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Níscalos y champiñones en Carrascoy
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Panorámica del Barranco Blanco.

Por el Barranco Blanco entre bancales abandonados, ramblas y pinos

Una mañana libre es más que suficiente para adentrarnos en la soledad del Barranco Blanco y descubrir un rincón de Murcia tocado por la gracia de la Naturaleza. En apenas unas hectáreas de terreno de la finca municipal del Majal Blanco, en el parque regional El Valle-Carrascoy, conviven pinares, terrazas de cultivo abandonadas, sotobosque e incluso un curso de agua que no deja de fluir en todo el año. Escaso pero constante.

Con tres horas nos sobra para recorrer los casi siete kilómetros por los que discurre el sendero de pequeño recorrido PR-3, perfectamente señalizado con las consabidas marcas blancas y amarillas.

La ruta parte desde el aparcamiento de la plaza de Las Moreras, donde los fines de semana abre una caseta de información que proporciona folletos con amplia documentación sobre los recorridos que pueden hacerse en el Majal Blanco.

El camino nos lleva en un principio en dirección norte, en una zona umbrosa con pinos abundantes. Pronto alcanzamos la Rambla del Buitre, superamos unas terrazas de cultivo abandonadas y cruzamos la carretera asfaltada en dirección a la Casa de la Perdiz, un antiguo cortijo de labor donde podemos descansar un rato con las primeras vistas al Barranco Blanco.

Continuamos por una zona con pocos desniveles donde seguimos viendo pinares y áreas de cultivo ya improductivas pero que nos dejan el testimonio de la abundante presencia humana en estos parajes.

Llega un momento en el que el camino se convierte en una senda que trepa por uno de los márgenes del barranco. Ahora conviene no despistarse y seguir al pie de la letra la señalización del recorrido.

Las margas grisáceas nos acompañarán en este tramo, que nos conduce hasta el mismo inicio del Barranco Blanco. Aquí nos sorprenderá encontrarnos con un curso de agua y, si es temporada, podremos coger setas bajo los pinos. Si tenemos buen ojo encontraremos níscalos y champiñones. La senda lleva a una pista forestal que, hacia la izquierda, nos devuelve a nuestro punto de partida.

Sin darnos cuenta habremos echado siete kilómetros a las botas que quizá nos hayan sabido a poco. No se preocupe: hay otras sendas.

(Publicado en 'La Verdad' el 20 de enero de 2006)
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