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Sierra de la Pila y Abanilla
El refugio de Jaime el Barbudo
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La boca de la cueva.

La Cueva de la Excomunión se esconde en un pliegue de la Sierra de la Pila

La Sierra de la Pila es un buen lugar para esconderse. Lo es ahora y lo era hace doscientos años, cuando estaba en todo lo suyo Jaime el Barbudo, un bandolero de buen corazón que tuvo que echarse al monte después de un asunto de sangre, y que encontró un escondite seguro en estas montañas. Nacido en Crevillente  (Alicante) en 1783, Jaime Alfonso el Barbudo se tiró media vida huyendo de la Justicia por las montañas murcianas y alicantinas. El Carche, la Sierra de Abanilla y La Pila fueron sus principales bastiones, aunque su campo de acción llegaba hasta la Vega de Orihuela.

Su nombre se puede rastrear en numerosos topónimos de estas zonas, e incluso pueden visitarse las cuevas en las que se guareció con sus secuaces –que en ocasiones alcanzaron el número de 200, según la leyenda–. En las entrañas de la Sierra de la Pila tuvo un escondite –la Cueva de la Excomunión– al que se puede llegar fácilmente: hay que ir, desde Fortuna, a la aldea de La Garapacha, y una vez allí hay que seguir por la pista forestal que, en dirección oeste, se interna en la montaña. El camino está señalizado con cartelería oficial del parque regional.

En ocho kilómetros llegamos al Mojón de las Cuatro Caras, donde se tocan los términos de Fortuna, Abarán, Blanca y Molina de Segura, y de donde parten cuatro pistas en buen estado perfectamente indicadas. Nosotros continuamos por el Camino del Boquerón, que también conduce al Barranco Gordo y el Prisco. Pues bien: después de un kilómetro, aproximadamente, el camino se ensancha formando una cuneta con arena.

En ese punto, por la derecha de la pista, parte una senda que nos conduce en apenas 300 metros hasta la boca del agujero. En su interior se han documentado restos calcolíticos, y también se ha comprobado que estuvo ocupada por iberos.

Por lo que respecta al Barbudo, tuvo un final de bandolero: murió ahorcado el 15 de julio de 1824 en la plaza de Santo Domingo de Murcia y descuartizado en cinco trozos, que se exhibieron para escarmiento público, una vez fritos, en Crevillente, Hellín, Sax, Fortuna, Jumilla y Abanilla.

(Publicado en 'La Verdad' el 21 de diciembre de 2007)
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