Sierras de Lorca, María, Los Vélez y Puerto Lumbr
El paseo de los amantes
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Cartel indicador en el inicio de la senda.

Vistas de vértigo sobre Lorca en el camino del Cejo de los Enamorados

El Cejo es un espléndido frontón calizo donde hasta hace no mucho anidaban los buitres, y los enamorados una pareja formada por un caballero musulmán y una dama cristiana que se quitaron la vida en este paraje porque su relación era imposible.

Cierto o no, el caso es que esta leyenda da nombre a un rincón de Lorca en el que vale la pena invertir una mañana, ya que, pese a la cercanía con la ciudad, los valores naturales de este sector de la Sierra de la Peñarrubia son muy importantes, y las vistas de las que vamos a disfrutar, espléndidas.

Resumen por adelantado: vamos a hacer una comodísima excursión de 9 kilómetros, ida y vuelta, entre el Castillo de Lorca y el Cejo de los Enamorados.

Caminaremos por la umbría de la Sierra de la Peñarrubia, sobre el camino de servicio de la conducción de agua de Los Pilones.

No más de tres horas ida y vuelta. Dejamos el coche en el aparcamiento del Castillo de Lorca –como señores feudales– e iniciamos la ruta, que está señalizada mediante un panel indicador. Aviso a despistados: es imposible perderse.

La senda es cómoda y los puentes de piedra, algunos de ellos restaurados recientemente, nos ayudan a vadear pequeños barrancos donde la presencia del agua cerca de la superficie es evidente por la abundancia de baladres, juncos y otros arbustos de ribera.

En las zonas expuestas al sol abundan las gramíneas y las plantas aromáticas, junto con un notable manto de pinos carrascos de repoblación.

El camino nos lleva hasta un mirador desde el que tendremos una panorámica de los conjuntos montañosos que abrigan el Valle del Guadalentín: el Gigante, Pericay, Tercia, Sierra Espuña, Carrascoy, Almenara... Y si miramos atrás, el castillo nos ofrece una estampa de cuento.

A partir de aquí, el sendero vuelve a ceñirse a la falda del monte y nos obliga a tomar precauciones en un paso algo comprometido: la dificultad es mínima, pero conviene ir atentos si no queremos rodar hacia la rambla de la Quintilla.

El Cejo aparece enseguida ante nosotros, y ya no lo perderemos hasta que nos embosquemos y las copas de los pinos nos lo tapen.

La ruta termina bajo el farallón rocoso, en una fuente de la que podemos beber.

Los buitres, que históricamente han criado en esta sierra, hacen ahora incursiones esporádicas, y los arruis también se dejan ver en los altos, a donde llegan siguiendo la cuerda de la Sierra de Tercia. Buitres y muflones del Atlas a tiro de piedra de la tercera ciudad de la Región: ¿no es ésto un lujo?

(Publicado en 'La Verdad' el 17 de octubre de 2008)

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