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El paisaje del Campo de San Juan, a través de la abertura de una de las cuevas del Abrigo de Zaén.

Las cuevas de Zaén ofrecen las mejores vistas posibles sobre el valle moratallero

Venga, vamos a ponernos un poco ñoños: resulta imposible no conmoverse cuando se ponen las botas en el Campo de San Juan. Ya saben: tierras como las de Castilla pero en Moratalla, junto a la raya de Albacete, donde los árboles de hoja caduca forman penachos ocres, amarillos y rojos que destacan a lo lejos sobre los campos de cereal.

Un aire limpio y frío, una chimenea humeando y el tac-tac sordo y acompasado de un hacha partiendo leña. El ladrido de un perro y un cielo que se pinta de gris plomo en diez minutos y nos transporta a un cuadro de Constable.

Ahora que el frío nos da un respiro es un buen momento para darse una vuelta por un escenario natural soberbio donde no existe la prisa.

Nos encontraremos con las plantas aromáticas comenzando a florecer mientras aún queda nieve en los picos más altos, y el máximo caudal posible en fuentes y arroyos. Basta con elegir un buen oteadero para disfrutar de una perspectiva sobre este valle irrepetible.

Las cuevas de Zaén, por ejemplo. Se trata de un conjunto de más de 10 cuevas, algunas de ellas de gran tamaño, utilizadas históricamente para guardar ganado, y en las que se localizaron pinturas rupestres de arte esquemático en el año 1996.

Las grandes aberturas se ven claramente desde la carretera de El Sabinar a Benizar, y subir hasta ellas es sencillo. Basta con dar un corto paseo desde el caserío de Zaén de Arriba.

Debemos buscar una pista que sale a la izquierda de la carretera y, a unos 300 metros, seguir por la derecha en dirección a las cuevas, lo que nos obligará a una trepada fácil.

Es fácil explicarse por qué estos abrigos estuvieron habitados durante miles de años: garantizan refugio y una perspectiva excelente de la llanura que se abre a sus pies. Los moradores de estas cuevas contemplarían seguramente desde su atalaya cómo pastaban los grandes hervíboros a los que más tarde darían caza, y también detectarían a tiempo a sus enemigos o predadores.

Una lección viva de arqueología e historia natural.

(Publicado en 'La Verdad' el 22 de febrero de 2009)

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