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Cartagena y La Unión
Un refugio junto al mar
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Grupos de gaviotas alzan el vuelo en las Salinas del Rasall. Al fondo, la silueta del Cabezo de la Fuente completa la estampa otoñal.

Las aves acuáticas comienzan a llegar a las Salinas del Rasall para pasar la invernada

Los ecosistemas acuáticos de la Región comienzan a recibir a sus huéspedes otoñales: las aves que vienen del norte para pasar la invernada en la franja costera mediterránea aprovechando las temperaturas suaves y la abundancia de alimento en los limos de sus charcas.

Por eso Calblanque es ahora mismo un espectáculo: bajo el cielo plomizo de estos días de lluvia refulge el espejo líquido de las Salinas del Rasall, donde se concentran centenares de gaviotas, cigüeñuelas, avocetas, charrancitos, chorlitejos y demás familia.

Una incursión en el entorno de las salinas es una buena propuesta para este fin de semana, que se presenta tormentoso. El recorrido es además completamente llano y podemos alargarlo o cortarlo a nuestro gusto, puesto que nuestro objetivo es contemplar las aves acuáticas que descansan y se alimentan en las charcas. Un único pero: hay mosquitos.

Grandes nubes de molestísimos mosquitos. No es muy común que haya tantos mosquitos en Calblanque en esta época del año, pero las altas temperaturas se han extendido tanto que las larvas han eclosionado fuera de su ciclo natural. Así que se hace imprescindible embadurnarse con loción antimosquitos y llevar manga larga.

De la vía rápida de La Manga a las salinas hay diez minutos en coche: tomamos la pista de tierra –señalizada–, y en el primer cruce de caminos –también señalizado– nos desviamos a la izquierda, hasta una zona de aparcamiento.

Desde aquí podemos caminar alrededor de las grandes charcas salineras por unos caminos de servicio que nos facilitan el acceso a los observatorios de aves, y por donde conviene guardar silencio para no molestar a la fauna.

Una vez dentro de la caseta de madera, podremos entregarnos tranquilamente a nuestro ejercicio de voyeurismo naturalista: ver sin ser vistos. Una guía de aves será de gran ayuda para aclararnos entre las diferentes especies que comienzan a adueñarse de las salinas.

Y si queremos estirar las piernas, las sendas de Calblanque ofrecen en otoño una cara distinta del parque regional. Es especialmente recomendable perderse entre los grandes palmitos, que,  casi a modo de dehesa, crecen en los llanos que se extienden detrás de las salinas.

(Publicado en 'La Verdad' el 24 de octubre de 2008)
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