Noroeste y Río Mula
Los campos olvidados
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Una acibara se inclina sobre el camino solitario, que parece apuntar hacia el cerro del Almorchón.

La primavera adelantada devuelve el color y la vida a los solitarios llanos del Cagitán

Ahora es el momento de enfilar hacia el Campo de Cajitán (o Cagitán, de las dos maneras puede escribirse), un conjunto de llanos enmarcados por las sierras de Ricote, del Molino y la Palera y presididos por el imponente Almorchón, un cerro testigo de 768 metros de altitud donde ha comenzado a señorear (de nuevo) la cabra hispánica.

Esta es la hora en la que se hace necesario darse una vuelta por estos campos olvidados para disfrutar de los extensos llanos cerealistas pintados de verde, pasear sin prisas por caminos donde están a punto de sacar sus pollos las perdices, otear a lo lejos la silueta de alguna rapaz y provocar la estampida de aves esteparias como el sisón o la ganga ortega.

El Campo de Cagitán es un amplio espacio compartido por los términos municipales de Calasparra, Cehegín, Cieza, Bullas y Mula donde los usos tradicionales del campo se desarrollan con una cadencia parecida a la de hace decenas de años, coexistiendo amigable y necesariamente con una estimable biodiversidad.

Vale la pena coger el coche y molestarse en conocer estos paisajes solitarios, que apenas se han alterado con el ladrillazo y el progreso -recen lo que sepan- y donde se vive aún siguiendo la cadencia de los ciclos naturales.

Una forma rápida y directa de hacernos una idea de lo que nos ofrece este paisaje es tomar la llamada carretera del Cagitán, accesible por la autovía del Noroeste si salimos por el desvío Cieza-Calasparra.

Nada más salir de la C-415 giramos por la izquierda hacia Calasparra y transitamos por secanos tradicionales que ahora ofrecen una imagen bellísima gracias a la primavera temprana. Pasaremos junto a las casas de los Baños de Gilico, donde brotan unas aguas curativas ahora canalizadas para riego.

Cruzamos el río Quípar y nos saldrá al paso -a nuestra derecha- la carretera que conduce al pantano de Alfonso XIII, cobijo de una estimable población de aves acuáticas y que sirve de dormidero a todos los cormoranes que se alimentan en los cursos fluviales del Noroeste. Al fondo, a nuestra derecha, nos vigila el Almorchón, al que podemos acercarnos desde Cieza. Llegamos a Calasparra y nos queda la sensación de haber viajado en el tiempo.

(Publicado en 'La Verdad' el 14 de marzo de 2008)

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