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Cazorla, Sierra de Segura y La Sagra
Duelo en las cumbres de la sierra
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Machos monteses dominando el paisaje.

Recorrido por los mejores enclaves de Cazorla y el Noroeste murciano para asistir al estremecedor celo de la cabra montesa

Las cabras monteses entran en celo a finales de otoño. Los primeros fríos les ponen en tensión sexual y se agrupan en grandes rebaños durante las semanas previas a las batallas de los poderosos machos. Si durante la mayor parte del año las cabras son esquivas y solitarias, de noviembre a enero no es difícil observarlas en grandes grupos en las sierras de Cazorla, Segura, Gredos y Sierra Nevada, pero también en la Región de Murcia, donde la especie se ha recuperado y gana terreno en las sierras del Noroeste, Cieza y Lorca.

El lance, uno de los más sobrecogedores a los que podemos asistir en la naturaleza, tiene un sonido inconfundible que nos pondrá en alerta si nos da por acechar en las cumbres a estos grandes hervíboros: escucharemos un sonido potente y seco, que unas veces resonará sordo y otras como un chasquido.

Será el momento de coger los prismáticos y buscarlas en zonas llanas cercanas a las cumbres, aunque los machos descienden a cotas más bajas de lo habitual en el periodo de celo, invadiendo en ocasiones el terreno de muflones, ciervos y gamos. Si lo vemos, no olvidaremos jamás cómo se levantan sobre sus patas traseras y chocan brutalmente sus cornamentas, una y otra vez, hasta que uno de los contendientes abandona por agotamiento y cede el liderazgo del rebaño.

Por accesos a los territorios donde se encelan y por densidad de ejemplares, el lugar donde mejor puede contemplarse este espectáculo cerca de la Región es Cazorla (Jaén), el inmenso parque natural que un día perteneció al Reino de Murcia. Para buscar las zonas altas de la sierra hay una pista forestal en bastante buen estado que nos conduce por algunos de los mejores escenarios donde se libran estas batallas. Se trata de la carretera que parte desde Vadillo y se interna en las profundidades del parque a partir del cruce de Linarejos –donde hay que seguir a mano derecha–.

El camino nos conduce por las navas de San Pedro, de Pablo y del Espino, unas vaguadas ricas en pastos donde los ungulados se reúnen al atardecer para alimentarse. Más adelante, en una curva del camino, tendremos la posibilidad de desviarnos hasta las lagunas de Valdeazores y Aguas Negras –está señalizado–, desde donde podremos trepar a zonas más altas y sorprender a las cabras. Si es que no nos sorprenden ellas antes.

Para muchos es una sorpresa saber que la cabra montés no ha desaparecido nunca de las sierras de la Región, aunque se refugia en montes solitarios y poco accesibles.

Uno de los mejores enclaves para seguir su rastro es la sierra caravaqueña de Mojantes. Desde la pedanía de Archivel hay pistas forestales en condiciones aceptables que nos permiten acercanos hasta ellas. A partir de aquí, la cuerda serrana que sube por el Campo de San Juan hasta las cumbres de Moratalla marca sus territorios señeros. Como por ejemplo, el Cantalar y la Sierra de Villafuerte, por un camino muy bien conservado que parte desde Calar de la Santa. El macizo de Revolcadores, con accesos desde Cañada de la Cruz, Inazares o Los Odres, es otro buen lugar para espiar sus movimientos.

Con accesos desde Caravaca y Moratalla, en las cimas del Nevazo y del Buitre también es fácil avistarlas. Más difícil –casi una aventura– es buscarlas en las sierras de La Muela y El Cerezo, un territorio vastísimo donde seremos descubiertos antes de poder llevárnoslas al catalejo.

También resisten en Lorca, en las sierras de la Culebrina y el Gigante, aunque cada vez más desplazadas por los arruis que se han extendido desde Sierra Espuña.

(Publicado en 'La Verdad' el 7 de diciembre de 2006)
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