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Madroños y rapaces en la Sierra de Salinas
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Excursión circular de cinco kilómetros en una isla vegetal que Yecla comparte con cuatro municipios alicantinos

El Altiplano nos proporciona otra mirada: da la impresión de que todo está un poco más solo en unos paisajes que parecen estar lejos de cualquier parte. Eso le pasa a la Sierra de Salinas, un espacio natural de más de 4.000 hectáreas que comparten Yecla y los municipios alicantinos de Pinoso, Villena, Salinas y Monóvar. Desde sus miradores hay vistas despejadas de las sierras del Buey y del Carche, y a lo lejos se avistan montañas melladas por las canteras y extensos cultivos de viñedo.

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El misterio del Arabilejo
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El significado del conjunto de cazoletas y petroglifos excavados en el yacimiento yeclano aún es una incógnita para los expertos

Menos mal que aún podemos transitar por la vida con un poco de misterio; que no todo está resuelto, vaya, que todavía hay cuestiones que desconocemos, incluso ahora que Google y la Wikipedia tienen respuestas para todas las preguntas. En Yecla, a dos pasos de la frontera con Castilla-La Mancha, en una de las esquinas más frías y solitarias de la Región, permanece sin solucionar un enigma milenario grabado en la piedra del Cerro del Arabilejo durante la Edad del Bronce Medio –hacia el II milenio a. C.–.

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Cuando en Yecla pastaban los toros salvajes
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Las pinturas rupestres del Monte Arabí revelan la existencia de una ‘sabana’ en el Altiplano

El Monte Arabí es un imán que obliga a volver una y otra vez. No es fácil llegar hasta aquí –15 kilómetros al norte de Yecla, 1.067 metros sobre el nivel del mar–, pero una vez que uno ha recorrido su silueta, sella un pacto con este lugar mágico. Y regresa, claro. Una vez y otra.

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Monte Arabí: el oasis lejano
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Recorrido por el perímetro de una isla vegetal que guarda en Yecla valiosas pinturas rupestres

El Monte Arabí es un milagro lejano, una isla vegetal sacudida por una impronta de misterio donde la huella del hombre se remonta a unos 10.000 años atrás. Es un lugar sagrado para los yeclanos, que con sus protestas pudieron evitar que la montaña se vendiera en pedacitos a los países nórdicos, donde necesitaban con urgencia materiales de construcción que no se agrietaran incluso a 20 grados bajo cero. Y la roca del Monte Arabí aguantaba. El Ayuntamiento compró por fin la finca a la familia propietaria y puso a salvo para siempre el yacimiento arqueológico del Arabilejo y las pinturas rupestres de los abrigos Cantos de Visera I y II.