Cazorla, Sierra de Segura y La Sagra
El río de María Aznar
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El ojo calizo donde surge el río Segura a 1.413 metros de altura, a los pies del monte Mariasnal.

El verano se suaviza en el nacimiento del Segura, un agujero a 1.413 metros de altura en Pontones (Jaén)

Allí arriba, en Pontones (Jaén), está el principio de todo: a poco más de 1.400 metros de altura, en un agujero abierto en el suelo calizo, brota dulcemente el Segura y se despliega un escenario natural prodigioso a lo largo de los 325 kilómetros que le separan de su desembocadura a un costado de las dunas de Guardamar (Alicante).
 
Sabemos que atraviesa ciudades, vegas y cañones, comprobamos con asombro que las nutrias están volviendo a casi todos los tramos de su cauce, admitimos que lo hemos contaminado a traición, pero no sabemos casi nada de su origen y sus primeros pasos: ¿dónde nace el Segura, por qué?

Dar una vuelta por Pontones es una buena manera de dar la bienvenida al verano, y de paso quitarnos de encima diez grados de temperatura: el domingo pasado el termómetro no pasó de los 20 grados, y a la sombra de las choperas había que ponerse un jersey. Es lo suyo: en la Sierra de Segura se duerme con manta todo el año y a mediados de agosto 'cae una nube', que dicen los lugareños, y entra el otoño por decreto.

El Segura mana a los pies del Mariasnal, un pico de 1.825 metros cuyo nombre procede de la contracción -mal pronunciada- de María Aznar, una rica terrateniente que era propietaria de muchas miles de hectáreas de terreno en estas sierras. El gran ojo del río es el sifón por el que desagua una compleja red de galerías subterráneas; en este entramado se decantan las precipitaciones recogidas por el inmenso calar que 'abraza' al pequeño valle de Fuente Segura.

El nacedero del río que los romanos llamaron Táder y los árabes Wadi al-Abyad -río blanco- es un lugar relajante, fresco e ideal para dejar pasar un día sin prisas. Una carreterilla lleva en cinco kilómetros desde Pontones a Fuente Segura, donde podemos acomodarnos en el área recreativa. Es un lujo dormitar bajo la fronda escuchando los pájaros y el glú-glú eterno del agua mientras el aire agita las hojas de los árboles.

Veremos cómo saltan las ardillas entre las ramas más altas y, si tenemos fortuna y sabemos distinguirlo, quizá podamos admirarnos con el vuelo majestuoso del quebrantahuesos. Recuerde: se diferencia por su gran envergadura y el corte de la cola en forma de rombo.

Para estirar las piernas, junto al nacimiento del Segura tenemos el espléndido Pinar del Risco; otra opción es caminar aguas abajo hasta el Cortijo del Maestro (4 horas ida y vuelta). Los aficionados a la botánica tienen la oportunidad de disfrutar de la floración de la bellísima violeta de Cazorla y de ver y tocar los únicos abedules de estas sierras. 
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