Cazorla, Sierra de Segura y La Sagra
Sobre el Calar del Mundo
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Panorámica del Calar del Mundo desde la cumbre del Argel, desde donde se domina la mesa caliza a 1.694 metros de altura.

Subida al extenso altiplano calizo donde nace con un ‘reventón’ el afluente del Segura

Las sierras albaceteñas de Segura y Alcaraz son un chollo para los senderistas: se llega en un suspiro por carreteras en buen estado, sus espacios naturales –algunos de ellos excepcionales– están muy bien conservados, y la oferta de alojamientos rurales es amplia. En estas montañas cercanas, donde se extinguieron en el siglo XVIII los últimos osos del sureste español, es posible enlazar decenas de rutas verdes que discurren a lo largo de cientos de kilómetros por pistas forestales y viejas sendas de arrieros.

Una primera aproximación a este vasto territorio, descartado de momento el masificado paraje de los Chorros, puede ser la ascensión al Calar del Mundo, una inmensa mesa caliza que ronda los 1.700 metros de altura en su cota máxima. Nos enfrentamos a un paisaje duro y extremo, solitario y grandioso, que es en realidad una enorme esponja almacenadora de agua que se derrama espectacularmente por la Cueva de los Chorros,  dando vida al río Mundo.

Nuestro punto de partida es el cruce de Mesones, a 5,8 kilómetros de Riópar. Desde aquí arranca una pista forestal que se interna en el macizo, paralela al arroyo de la Celada. En un par de kilómetros de ascenso suave llegamos hasta la Fuente de la Guitarra, en un entorno húmedo dominado por la vegetación de ribera. Trescientos metros más allá de la fuente la pista se divide: nosotros cogemos el ramal de la izquierda, siempre cuesta arriba. Pasamos junto al cortijo de Segundo después de cruzar una valla que corta el camino y que impide el paso del ganado –no hay candado: basta con correr el pestillo y dejarla cerrada a nuestras espaldas–.

La pista comienza a empinarse y cambia de sentido cada 200 metros, lo que nos permite disfrutar de diferentes perspectivas de la sierra. Sobre los 1.500 metros empezamos a ver arces y robles, antes de llegar a lo alto del Calar, donde dominan el enebro, el rosal silvestre y el espino albar.

Desde la pista, ya muy pedregosa, se divisa la cumbre del Argel –1.694 m.– en dirección noroeste, pero nosotros continuamos por el camino principal, en ocasiones en duro sube y baja, buscando el altiplano. Podemos dar por concluida nuestra ruta en el paraje conocido como el Pozo de la Bomba, cerca ya del borde del Calar. Para bajar tenemos dos opciones:

1. Retroceder sobre nuestros pasos por el mismo camino de subida (la más segura).

2. Retroceder sobre nuestros pasos unos trescientos metros para coger una senda que se desvía a la izquierda y que nos permite bajar hasta Riópar (caeremos sobre la piscifactoría que hay a las afueras del pueblo). Si hemos subido en bici, tendremos que hacer casi todo el descenso con ella al hombro.

Importante: este recorrido nos va a llevar, en unos diez kilómetros, desde la carretera hasta el altiplano por una pista muy empinada. Se puede hacer en bicicleta –sólo si estamos muy en forma– o andando. En cualquier caso, hay que echar  comida y agua en la mochila, salir temprano y calcular el tiempo para estar de regreso antes de que se haga de noche. En invierno, mejor ni intentarlo por la presencia de nieve y placas de hielo.

(Publicado en 'La Verdad' el 11 de enero de 2008)
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