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Noroeste y Río Mula
El Segura en balsa hinchable: de Calasparra a Cieza
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Piragüistas en el río.

De la vega arrocera a la presa de La Mulata con parada en la cueva de Los Monigotes

Menudo río, el Segura. No se dejen engañar quienes sólo sepan de él por la espuma bajo el Puente Viejo de Murcia, los peces muertos o la cloaca inmunda que pasa por Orihuela.

No. El Segura es un río como Dios manda, otra cosa es lo que hayan -hayamos- hecho con él. Conocer un tramo técnicamente virgen, sorprendente, que aún emociona, es tan sencillo como echarse al agua en Calasparra a bordo de una balsa hinchable y dejarse llevar dulcemente por la corriente hasta la presa de La Mulata, en Cieza, donde se retienen las aguas y el cauce del río se precipita por el cañón de Almadenes regateando rápidos.

Este tramo del río está protegido, y por lo tanto está prohibido navegar por cuenta propia.

Ni ayuntamientos, ni Confederación Hidrográfica del Segura ni Consejería de Medio Ambiente conceden permisos para botar piraguas ni balsas, así que la única manera -y además la más sensata y segura- de internarse en el cauce es con las empresas de turismo activo.

La singladura, de unos cinco kilómetros, comienza en un embarcadero situado en los arrozales de Calasparra, un espacio donde las cajas de cultivo se inundan periódicamente mediante un primitivo sistema hidráulico que devuelve las aguas al río.

Pronto se desvelan las primeras aves acuáticas: pollas de agua, garzas reales y bandadas de cormoranes que sobrevuelan el cauce militarmente, guardando rigurosamente su formación en punta de flecha.

En esta época ya comienzan a dejarse ver los galápagos, que en verano se arrojan al agua por decenas al paso de la balsa.

A mitad de camino podemos hacer un alto -siempre que hayamos concertado la visita- para conocer la cueva de los Monigotes, un abrigo con pinturas rupestres donde además se han descubierto fragmentos de cerámica y útiles de sílex.

El río nos lleva ahora por lugares de enorme belleza, como la desembocadura del Quípar, que entrega discretamente sus aguas al Segura, o la Casa de la Maestra, una vieja escuela rural con las mejores vistas que puedan imaginarse. En la presa de La Mulata termina este viaje, pero allí mismo arrancan senderos que permiten bordear el cañón.

Volveremos a ellos.

(Publicado en 'La Verdad' el 17 de marzo de 2006)

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