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Carlos Montes: «El modelo actual de conservación de la naturaleza es demasiado elitista»
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24.02.10 - LA VERDAD
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El catedrático Carlos Montes, en la Facultad de Biología de la Universidad Autónoma de Madrid. :: JAIME GARCÍA

El científico habla mañana en Murcia sobre el reto de mantener la biodiversidad en plena crisis económica y ecológica

Entiende Carlos Montes del Olmo, catedrático de Ecología en la Universidad Autónoma de Madrid, que es el momento de actuar, de tomar decisiones, de no seguir echando la culpa a los demás y de asumir protagonismo en un reto fabuloso que nos afecta a todos: cuidar como se merece, a veces por propio egoísmo, las diferentes formas de vida que se enredan en el apresurado ir y venir de los seres humanos.
Científico prestigioso y respetado, autor de teorías a veces incómodas, opina que la protección de la biodiversidad del siglo XXI no puede abordarse con métodos del siglo XX.

-Pues usted dirá...

-Necesitamos repensar el modelo de conservación de la naturaleza, ya que el actual es demasiado elitista, muy vinculado a la forma de pensar y actuar de determinados actores sociales, principalmente los científicos y los conservacionistas. Si a alguien le preguntan en la calle por el conservacionismo le hablará del oso, del lince, del águila imperial o del urogallo, pero han cambiado muchas cosas. Este periodo, de cambios rápidos, intensos y globales, está además marcado por la crisis, que obliga a tratar este asunto desde diferentes planos. La conservación tiene que ser cada vez más participativa.

-¿Y eso cómo se consigue?

- Tenemos que convencer a la gente de que proteger esas especies o esos territorios no es sólo un cosa elitista. Si no es así, ni por sacar más normativas ni por proteger más espacios estamos siento efectivos. Hay que romper la "amnesia ecológica" con estrategias de comunicación y de educación: la gente se cree que la deforestación de un bosque no le afecta y eso genera indiferencia.

-¿Serán las próximas generaciones más sensibles con la naturaleza? ¿Les dará tiempo?

-No podemos aprender el valor de las cosas cuando las perdemos; hay muchos lugares en el planeta donde se ha destrozado la naturaleza y después se han dado cuenta de que han perdido mucho más de lo que han ganado en términos monetarios o en incremento de renta per cápita.

-¿Es tan dramática la desaparición de una especie, cuando la historia natural es una sucesión de extinciones?

-Heráclito de Éfeso decía que "todo cambia, nada es". No podemos gestionar la naturaleza como si fuera una foto fija, pero el mantenimiento de la biodiversidad actúa como un colchón frente a perturbaciones y procura beneficios futuros. Por egoísmo, por propio bienestar, la conservación de las especies nos es útil.

-¿Vale la pena entonces destinar tantos recursos y esfuerzos a que no desaparezcan especies como el oso, el lince o el urogallo?

 -Yo no abogo por la defensa de una especie, sino por los invisibles, que son los vínculos que unen la biodiversidad con los sistemas en donde se desarrollan: todos esos procesos de la naturaleza que hacen que un bosque, un río o un litoral funcionen. Eso de coger un catálogo y decir: "esta especie sí y esta especie no...". Los recursos son escasos y tenemos que saber dónde los ponemos. El lince está ahí porque hay unos vínculos con el sistema donde se desarrolla.

-Le advierto de que en Murcia hay buenas noticias: las nutrias han regresado con fuerza al Segura y ya se les ha detectado a 12 kilómetros del centro de la ciudad.

-El hecho de que aparezca una sola especie quizá no sea suficiente, por mucho que la nutria sea considerada un indicador de la buena salud de los ríos. Además, el Segura no es sólo el agua, ni sólo el hábitat de especies emblemáticas, sino un capital natural que hay que gestionar como un todo.

-También tenemos noticias inquietantes, como la intención del Ayuntamiento de Cartagena de declarar urbanizable Cala Reona, junto a Calblanque. ¿No aprendemos?

-Otra vez la "amnesia ecológica" que te comentaba. Antes sería necesario un proceso participativo para saber qué se gana y qué se pierde. Se trata de saber qué beneficios genera esa playa, que servicios produce ese bien natural. Sería una necedad dar lugar a que las generaciones futuras se den cuenta del valor de esa playa cuando ya esté llena de edificios.

-¿Necesitan nuestros políticos darse una vuelta por países en teoría menos desarrollados para ver cómo se gestionan allí los recursos naturales?

-Sería triste que Murcia perdiera algunos de esos lugares excepcionales que tiene por confundir el valor con el precio. En América Latina hay una cultura de participación e implicación social en la gestión del patrimonio natural y cultural, algo que en España aún no ocurre. Pero muchas veces echamos la culpa a los políticos por no mirarnos a nosotros mismos.

-En este contexto, ¿tienen futuro iconos medioambientales de Murcia como la tortuga mora, el águila perdicera, el caballito de mar...?

-Lo importante es buscar una visión compartida entre todos los actores sociales implicados; si vamos a la dinámica de ganador y perdedor, siempre perderá la naturaleza. Enfrentar el conservacionismo con el crecimiento económico ha sido la línea del siglo XX, pero ahora hay que buscar líneas compartidas. Si la gente cree que la tortuga mora o el caballito de mar son una cuestión de capricho de científicos y conservacionistas, no conseguiremos nada.

(Publicado en 'La Verdad' el 24 de febrero de 2010)

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