Águilas y Parque Regional de Cope-Calnegre
La playa de las golondrinas
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La playa de Cala Blanca, una media luna perfecta abierta al mar. Al fondo, el Lomo de Bas.

Dos formas de llegar a Cala Blanca: por la costa y por una pista asfaltada que amenaza su tranquilidad  

Hágame caso: un día en Cala Blanca es un bálsamo para los nervios, un luminoso relajante muscular que aportará un brillo optimista y misterioso a su mirada. Sus compañeros de trabajo se preguntarán el motivo de su cara de lelo feliz pese a la manía que –lo saben– le tiene su jefe, y de que a su equipo se le escapa la Liga. Sólo usted sabrá la causa: porque estuvo en Cala Blanca. Y seguramente guardará el secreto.

Esta playa, en el sentenciado parque regional de Cope-Calnegre, es una Arcadia feliz para iniciados, una media luna caliza abierta al mar en forma de anfiteatro donde era posible darse un baño en solitario en pleno mes de agosto.

¿Era? Efectivamente, porque el Ayuntamiento de Lorca tuvo la ocurrencia de asfaltar la pista que conduce a la cala desde El Cantar, con lo cual podría cumplirse la ecuación nefasta que dice así: playa + carretera = bañistas en coches y motos; bañistas en coches y motos = basuras que no se recogen y música a todo trapo en potentes equipos de música a los que nunca se les acaban las pilas.

A ver lo que duran las cuevas excavadas en la roca, que fueron refugio de pescadores y pastores, o lo que tardan en emigrar las golondrinas y las palomas que anidan en el frente calizo. Después de toda una vida accediendo a la playa por el pedregoso camino que recorre la costa desde la torre de Cope, cuando uno llega ahora cómodamente por carretera siente que no se merece del todo disfrutar de un lugar así.

En fin. Cada cual es cada cual.

(Publicado en 'La Verdad' el 8 de junio de 2007)
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