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Las Moreras: una rambla viva
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Desembocadura de la rambla, en Bolnuevo.

La rambla de Las Moreras resiste: a la presión urbanística, a los invernaderos, a los camiones que van y vienen cargados de grava, a la sequía...

Y en las charcas que se forman en su cauce se concentra estos días una interesantísima colección de aves acuáticas por las que merece la pena dejar lo que estamos haciendo, agarrar los prismáticos y poner rumbo a Mazarrón.

Entre la colonia permanente de la rambla y las especies migratorias que hacen un alto camino de África podemos echarnos al catalejo, entre otros, ejemplares de garza real, polla de agua, avoceta, cigüeñuela, porrón, pato cuchara, aguilucho lagunero y, si tenemos mucha suerte, el raro críalo.

Esta excursión es más sencilla que el mecanismo de un botijo: basta con plantarse en la desembocadura de la rambla –playa de Bolnuevo– y remontarla por el propio cauce o bien por caminos laterales cuando las charcas o las masas de taray nos impidan avanzar.

Comenzamos a andar por un camino, en el margen derecho, sin hacer caso a una barrera que seguramente estará levantada. Como el entorno acompaña poco –invernaderos a un lado, una cantera al otro–, lo mejor es caminar por el cauce cuanto podamos para aislarnos al máximo dentro de la vegetación.

En algo más de un kilómetro alcanzamos las primeras charcas. Aviso a escrupulosos: a cada paso que damos, la vida vibra entre los matorrales, las anátidas emiten sonidos ensordecedores, se arrojan al agua sapos y culebras y las libélulas nos sobrevuelan. Lo normal en un espacio natural de aguas estancadas.

A partir de aquí hay que cambiarse al margen izquierdo durante unos cientos de metros en los que la rambla está vallada, aunque accesible, en la zona de las charcas más grandes. Una carretera asfaltada nos lleva de nuevo a la derecha, junto a la depuradora.

A partir de aquí podemos continuar por el cauce de la rambla, seco en este tramo, donde sorprenderemos a liebres encamadas que saltarán a nuestros pies antes de que nos demos cuenta. En tres horas, ida y vuelta, podemos conocer lo más interesante de este entorno. Si tenemos tiempo y ganas, la rambla nos lleva hasta el humedal del Saladillo. Pero esa es otra excursión.

(Publicado en 'La Verdad' el 7 de octubre de 2005)

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