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Más de 100.000 tortugas moras se arrastran por patios y jardines
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23.03.10 - MIGUEL ÁNGEL RUIZ
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Un ejemplar joven de tortuga mora, recogido en su hábitat natural, una zona de monte bajo mediterráneo. :: JOSÉ MANUEL VIDAL

Una investigación publicada por la Universidad de Murcia cuantifica por primera vez los ejemplares de esta especie amenazada que viven en cautividad en la Región

En Águilas, en Mazarrón o en Lorca, los recuerdos infantiles de varias generaciones se asocian a un patio con una o varias tortugas deambulando sin rumbo fijo. Llegaron a sus nuevos hogares tras ser recogidas directamente en el campo, compradas en algún mercado, en una tienda de animales, o regaladas por un vecino o familiar. Muchas de ellas han conocido a abuelos, hijos y nietos de la misma familia, que nunca se plantearon que la mascota que cuidaron durante tantos años fuera una especie en peligro.

Esta costumbre supone cada vez más una grave amenaza para estos quelonios -quizá el animal salvaje más singular y representativo de los espacios naturales de la Región-, pues la pérdida de su hábitat por la expansión urbanística y la construcción de grandes vías de comunicación ha diezmado y fragmentado sus poblaciones, que aún se mantienen como las más abundantes de la península.

¿Cómo se explica esta costumbre de tener tortugas moras en casa, una práctica que supone un delito desde que la especie está protegida por la ley? Tres profesores universitarios acaban de publicar una investigación en la que analizan los fundamentos sociales y culturales de la convivencia entre humanos y tortugas moras, enumeran los peligros para su supervivencia y detallan una posible estrategia para su conservación. Los biólogos Irene Pérez y Andrés Giménez (Universidad Miguel Hernández) y el sociólogo Andrés Pedreño (Universidad de Murcia) son los autores de "Dimensión social de la conservación de la fauna: la tortuga mora" (Editum, colección Gaia), una publicación eminentemente técnica que revela datos tan valiosos como la cantidad de ejemplares que viven cautivos en patios y jardines de la Región: más de 100.000.

Los investigadores se han valido de encuestas en centros escolares y entrevistas con habitantes de entornos urbanos y zonas rurales para llegar a una serie de conclusiones que pueden ayudar a que cualquier día, en el campo, una mañana de primavera, sigamos experimentando la emoción de encontrarnos con uno de estos animales.

Del monte al gallinero
Un animal de compañía

La tortuga mora es un animal asociado al hombre desde hace décadas, sobre todo en los núcleos habitados que se localizan en el área de distribución de la especie. Pastores y agricultores las encontraban en el campo y las llevaban a sus casas: allí no se escapaban, servían de juguete para los niños y se conformaban con las sobras de la comida.

En muchas ocasiones terminaban en la cuadra o el gallinero porque la gente del campo cree que ahuyentan las pulgas y comen todo tipo de insectos. Otros, incluso, están convencidos de que traen buena suerte. También se vendían en mercadillos y comercios, pero la protección de la especie a principios de los años setenta terminó con esta práctica, que hoy día apenas existe. Pero la tolerancia social con la tenencia doméstica de tortugas se mantiene.

¿Cuántas hay encerradas?
Entre 59.950 y 169.242

Los investigadores realizaron encuestas con escolares en los municipios con áreas tortugueras (Águilas, Lorca, Mazarrón y Puerto Lumbreras), en otros limítrofes con zonas de distribución de la especie (Aledo, Alhama, Cartagena, Fuente Álamo y Totana) y la capital de la Región. Una de las conclusiones es que el 64,5% de los escolares encuestados tienen o han tenido tortugas en cautividad: sólo un 7,5% la compró, un 63,5% la obtuvo directamente en el campo y el 29% desconoce su origen.

En cuanto al número total de ejemplares en cautividad, el estudio arroja una primera cifra de 176.000, aunque a esta cantidad hay que aplicarle una corrección del 35%, pues no considera las tortugas cautivas que mueren, se escapan o se regalan. Así, el informe concluye que el número total de tortugas que viven recluidas -ojo: también ilegalmente- en la Región está entre 59.950 y 169.242. No es arriesgado aventurar, con estos datos en la mano, que el número real está por encima de las 100.000. El trabajo no señala -tampoco es su objetivo- cuál es la población aproximada de tortugas en libertad.

Llegan los "guiris"
Los nuevos habitantes del campo

A partir de los años noventa entran en escena unos nuevos actores, que han sido tenidos en cuenta de forma especial en este estudio: los residentes extranjeros, que comienzan a recolonizar áreas rurales abandonadas porque compran fincas, restauran casas en ruinas o bien compran una vivienda en un "resort".

Por lo general, estos nuevos residentes, de origen británico o alemán principalmente, mantienen la costumbre ilegal de recoger tortugas en el campo para tenerlas en casa, una práctica a la que no dan mayor importancia ni relacionan con la amenaza que pende sobre la especie. Para los "guiris", la tortuga mora es un animal doméstico que hay que cuidar en casa, algo preocupante desde el punto de vista de la conservación de la especie porque este sector de población extranjera irá en aumento y el estudio señala que, a más años de residencia, más tortugas recogidas.

Las amenazas
El "ladrillo", incendios, recolección...

No son buenas las perspectivas para un animal que, sin embargo, es bastante longevo -unos 20 años en libertad y más de 60 en cautividad-. La amenaza más importante para la tortuga mora es la pérdida de su hábitat natural por el acoso urbanístico o catástrofes naturales, como incendios. También le perjudica la recogida de ejemplares en la naturaleza y la imposibilidad de realizar repoblaciones con población cautiva por el riesgo de transmisión de enfermedades.

En los años 80, por falta de información, era frecuente la suelta de ejemplares en el medio natural procedentes de viviendas particulares, pero la aparición de una patología -la neumonía vírica- que provocó una enorme mortandad alertó sobre el riesgo de introducir en el campo tortugas "domesticadas". Actualmente sólo se liberan en el monte ejemplares cuyo origen se conoce perfectamente.

¿Qué se puede hacer?
Informar, informar e informar

Los expertos aconsejan una estrategia que cambie la percepción social de la tortuga mora mediante cuatro líneas de actuación. En primer lugar, dar a conocer la especie como un elemento singular de los paisajes mediterráneos y que las poblaciones en libertad se perciban como un patrimonio natural que hay que conservar. En segundo lugar, transmitir la importancia de que el futuro de la especie pasa por el mantenimiento de los individuos en su hábitat natural. En tercer lugar, que la población conozca claramente la legislación que protege la tortuga: que sepan que coger una tortuga del campo o tenerla en casa es delito. Y por último, alertar sobre los riesgos de mezclar individuos "domesticados" con ejemplares silvestres, por el peligro de transmitir enfermedades a las poblaciones salvajes.

Sólo en Murcia, Almería, Doñana y Mallorca

Las poblaciones silvestres de tortuga mora (testudo graeca) se distribuyen en la península ibérica en tres áreas geográficas muy alejadas entre sí: el Coto de Doñana, en Huelva (Andalucía), la isla de Mallorca (Islas Baleares) y el Sureste de la península ibérica (Región de Murcia y provincia de Almería).

En la Región de Murcia, la tortuga mora constituye uno de los elementos más amenazados, valiosos y representativos de su biodiversidad. Sus poblaciones se estima que suponen aproximadamente el 60 % de las del Sureste ibérico. Algunas de ellas, como por ejemplo las de la Sierra de Almenara (Lorca y Águilas), alcanzan, en algunas zonas, una densidad de 20 individuos por hectárea. También sobreviven en Mazarrón y Puerto Lumbreras.

Las poblaciones de Almería se localizan a lo largo de la frontera montañosa con Murcia (Sierra de María y Los Vélez) y se prolongan casi hasta el Cabo de Gata por las sierras litorales (Mojácar, Turre). La tortuga mora presenta un manifiesto dimorfismo sexual: las hembras suelen ser mayores que los machos.

En la Región la especie se encuentra activa en primavera y otoño (en los meses primaverales es cuando tiene una actividad más acusada). Se encuentra inactiva en verano e invierno, aunque en julio todavía se pueden observar algunos ejemplares, aunque su actividad se limita a horas más tempranas.

El celo suele comenzar tras la hibernación, por lo que en marzo ya es posible observar a los machos recorriendo el monte buscando hembras y persiguiéndolas. Las hembras efectúan las puestas en una excavación del terreno que realizan ellas mismas, depositando una cantidad variable de huevos, aunque lo normal es que no superen los ocho o diez.

Fuente: www.tortugamora.org

Y si me encuentro una tortuga, ¿qué hago?

Nada. Disfrutar de su presencia y dejarla donde la ha encontrado.

Tenga claro que se trata de una especie amenazada que debe vivir en libertad y que además es delito cogerla de su medio o tenerla en casa.

Tampoco debe soltar en la naturaleza tortugas que hayan estado en cautividad.

Si se encuentra un ejemplar herido o con riesgo de ser atropellado en una carretera sin escapatoria, contacte con el Seprona (968 23 45 65), el Centro de Recuperación de Fauna de El Valle (968 844 907) o las asociaciones Global Nature (679 17 14 29) y Anse (968 966 407).

(Publicado en 'La Verdad' el 23 de marzo de 2010)

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por luilly, junio 12, 2015
y los Agentes Forestales donde los metes?, no existen?, primero el seprona claro

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