Sierra de la Pila y Abanilla
Donde vuelan los buitres
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Los buitres, desde el mirador de Los Cenajos.

Las rachas cálidas de aire acercan hasta las cumbres de La Pila a grandes grupos de aves carroñeras

El invierno murciano es una estación de sorpresas: uno puede despertarse helado como una llave, cocerse de calor al mediodía y acostarse tiritando de nuevo. Oscilaciones térmicas casi como en el desierto –ese camino llevamos–. Una de esas rachas de viento cálido transportó hace sólo unas semanas a una bandada de buitres hasta las mismas cumbres de la Sierra de La Pila, un parque regional que comparten los municipios de Fortuna, Abarán, Blanca y Molina de Segura. Eran ocho enormes carroñeros que sobrevolaron el mirador de Los Cenajos –1.200 m.– durante una hora prácticamente rozando la garita de vigilancia forestal.

Tan cerca estuvieron las rapaces de los prismáticos que casi se oía el aire deslizándose sobre sus plumas. La estampa la completó un águila real que cruzó majestuosa bajo los buitres y se perdió entre la espesura del Caramucel.

Para asistir a este irrepetible espectáculo natural hay que tener un poco de suerte y, eso sí, subir hasta las cumbres de la sierra –La Pila –1.264 m.– y Los Cenajos –1.200 m.– Una ruta relativamente sencilla es la que parte desde el albergue de Cabezo de Turra, en las inmediaciones de Puerto Frío. El albergue, propiedad del Ayuntamiento de Fortuna, se alquila para grupos.

El camino, en principio con poca pendiente, discurre por la umbría de La Pila entre pinos, cipreses, enebros, madroños, madreselvas y coscoja. Pronto alcanzamos la fuente de la mina del Engarbo, y algo más de un kilómetro más arriba llegamos a un cruce de caminos en el que tenemos que elegir la opción de la izquierda, ya por asfalto, que sube hasta las cumbres. Nos encontraremos con una cadena –casi siempre bajada– y un par de kilómetros empinadísimos por delante que hay que tomarse con tranquilidad.

Podemos hacer un alto a medio camino para visitar los dos pozos de piedra, medio en ruinas y excavados junto a la carretera, que servían para almacenar la nieve. Un kilómetro más con  fuertes pendientes y estaremos en el Llano de las Víboras, un collado que marca la divisoria entre las dos cumbres. Una vez aquí, sólo nos falta decidir cuál de las dos visitamos primero. Una excursión de 16 kilómetros, ida y vuelta, que se puede hacer en una mañana y sin despeinarnos.

(Publicado en 'La Verdad' el 30 de diciembre de 2005)
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