Noroeste y Río Mula
Caminos de piedra
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Un pastor conduce a sus ovejas hacia las Casas de Hondares.

Un paseo de vértigo por la cabecera del Barranco de Hondares a través del pasillo secreto que construyeron con adoquines los pastores para salvar el tajo

Una pareja de águilas reales sobrevuela mayestática la cabecera del Barranco de Hondares, quizá el rincón más puro de las Sierras de Moratalla. Se cruzan entre sí mientras cubren su territorio de caza y por momentos permanecen casi inmóviles planeando contra el viento.

Los prismáticos acercan la silueta oscura de dos seres hermosos, libres y salvajes que no pierden detalle de un rebaño de ovejas que se desplaza tranquilo, lento y ordenado, doscientos metros más abajo.

Esta escena se desarrolla en un tajo de piedra vertical que constituye una barrera aislante y protectora para el Barranco de Hondares, por donde discurre un arroyo de aguas verdosas, limpias y frías como la esmeralda.

El inmenso murallón de piedra parece a simple vista infranqueable, un lienzo pétreo por donde, en principio, sólo es posible bajar con técnicas de escalada. Pero el pastor y sus ovejas no bajan volando, así que, ¿dónde está el misterio?

La respuesta, que no es ningún secreto para los vecinos de Benizar, El Sabinar y los caseríos de estas sierras, está en los pasillos de piedra que construyeron pacientemente los pastores, hace más de cien años, para bajar sus rebaños hasta los prados y las charcas de Hondares.

Sorprende encontrar aún en estado impecable una de estas primitivas vías de comunicación, un camino adoquinado de casi un kilómetro que salva cómodamente el tajo vertical y es utilizado aún a diario.

El pastor que mandaba hace unos días a sus ovejas camino de las casas de Hondares -con un ojo en la pareja de águilas y otro en un cordero rezagado- desconoce la antigüedad del camino que utiliza desde que tiene uso de razón: «Mi padre ya bajaba por aquí, y me parece que mi abuelo también». Un siglo como mínimo.

Este camino de piedra es fácil de encontrar: hay que contar cinco kilómetros desde Benizar, en dirección a El Sabinar, antes de dejar el coche a la izquierda de la carretera, lo más cerca posible de una casa con un corral cubierto y unos depósitos de agua.

Desde aquí hay que acercarse al barranco para dar con la boca del pasillo adoquinado. Quedan aún otros dos caminos que atraviesan discretamente el barranco, aunque en peor estado y, por su mayor pendiente, más incómodos de recorrer. Y hay otro pasillo, aunque éste natural, que permite recorrer la cabecera del barranco en horizontal, de punta a punta. Es una faja colgada sobre el abismo que conviene transitar con cuidado -en al menos un par de pasos no estaría de más ir encordado-.

Quienes padezcan de vértigo, mejor olvídense; los amantes de las emociones fuertes, en cambio, disfrutarán paseando por una cornisa volada sobre el vacío con increíbles vistas a Hondares. Y a la pareja de águilas.

(Publicado en 'La Verdad' el 13 de octubre de 2006)

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