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Los montañeros Ángel Ortiz y Juan de la Cruz, en el mirador del Puntarrón.

El mirador del Puntarrón se construyó subiendo a los albañiles y el material de la obra por los aires

El Puntarrón forma parte del a-e-i-o-u del senderismo murciano, un lugar en el que se han iniciado montañeros importantes como Ángel Ortiz, quien se iba allí de chiquillo a pasar el fin de semana triscando entre ramblas y pinos y se quedaba a dormir debajo de una piedra. Tan ricamente.

Ahora, muchos años después y después de recorrer palmo a palmo los espacios naturales de la Región y de trazar cientos de rutas en todos ellos, el Puntarrón sigue siendo una de sus montañas favoritas, a donde sube de vez en cuando con su compañero de fatigas, Juan de la Cruz, y con su perro Turco, sólo por el gusto de asomarse a Murcia desde el mirador que ellos mismos construyeron hace unos años.

Fue una aventura: después de hacer unos cuantos portes de agua y cemento por las empinadísimas cuestas que llegan a la cumbre, se tomó la decisión de subir a los albañiles y el resto de los materiales en helicóptero.

El objetivo era hacer un mirador sobre Murcia y sus sierras donde se levantaba una pequeña garita forestal que hacía de refugio a los excursionistas y que el paso del tiempo y el esfuerzo de unos cuantos salvajes dejaron en ruinas.

El resultado puede disfrutarse todavía hoy, y llegar es fácil. Tanto como coger la carretera del Garruchal y, unos cinco kilómetros después del barrio de San José de Los Garres, y tras coronar una cuesta muy pronunciada, torcer a mano izquierda hacia una pequeña explanada que da continuidad a una pista ancha.

Nosotros dejamos el coche y no tomamos esa pista, sino que buscamos a la izquierda otro camino en peor estado, marcado en su inicio por un panel informativo. Sólo hay que tener la precaución de, en un pequeño collado, girar a la izquierda por la senda estrecha.

Todo el recorrido está señalizado por las marcas blancas y amarillas que identifican los senderos de pequeño recorrido. O sea, que  perderse es imposible. Trate de combinar esta excursión con una visita a la rambla del Garruchal, ahora que baja algo de agua. Le sorprenderá.

(Publicado en 'La Verdad' el 17 de febrero de 2006)
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