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Las playas que asistieron a un milagro
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Erosiones de Bolnuevo.

Ocho kilómetros a pie entre Bolnuevo y Percheles por las calas nudistas de Mazarrón

Un día cualquiera en Mazarrón, por ejemplo por la mañana temprano, unos cuantos afortunados senderistas, ciclistas y corredores de fondo disfrutan de una ancha y larga pista (10 kilómetros) hasta el límite municipal con Lorca (en Parazuelos) que nos descubre este amplio sector de litoral virgen de la Región.

Playas excelentes con vistas a la Sierra de las Moreras, el Lomo de Bas y Cabo Cope donde uno puede tomar el sol en cueros mientras deja volar la imaginación con la leyenda de la Virgen del Milagro o busca con los prismáticos a la valiosa águila perdicera.

Antes de que el sol sea aún más implacable, merece la pena madrugar un día de este fin de semana para caminar con el sol naciente a la espalda desde la playa de Bolnuevo. De cara al mar, las gredas se mantienen en pie desafiantes y parecen decirnos adiós.

Km. 0. Nuestro punto de partida es la rotonda de Puntabela, en Bolnuevo, donde termina la carretera y comienza el camino. Dejamos atrás los últimos chalés y alcanzamos un pequeño promontorio desde donde, si el mar está limpio y en calma, podremos apreciar la mancha de posidonia, que casi llega hasta la orilla, lo que nos da una idea de la buena calidad del agua en este tramo de costa (la ecuación es sencilla: a más algas, menos contaminación y malas prácticas pesqueras).

Abandonamos nuestro balcón sobre la playa del Rincón y buscamos a la derecha del camino, unos cientos de metros más adelante, la fuente de Piedra Mala, ahora más seca que un cascabillo, pero que en tiempos daba salida a parte de las aguas que filtraba la sierra.

Km. 2. Llegamos a la playa de Cueva Lobos, una de las más frecuentadas. Enfrente veremos la isla de Cueva Lobos, el último reducto de la foca monje en la Región (hasta los años 60 se vieron ejemplares). Hoy es el refugio de una abundante y variada avifauna marina: gaviotas, cormoranes, pardelas y paíños.

Esta cala está unida a sangre y fuego a la historia de Mazarrón, puesto que, según cuenta la leyenda, aquí desembarcó a finales del siglo XVI el pirata berberisco Morato Arráez (el Barbanegra de la época) al mando de una partida de 400 turcos con el objetivo de asaltar la villa. Los mazarroneros dormían y los bandidos caían ya sobre las primeras casas del pueblo cuando la presencia imponente de una amazona les hizo huir en desbandada: era la Virgen de la Purísima Concepción al galope.

A los vecinos les despertaron las campanas de la ermita, que tocaban a rebato; cuando llegaron hasta el camarín comprobaron asombrados que el rostro de su patrona sudaba, girado hacia la playa, y que los bordes del manto negreaban de arena mojada. La lámpara de aceite, que se reponía a diario, no estaba apagada, como era usual a esa hora, y además manaba combustible de forma inagotable.

Por eso, todavía hoy, cada 17 de noviembre, durante el acto solemne que recuerda estos hechos asombrosos, el párroco local reparte aceite entre los fieles que acuden a la iglesia del Convento, erigida sobre la primitiva ermita. ¿Verdad o leyenda? Un relato hermoso, sin duda. En este punto, y después de conocer parte de la historia de la tierra que estamos pisando, podemos seguir por la costa o atajar por el interior hacia la playa de la Grúa.

Km. 4. Nuestra siguiente parada es la playa de la Grúa, un embarcadero del siglo XVIII que se construyó para embarcar la piedra extraída de la Sierra de las Moreras con destino a Cartagena, donde se levantaba el Arsenal. Con los bloques de la montaña también se construyeron los principales edificios civiles de Mazarrón, como el Ayuntamiento. Contra la creencia popular, no se trata de un puerto romano.

Km 5. Alcanzamos ahora la playa del Hondón (o del Jondón), donde es obligado visitar lo que queda de Villa García, una elegante residencia de finales del siglo XIX que hoy sirve para encerrar ganado. Aún están perfectamente delimitados los dos huertos, uno a cada lado de la edificación, de los que se abastecía la vivienda, así como los pozos de donde se extraía el agua para regarlos. Después de superar el Hondón se abre ante nosotros la playa del Benzal, una cala de buena arena, alargada y abierta. Más allá, en la playa de Covaticas, atravesamos un tupido bosquete de tarays.

Km. 8. Llegamos a la fantástica playa de Percheles, con sus palmeras alineadas dándonos la bienvenida y su lámina de agua en forma de media luna, donde bañarse es un lujo barato y obligatorio. Al otro lado de la cala avistamos la Loma de Percheles, una gran duna fósil donde se localizan varios yacimientos argáricos. Este es un buen lugar para terminar esta jornada de senderismo, si es que alguien puede venir a buscarnos (estamos a tiro de piedra de Cañada Gallego). Si nadie se apiada de nosotros, nos comemos un bocata a la sombra, intentamos echarnos una siesta playera y pensamos en emprender el camino de vuelta.

(Publicado en 'La Verdad' el 12 de junio de 2009)

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por PEDRO, julio 14, 2011
una buena ruta sin duda, yo la he realizado en bicicleta de montaña y es una maravilla, por ponerle un pero, el tránsito de coches, motos y demás pues lo fastidia un poco, pero claro, es un acceso a calas y playas. Sin duda, recomendable como paseo y como ruta en BTT, ya que si tienes calor... agua fresca y calas muy limpias

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