Portada Excursiones Sierra Espuña Al corazón de Sierra Espuña por la puerta de atrás
Sierra Espuña
Al corazón de Sierra Espuña por la puerta de atrás
( 0 Votos )
enviar a meneame
artsexylightbox

Ermita de Santa Leocadia.

De la ermita de Santa Leocadia a La Carrasca por el solitario Barranco de Enmedio

El macizo de Sierra Espuña tiene tres o cuatro accesos secundarios que permiten llegar hasta su corazón verde evitando domingueros y carreteras colapsadas.

Eso sí, para entrar a Sierra Espuña por estos caminos de iniciados hay que dejar el coche pronto y estar preparados para darse una buena caminata, porque vamos a recorrer sendas cerradas al tráfico que atraviesan áreas especialmente valiosas del parque regional. Y el que únicamente quiera darse un garbeo entre los pinos con el coche a la vista -que tampoco es mala idea-, ya sabe: paciencia y a la caravana.

El acceso quizá más bonito para entrar a Sierra Espuña por la puerta de atrás es el que parte desde la ermita de Santa Leocadia, por donde podemos penetrar en Sierra Espuña por su sector oriental a través de un camino solitario completamente cerrado de vegetación que nos va a llevar hasta la casa de La Carrasca.

Nuestra ruta comienza en un desvío a la derecha en la carretera de Aledo en dirección a Bullas -con la ermita como referencia, no hay pérdida- que nos interna en el camino del Purgatorio.

Enseguida nos encontramos con el campamento Caruana, que dejamos a la derecha, y seguimos ascendiendo por el camino principal. Cruzamos entre unas casas, superamos una fuente -la dejamos a mano derecha- y llegamos hasta la cadena que corta la pista forestal. Hasta aquí podemos llegar con el coche -con cualquier coche, no necesariamente un todoterreno-. Y comenzamos a caminar.

La pista, en muy buenas condiciones -se puede hacer en bicicleta sin ningún problema-, asciende en paralelo al barranco de Enmedio y atraviesa un tupido bosque de pino carrasco. Hay un primer kilómetro un poco duro, pero el camino se convierte pronto en un maravilloso corredor verde que nos lleva de la mano, en ligera cuesta arriba, hacia las entrañas de Sierra Espuña.

Uno de los mejores momentos de esta excursión es cuando el camino apunta de repente al imponente Morrón de Totana, que parece colocado allí sólo para nuestros ojos. En esta época de frío no resplandecen las genistas, adelfas y orquídeas que nos acompañan monte arriba, aunque sí podemos encontrar enebro. Basta con un poco de suerte y saber reconocer entre la fronda la forma peculiar de sus hojas.

Imposible aburrirse en este camino, donde vamos a ver muchas aves -piquituertos y pájaros carpinteros entre los árboles y rapaces más arriba-, ardillas y, si tenemos suerte, algún zorro cruzando la senda. Cuando hayamos recorrido unos cinco kilómetros, y después de despreciar un desvío que sale cuesta abajo a la derecha, nos encontraremos ya cerca de la casa de La Carrasca, un cortijo de labor abandonado rodeado de vegetación que se encuentra a 1.100 metros de altitud.

La placa que, con cierta dificultad, aún puede leerse en su fachada, no tiene desperdicio: «Año de 1806, día 16, 17, 18, 19 de abril estuvo nevando sin cesar. Ubo sobre 14 palmos de nieve. Fenecieron 33 yeguas y de aquí un buey. El ganado cabrio se liberto en el dia 18 por dos horas de claro que hizo, el 25 nevo mas...».

Estamos en un lugar de cuento, donde hay una fuente con agua abundante en cualquier época del año y unas vistas impactantes, tanto del valle que se extiende a nuestros pies como de las cumbres de la sierra. Un lujo que se hace en unas cuatro horas, ida y vuelta.

(Publicado en 'La Verdad' el 17 de diciembre de 2004)

Comentarios (0)Add Comment

Escribir comentario
corto | largo

security code
Escribe los caracteres de la imagen


busy