Cazorla, Sierra de Segura y La Sagra
Las 'Mariantonias' de La Sagra
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Las secuoyas de La Losa, en concreto el grupo que se encuentra fuera de la finca.

Las descomunales secuoyas de la finca de La Losa reproducen un rincón del parque californiano de Yosemite a hora y media de Murcia

Ante la crisis económica, imaginación. ¿Que de momento no podemos permitirnos un viaje a California para conocer el inmenso parque nacional de Yosemite? No hay problema. A algo más de hora y media de Murcia, en el altiplano granadino, hay un lugar en el que, con un poco de voluntad, casi podremos sentir la presencia de los osos Yogui y Bubu.

A los pies de La Sagra (2.384 metros de altura, todavía un filo de nieve en la cumbre) sigue creciendo (y lo que le queda) un grupo de treinta secuoyas que fueron plantadas hace más de 150 años en lo que hoy es el cortijo de La Losa gracias a las semillas que, procedentes de California, al parecer facilitó el duque de Wellington. De ahí el nombre que se da en España a las secuoyas, wellingtonias, y su variante popular en esta zona de Granada: Mariantonias. ¡Viva el pueblo llano y su gracia marinera!

Las Mariantonias de La Sagra se pueden ver fácilmente a ambos lados de la carretera que lleva de La Puebla de Don Fadrique a Huéscar. Crecen en dos grupos, separados por el asfalto, y además hay un ejemplar suelto. La más alta no llega a los 50 metros, y la más gruesa tiene un perímetro de más de 7 metros que sólo puede ser rodeado si unen sus brazos cinco personas.

Puesto que se trata de árboles que viven miles de años, aún tienen un grandísimo margen de progresión, aunque los expertos opinan que las condiciones climáticas del norte de Granada quizá no sean tan favorables para estos colosos como las de las montañas californianas. En cualquier caso, plantarse delante de estos árboles es una experiencia impactante: será difícil que a lo largo de nuestra vida nos echemos a la cara un monumento vegetal tan inmenso.

El Yosemite granadino está cerca de la Región: desde Caravaca tardaremos media hora hasta La Puebla de Don Fadrique, y desde aquí hay que subir hasta Los Collados de La Sagra. Hay que superar Los Collados y llegar hasta un cruce, donde giraremos a la izquierda en dirección a Huéscar y la finca de La Losa.

En un par de kilómetros llegaremos al cortijo, propiedad del Barón de Bellpuig (antes lo fue del Marqués de Corvera), donde se encuentran las secuoyas. El primer grupo está dentro de la finca, a la derecha de la carretera, por lo que sólo podremos contemplarlas pidiendo permiso para entrar. Al segundo grupo, un poco más adelante y a la izquierda de la carretera, sí se puede acceder libremente, aunque una valla protege los árboles desde hace unos años.

El entorno, fresco y boscoso, invita a estirar las piernas a lo largo del cauce del río Barbatas, que alimenta generosamente las raíces de estos gigantes vegetales. El perfil suave de La Sagra, que destaca sobre las copas de los árboles, nos invita a coronar su chepa. La primavera es un buen momento para subir a la cumbre de la montaña y otear con los prismáticos las copas de las secuoyas.

(Publicado en 'La Verdad' el 20 de marzo de 2009)
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