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Imagen del refugio de La Selva.

Un enorme bosque de pinos, barrancos cerrados y rapaces en un espacio natural y casi desconocido

Si el día que se interne usted en La Selva por primera vez no se le ponen los pelos de punta, es que no tiene sangre en las venas. Si camina por sus soledades y no siente a su alrededor la fuerza de la Naturaleza, compruebe que todavía tiene pulso; si mira a los cuatro vientos y no le sobrecoge la belleza del paisaje, gradúese la vista. Porque La Selva es un lugar emocionante, sorprendente y aún poco conocido pese a que sus bosques y barrancos pintan de verde oscuro el centro geográfico de la Región.

Encajadas en un espacio en el que confluyen los términos municipales de Lorca, Mula, Bullas y Cehegín, las sierras de Pedro Ponce, Cambrón, Lavia y Burete conforman un extenso espacio natural poblado de tupidos pinares y con cimas que se levantan a una altitud media superior a los mil metros.

En este terreno abundan el jabalí, el gato montés, la gineta y rapaces como el águila real y el halcón, y en las cumbres se ve cada vez con mayor frecuencia al arrui, el muflón africano que ha colonizado los montes cercanos a Sierra Espuña. En fin, una golosina para los aficionados a andar por el monte, que podrán disfrutar de un espacio natural de enorme belleza, bien conservado y muy poco transitado.

La Selva –el vértice de la Sierra de Pedro Ponce con sus 1.525 metros de altitud– es el enclave más valioso de este conjunto de elevaciones. Se llama así por la frondosidad de sus bosques de pinos, que se extienden desde los barrancos casi hasta la misma cima.

Al norte de Sierra Espuña, La Selva es salvaje, desconocida y sin embargo muy accesible: para una aproximación rápida y directa hay que situarse en Mula, desde donde hay que ir hasta Pliego.

En Pliego cogemos la carretera de Casas Nuevas, y en esta pedanía de Mula tomamos una carretera secundaria a mano derecha que desemboca pronto, y al final de una empinada rampa, en un cruce en forma de T.

En este punto, giramos a la izquierda, y pasados unos 400 metros nos salimos a la derecha por una pista forestal que nos interna en este espacio natural. Lo más recomendable es dejar aquí el coche para explorar a pie la Sierra de Pedro Ponce: el camino, cada vez más cubierto de pinos, pasa ante la casa forestal del Manzano antes de conducirnos hasta el refugio de La Selva, situado en un claro del bosque, un auténtico lugar de cuento.

El refugio fue restaurado hace muy poco tiempo por el Ayuntamiento de Mula, aunque todavía no se puede utilizar. La edificación fue prácticamente destrozada a lo largo de los últimos años, por lo que el Ayuntamiento, después de arreglarlo, ha decidido cerrarlo y cederlo a los excursionistas de forma controlada; en estos momentos se prepara el decreto municipal que regulará su utilización pública.

Nos encontramos en un lugar solitario y frío, donde se hielan los charcos y crecen las madreselvas, los rosales silvestres y el espinoso cambrón, y donde el miércoles de la semana pasada un halcón cruzó el barranco del Horcajo con una presa entre las garras. Estamos en el centro de uno de los bosques de pino más densos y mejor conservados de la Región, y a los pies del pico de La Selva, una atalaya natural desde la que se otean los macizos montañosos de La Sagra, María, Sierra Espuña y Revolcadores. A su cima subiremos la semana que viene.

(Publicado en 'La Verdad' el 14 de enero de 2005)

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