Noroeste y Río Mula
Subida a La Selva
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Perfil del pico de La Selva.

Vistas de vértigo desde la cumbre del macizo de Pedro Ponce

Seguimos en La Selva. Vale la pena. La semana pasada comenzamos a explorar este valioso espacio natural a caballo entre Mula, Lorca y Bullas tomando como referencia la pedanía de Casas Nuevas y la Casa del Francés, y hoy terminaremos de conocer la Sierra de Pedro Ponce ascendiendo a su cumbre, el pico de La Selva –1.525 metros de altitud–.

Recuerden: estamos casi en el centro geográfico de la Región, en el meollo de un conjunto de sierras –Pedro Ponce, Cambrón, Lavia y Burete– poco conocidas pero con valores naturales más que suficientes para estar protegidas –¡parque natural ya!–.

En fin, la gloriosa antesala de los bosques del Noroeste.

Bullas ofrece una buena vía de acceso a estos montes a través de la carretera que recorre el Valle del Aceniche, un enclave dedicado al cultivo de la vid con un microclima especial –según aseguran los entendidos– que permite la producción de unos vinos de gran calidad.

Habrá que probarlos.

Bien, nosotros cogemos la carretera del Aceniche, cruzamos el río Mula por el Pasico Ucenda –aquí nos observan los casi 1.000 metros de altitud del monte Castellar– y continuamos durante unos seis kilómetros antes de dejar el coche en el cortijo Ucenda de Arriba, una casa antigua medio en ruinas situada a mano derecha, junto a la carretera.

Cuidado: hay otra casa parecida antes –Ucenda de Abajo–, así que lo mejor para no perderse será ir atentos al cuentakilómetros y preguntar. Un dato que puede servir: en Ucenda de Arriba encierra unos cuantos borregos Juan Ros, uno de los grandes personajes de Bullas. Propietario de una granja lechera de cabras en el pueblo, es famoso por su buena sombra y por los macroalmuerzos que organiza los sábados por la mañana, a los que se apunta quien quiere.

Bueno, pues una vez en Ucenda de Arriba hay que seguir la carretera unos 200 metros y tomar un camino que sale a mano izquierda. Dejamos atrás una casa abandonada y en 3,5 kilómetros pasamos entre las ruinas de las dos edificaciones del caserío de Los Palancares. El camino gira aquí a la izquierda y nos lleva, cuesta abajo, hasta enlazar con un camino en muy buen estado, que tomamos hacia la derecha.

Llegamos así al Pradillo, con la Sierra de Lavia como telón de fondo. Veremos un cartel que nos desviará a la izquierda hacia el refugio de La Selva, que visitamos la semana pasada. Continuamos por ese empinadísimo camino, que en ocho kilómetros nos llevará a la cumbre de La Selva.

Hay que ir pendientes para abandonar este camino principal –que lleva al refugio– y desviarse a la derecha por una pista secundaria que conduce hasta la cima. Estamos superando el barranco del Horcajo, un lugar bellísimo cuajado de densos pinares, madreselvas, rosales silvestres, adelfas, romero y enebro. El camino alterna cuestas muy pronunciadas con pequeños descansos y rodea el macizo por su cara norte antes de llegar hasta el Collado de La Selva –1.392 metros–, un lugar con unas magníficas vistas donde se puede descansar.

Un último esfuerzo y estaremos en la cumbre, donde casi podremos tocar, si el día es claro, las sierras de La Sagra, Revolcadores y María. Y disfrutaremos de la espectacular perspectiva de la cara norte de Sierra Espuña, con el Morrón de Totana a nuestro mismo nivel. Hemos recorrido unos 14 kilómetros, una distancia que nos puede ocupar casi una jornada completa si la hacemos a pie ida y vuelta. En bicicleta de montaña, unas tres horas si estamos en forma.

(Publicado en 'La Verdad' el 21 de enero de 2005)

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