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La Rambla Salada de Murcia
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Una lámina de agua espejea entre los saladares sobre el cauce de la Rambla Salada.

Un ecosistema húmedo escondido entre carreteras y polígonos industriales

No es la Rambla Salada de Murcia uno de los espacios naturales más espectaculares de la Región, pero sí uno de los más interesantes: escondido entre autovías y áreas industriales, se trata de un importante corredor ecológico de 27 kilómetros que une Sierra Espuña con el río Segura y conecta los municipios de Pliego, Mula, Albudeite, Las Torres de Cotillas y Murcia.

La rambla vierte al río el modesto caudal resultante de los numerosos ramblizos y barrancos que se localizan en la cuenca, de unos 130 kilómetros cuadrados. En el cauce medio-bajo el agua circula con fluidez en los meses húmedos y se embalsa en grandes charcas donde se refugian las anátidas.

Esta zona es la más interesante y también la más accesible, así que merece la pena hacer una pequeña incursión, de unos tres kilómetros, entre la Venta del Pedrusco y la Venta del Pino –ahora en ruinas–, para descubrir este sorprendente y poco frecuentado rincón de la naturaleza murciana.

Comenzamos nuestro paseo bajo el puente que sostiene la carretera de Alcantarilla y caminamos por un camino paralelo al cauce en busca de la Charca Grande, donde en esta época encuentran refugio numerosas especies de aves acuáticas.

Si queremos observarlas con cierto detenimiento hay que llevar los prismáticos a mano y no hacer ruido. Más adelante nos internamos en el saladar, un área amplia y llana que se inunda periódicamente, y donde apreciaremos una costra blanquecina sobre el barro seco: es la sal que queda en la superficie por el arrastre de materiales ricos en yesos.

El siguiente hito de nuestra caminata es una vieja presa que ocupa parte del cauce desde que la derribó una fuerte avenida. Las charcas que veremos a su alrededor también son frecuentadas por las aves acuáticas.

Nuestra excursión termina unos cientos de metros más adelante, en las ruinas de la Venta del Pino, pero la rambla sigue hacia la vertiente noreste del macizo de Sierra Espuña: en primavera, con más horas de luz, podemos intentar una expedición más ambiciosa.

(Publicado en 'La Verdad' el 18 de diciembre de 2009)
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