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Sierra de Almenara
Una joya histórica y natural
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La balsa que recoge el agua del nacimiento.

Los valores ambientales de la finca de Villa Real, uno de los rincones más bonitos de la Sierra de Almenara, no han sido suficientes para evitar que se convierta en resort turístico con campo de golf

Volvemos a la Sierra de Almenara –entre Lorca y Águilas–, predio favorito de la tortuga mora, del águila perdicera, del tejón y del jabalí, lugar solitario por desconocido y todavía bien conservado seguramente por esto mismo. Recuerden: hay que ir,maravillarse y no dejar huella.

Estas sierras bajas cuajadas de pinos, esparto, romero, tomillo y cantueso guardan decenas de rincones idílicos. O pintorescos, según el adjetivo que pusieron en circulación los artistas italianos del Renacimiento para referirse a los paisajes que, por su belleza, merecían ser pintados en un lienzo.

La finca de Villa Real, a la vista de todo el mundo desde los transitadísimos carriles de la autovía Lorca-Águilas y que se convertirá dentro de poco en un resort más con campo de golf, hotel, villas y demás complementos, merece no sólo que la pinten y la fotografíen, sino simplemente quedarse como está. O por lo menos que se conserve el irrepetible espacio de su nacimiento de agua, con su balsa, su imponente pino laricio, su espléndida encina y su refrescante umbría.

El topónimo Villa Real recuerda el paso por esta finca del hijo de Fernando III El Santo, quien sería más tarde Alfonso X El Sabio. Ocurrió en el año 1244, durante la Reconquista de Lorca, cuando don Alfonso encontró en este lugar un buen abrigo para descansar y acuartelarse. La finca goza desde entonces del privilegio del escudo real y de exención de tributo.

Una lápida de mármol recuerda este hecho histórico en la fachada de la casa principal de la finca; edificación que, por cierto, será derribada y sustituida por la sede del club de golf del complejo turístico. Sería un detalle que al menos mantuvieran la placa.

Este espacio natural atesora historia, como vemos, y además un importante valor ecológico, reconocido con la figura legal de Lugar de Interés Comunitario (LIC). Esta zona, separada por la autovía de la reserva biológica de Cumbres de la Galera, alberga una densa población de tortugas moras, que ya comienzan a asomar entre la vegetación: el mejor momento para verlas es precisamente ahora, en primavera, a primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no abrasa y salen de sus huras en busca de algún brote tierno que echarse al pico. Y ya saben: se ven pero no se tocan.

Después de recrearnos en la mina de agua de Villarreal podemos estirar las piernas para conocer mejor este espacio. Detrás de la casa encontraremos un camino, paralelo a una rambla, que se interna por los montes de la Almenara. Nos encontraremos con casas de labor en ruinas, antiguos pozos y minas abandonadas que reflejan una intensa actividad humana en un tiempo no demasiado lejano. Los cultivos tradicionales de almendros y olivos se aterrazan al borde de los montes, cubiertos por buenas manchas de pinos. Aprovechen antes de que lleguen los carritos de golf y todo sea green, y no simplemente verde.

(Publicado en 'La Verdad' el 8 de abril de 2005)

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