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Un paseo alrededor de Torreguil
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El camino, rodeado de árboles.

Un garbeo de apenas cuatro kilómetros por las cercanías de la urbanización

Si yo viviera –o viviese– en Torreguil lo tendría claro: cada vez que tuviera –o tuviese– que sacar a mear al perro me metería entre pecho y espalda el PR-4; es decir, no un medicamento contra la alergia primaveral –¡que viene, que viene!– , ni una nueva –¿otra?– droga de diseño, sino el sendero circular de pequeño recorrido que parte desde la plaza de Las Moreras y transita por rincones con encanto y cierto interés natural a pocos metros de los chalés. Que vaya chalés, por cierto.

El PR-4 es uno de los cinco senderos de pequeño recorrido que surcan las entrañas del Majal Blanco –el quinto no es el PR-5 sino... ¡el PR-24!–, la finca de 600 hectáreas que tiene el Ayuntamiento de Murcia en las faldas de Carrascoy y que dedica a actividades de educación ambiental.

Por este recuadro ya han pasado los senderos 1, 2 y 3, excursiones más que recomendables por las Cuevas del Buitre, Barranco Blanco y Camino de Los Arejos de entre 6 y 8 kilómetros de longitud.

La número 4 es la más corta, poco más de 4 kilómetros, lo que la convierte en ideal para hacerla caminando, corriendo o, ya puestos, paseando al perro –siempre que no sea un bull-dog enano, que ésos se asfixian a los siete metros–.

Bueno, pues en marcha: la excursión, señalizada toda con los distintivos de pequeño recorrido –marcas amarillas y blancas– parte de la plaza de Las Moreras, el aparcamiento del Majal Blanco.

Iniciamos un fuerte descenso y nos desviamos por la derecha buscando la cercanía de la urbanización. Pronto nos encontraremos en un camino protegido por cipreses desde el que veremos ya los chalés –insisto: que vaya chalés, por cierto–.

Como no todo va a ser jauja –los ciclistas me entenderán–, la cuesta abajo se convierte en ligera rampa, que atraviesa un terreno abandonado de cultivo.

El camino nos lleva ahora hacia una zona con mucho arbolado donde tenemos que estar atentos a las marcas para dejar esta hondonada a través de un puente y unas escaleras de madera. Atravesamos otro bancal y ya estamos en plena urbanización. Ya sólo queda girar a la derecha y recorrer algo más de un kilómetro junto al Cemacam y los chalés –lo digo una vez más y ya me callo: que vaya chalés, por cierto–.

(Publicado en 'La Verdad' el 10 de marzo de 2006)
Comentarios (2)Add Comment
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escrito por Romero, julio 15, 2013
:) Me ha gustado este articulo. Yo viví 10 años en esa urbanización y efectivamente mis paseos con mis perros eran divinidad suprema.

Gran sitio.
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escrito por M. A. Ruiz, julio 15, 2013

Hola Romero, me alegro de que te haya gustado, un saludo!

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