par de días juntos los cuatro activistas que fuimos encarcelados, y realmente tenemos una sensación de "1984", la novela de Orwell, con los teléfonos intervenidos, manifestaciones pacíficas en la calle... Pensábamos que vivíamos en una Europa del siglo XXI en la que los derechos fundamentales son una de sus señas de identidad.

-¿Se esperaba esto de un país nórdico, donde en teoría son tan civilizados y respetuosos con el medio ambiente?


-No, no me lo esperaba en absoluto, ha sido totalmente decepcionante y preocupante. Como sea éste el futuro de Europa, en el que no se reconoce el derecho de la ciudadanía a la protesta, a la discrepancia... Si esto se pone en cuestión, se pone en peligro la propia democracia.

-¿Volvería a hacerlo?

-No me he arrepentido. Hicimos lo que teníamos que hacer; de hecho, en Dinamarca hay un gran debate y nuestra acción ha trascendido ya nuestro objetivo, que era simplemente influir en la Cumbre del Clima, y está generando un debate sobre el respeto a los derechos humanos en Europa.

-¿Conserva el esmoquin? Estaba usted muy elegante...

-El esmoquin y el traje de noche de Nora han sido donados al Museo de la Ciudad, donde han abierto una sala especial sobre la Cumbre del Clima y el elemento estrella de la sala son nuestros trajes. Allí están como parte de la historia de la ciudad. Fueron muy rápidos en pedirlos, y se los dimos. No soy yo mucho de ponerme esmoquin [con ironía], y en cualquier caso era alquilado.

(Publicado en 'La Verdad' el 13 de febrero de 2010)
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