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Sierra Espuña
La senda de los escaladores
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Los escaladores bajan por la senda hasta el camino del valle.

Subida de vértigo a la Morra de las Cucalas, el techo del Valle de Leyva (Sierra Espuña)

Uno baja caminando al atardecer por el Valle de Leyva, en silencio y sobrecogido por tanta belleza y tanto misterio, y oye un rumor lejano, un eco. Uno se detiene -no es de piedra- y escucha con atención. Son voces humanas, personas que hablan en algún punto del valle.

Descartadas las brujas de Leyva, un minucioso barrido visual por las paredes blancas y altísimas aclara el misterio: son escaladores.

Ellos suben a pulso por el tajo, asegurados con cuatro mosquetones y una cuerda elástica, y bajan después al valle por una senda vertiginosa desde la que se disfruta de vistas del parque regional que son auténticas postales: un camino sólo de bajada para los escaladores pero de ida y vuelta para los excursionistas.

Este sendero, empinado e incómodo, arranca en el camino que recorre el Valle de Leyva y sube hasta la Morra de las Cucalas (1.228 metros), el punto más alto de los paredones verticales.

Nuestra excursión comienza en la cadena que corta el acceso de los vehículos al valle; progresamos por el camino sumergidos en un túnel vegetal donde dominan los pinos y carrascas, y a los dos kilómetros y medio llegamos a un pequeño claro que se abre a nuestra izquierda.

En este punto nos salimos del camino por la derecha y buscamos una senda que se dirige hacia las paredes.

Ojo: a media ladera saldrá algún desvío a la izquierda, en dirección a la base de las paredes; no lo siga, hay que caminar hacia la derecha para abordar el último tramo de la subida por el extremo inferior del enorme lienzo calizo.

Cuando se nos carguen las piernas por la durísima subida lo mejor será girarse y mirar hacia el manto de pinos que alfombra el valle. Una vez arriba será fácil ver algún rebaño de arruis. Bien, estamos agotados pero Sierra Espuña se despliega a nuestros pies.

Sólo nos queda echar un trago, hacer unas fotos e iniciar la bajada. Con el freno de mano echado. Por si acaso.

(Publicado en 'La Verdad' el 19 de enero de 2007)

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